Colillas, un problemota ambiental

Al año se arrojan en Bogotá casi 95 millones de colillas. Cada colilla carga unos 4.000 químicos y 50 de ellos son cancerígenos. El problema comienza cuando llegan a fuentes hídricas.

Al lado de los millones de llantas inservibles, de la tala y quema indiscriminada de ecosistemas como la Ciénaga Grande de Santa Marta y del vertimiento de litros y litros de mercurio a los ríos del país, para no hablar del cambio climático, las colillas de los cigarrillos arrojadas a las calles parecen un problema ambiental insignificante… hasta que a alguien se le ocurre contarlas y analizar qué arrastran consigo.

William Lozano-Rivas, Rommel Bonilla y Alexandra Salinas, investigadores de la Universidad Piloto, diseñaron un estudio para tratar de medir la dimensión del problema que podrían estar causando los entre 5 y 9 millones (no hay certeza sobre la cifras) de colombianos que son fumadores y arrojan la colilla de sus cigarrillos a vías y andenes.

El experimento se limitó a los bares y discotecas de Bogotá. Luego de seleccionar de forma aleatoria una muestra entre las 27 zonas de bares y discotecas de la ciudad, programaron conteos de colillas de martes a sábado, desde la tarde hasta la madrugada. Estos conteos se realizaban cada dos horas.

Los resultados del trabajo, publicados en el International Journal of Research Studies in Science, Engineering and Technology, dejan claro el tamaño del problema: al año se arrojan en Bogotá casi 95 millones de colillas, con un peso de 16 toneladas, a vías y andenes de las zonas de bares y discotecas, lo cual representa un pequeño porcentaje, entre 13 y el 19%, de los cigarrillos que se consumen en la ciudad.

Pero ese es apenas el principio del problema: tan sólo un poco más de basura entre las 6.500 toneladas que genera Bogotá cada día o los 10’037.500 que acumula Colombia en un año. La verdadera preocupación ambiental está en lo que arrastran estas colillas consigo hacia ríos, quebradas y lagos.

En la década de 1950 surgió la idea en la industria tabacalera de adosar un filtro a la punta de los cigarrillos. Este filtro, que primero se fabricaba con algodón y posteriormente con fibras de acetato de celulosa, se encuentra envuelto en papel hidrofugado. “Buena parte de los fungicidas, herbicidas, insecticidas y pesticidas que se emplean en el cultivo, proceso y manufactura de los cigarrillos, además del humo y el material particulado derivado de la combustión del cigarrillo, son atrapados por el filtro y el tabaco remanente en la colilla de los cigarrillos”, explican los investigadores colombianos.

Diversos análisis señalan que los cigarrillos contienen más de 4.000 químicos y al menos 50 de ellos son cancerígenos (cianuro de hidrógeno, nitratos, amonio, acetaldehído, formaldehído, benceno, fenoles, piridinas y monóxido de carbono).

Conclusión: las colillas son una trampa de sustancias tóxicas que pueden tener graves impactos en las fuentes hídricas. En una segunda fase del estudio, los investigadores de la Universidad Piloto tomaron una muestra de colillas y las sometieron a un proceso de lixiviación (lavado) para medir las sustancias tóxicas que pueden mezclarse con el agua.

Este fue el resultado: “en 1 litro de agua, 100 colillas son capaces de aportar, al cabo de 1 hora, cerca de 6.000 mg/L de demanda química de oxígeno, 300 ppb de cadmio y 10 ppb de arsénico”. Para entender mejor estas cifras, William Lozano, ingeniero ambiental y líder del trabajo, explica que las aguas residuales de una casa aportan unos 500 mg/L de demanda química de oxígeno. Es decir, la contaminación de colillas puede ser 12 veces mayor de acuerdo a este indicador.

“Es incuestionable que estas cargas contaminantes, en caso de alcanzar la red de alcantarillado sanitario y combinado hasta llegar a la planta de tratamiento de aguas residuales, significarán una mayor complejidad en los procesos y operaciones de tratamiento, una alteración de los procesos biológicos y un incremento significativo en los costos asociados a la operación de las depuradoras”, explicaron los investigadores.

“Esta era una consecuencia obvia de la Ley Antitabaco que expulsó a los fumadores a la calle. La idea ahora es exigir una modificación en la ley y que se exija a bares y establecimientos públicos la instalación de contenedores para este tipo de basura”, comentó Lozano.