Con el apoyo del Grupo Argos

Cinco ideas para proteger la biodiversidad

La protección de Cabo Manglares y los intentos para evitar la extinción del oso andino, son buenos ejemplos de cómo el sector privado, las autoridades ambientales y organizaciones internacionales pueden trabajar junto a las comunidades para salvar los ecosistemas colombianos.

Leyenda/ Credito

MÁS ÁREAS PROTEGIDAS

Hace un mes el país estrenó un área protegida: Cabo Manglares. Un ecosistema en el Pacífico colombiano con bosques inundables, lleno de peces y aves en búsqueda de alimento y descanso, con playas que anidan en tortugas y bancos de piangua. Sus habitantes desde hace años querían proteger esa extensión de 190.282 hectáreas bajo la figura de resguardo de la biodiversidad. Lo lograron.

Consiguieron que el lugar, ubicado en Nariño, fuera bautizado Distrito de Manejo Integrado Cabo Manglares Bajo Mira y Frontera Pacífico Sur. Ese título se labró por años a manos de la comunidad y Parques Nacionales Naturales, apoyados por una alianza público privada para la Conservación de la Biodiversidad, el Territorio y la Cultura. Un trabajo del Grupo Argos, la Fundación Mario Santo Domingo en compañía del Ministerio de Ambiente y expertos de Invemar, WWF y WCS. Los primeros, con un aporte económico; los segundos, con apoyo técnico.

Esa misma alianza, enfocada en que las comunidades aprovechen de manera sostenible sus recursos, planea proteger otras ocho zonas del país. Una suma de hectáreas que llegaría a los dos millones, un total con el que el país cumpliría su promesa ante la comunidad internacional en el convenio de Diversidad Biológica.

OSO ANDINO, UN SÍMBOLO DE LA BIODIVERSIDAD

Su existencia pende de un hilo. El oso andino, el único de Colombia, es considerado una especie vulnerable. Es decir, que el peligro de que se extinga está a la vuelta de la esquina debido a la pérdida de bosque, que rompe sus caminos, y los cazadores que van tras ellos y sus crías.
Esas fueron las mayores amenazas que encontraron el Grupo Argos, Parques Nacionales, WCF, Smurfit Kappa y la CAR del Valle del Cauca al analizar cómo vivía este animal en Colombia. Cuáles eran sus rutas, sus comportamientos, sus dietas y cómo lo percibían las comunidades de los alrededores. De esa alianza salió un plan para salvar esta especie.
Primero, proteger el corredor ecológico que acostumbra, un camino de 11.000 kilómetros cuadrados sobre la cordillera Occidental. Específicamente entre los Parques Nacionales de Tatamá, Munchique y Farallones. Luego, un plan de conservación desde las comunidades, porque muchas de ellas lo ven con malos ojos, como un peligro para sus cultivos y sus familias.
Así que la tarea, encargada a un equipo de 15 biólogos, sociólogos, educadores ambientales y hasta economistas, fue animar a los habitantes a hacer acuerdos de conservación. Pactaron tratos con apoyo económico, para que mejoren sus prácticas productivas y no afecten el hábitat del oso. Buscaban concientizarlos de la importancia de esta especie. De esa manera empezaron a trabajar en el municipio de El Tambo (Cauca) y en Águila y Dagua, ambos del Valle del Cauca.

SAVIA BOTÁNICA

Desde hace cinco años, el Grupo Argos se propuso hacer un inventario botánico del país. Quisieron documentar las especies de flora a nivel nacional y luego ordenarlas en una colección de libros, con ilustraciones y fotografías que animaran a leer. Esos libros son el diario de viajes de botánicos, periodistas y fotógrafos después de recorrer la Orinoquia, el Caribe, el Pacífico, la región Amazónica y la Andina.
La colección, que ahora suma cinco ejemplares, ha sido distribuida de manera gratuita en más de mil bibliotecas públicas del país, en centros de documentación, jardines botánicos, colegios y universidades. Son más de 10.000 libros de “Savia Botánica” para que los colombianos descubran la biodiversidad nacional.

FONDO DE AGUA DE CARTAGENA

El agua que abastece al millón de habitantes de Cartagena proviene del Canal del Dique, específicamente del sistema lagunar Juan Gómez Dolores. Por ese mismo camino, donde corre el río Magdalena, llegan sedimentos, vertimientos, basura y otros contaminantes que han afectado la calidad del recurso hídrico de la ciudad. Ese es uno de los mayores dolores de cabeza de la región: ¿Cómo limpiar el agua si el proceso de saneamiento ya no basta?
Para lograrlo fundaron el Fondo de Agua de Cartagena, una iniciativa del Grupo Argos, la Fundación Promotora Canal del Dique, la Alcaldía, Cardique, The Nature Conservancy, la Cámara de Comercio de la ciudad y Aguas de Cartagena, entre otros.
Su misión es conservar ese reservorio de agua, el de Juan Gómez-Dolores, cubierto por manglares. Es considerado el tercer ecosistema de manglar más importante del Caribe colombiano y la casa de una gran cantidad de especies de fauna acuática y terrestre.
Para eso el Fondo ha tocado las puertas de los habitantes de Correa, Boca Cerrada, Puerto Badel y Rocha, cuatro corregimientos que rodean el sistema lagunar. La estrategia ha sido mejorar la forma en que manejan el agua y la manera cómo pescan allí, que es una de las principales actividades económicas de la región. La meta es que sus prácticas sean más sostenibles.
En esa búsqueda, la alianza creó un espacio de educación ambiental, un vivero de mangle con una capacidad de hasta de 20.000 plántulas donde se dan talleres. Hasta 60 familias de estos corregimientos han participado en ellos, aprendiendo sobre ostras y aviturismo como una alternativa para sus ingresos.

CUENCAVERDE

Hay otro Fondo de Agua en Medellín apoyado por el Grupo Argos. Esta es una alianza con más empresas que busca conservar las fuentes hídricas del Valle de Aburrá. En especial la represa de Riogrande, la que aporta más agua a la capital antioqueña, y la represa de La Fe, en el oriente del departamento.
Sus problemas se resumen en el desgaste de las cuencas, en el uso que los pobladores les han dado a sus tierras utilizadas para ganadería y agricultura, ambas actividades en las que tienen que deforestar.
Por eso empezaron una campaña de reforestación y de acuerdos para que los mismos campesinos conserven las fuentes hídricas y los ecosistemas de alrededor. Un total de 443,5 hectáreas acordadas en 57 tratos con la comunidad. En ellos se cuidarán 90 nacimientos de agua y hasta 29 kilómetros lineales de ribera.

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