Colombia deberá decirles adiós a los compradores de carbón

Más de veinte países anunciaron en la Cumbre del Clima, en Bonn, Alemania, que dejarán de usar este mineral como combustible para generar energía eléctrica. La idea es que el 80 % de las reservas globales se queden bajo tierra.

Del total de carbón que se extrae en Colombia, el 95 % se exporta. / Archivo El Espectador

Si no habían sido suficientes las señales para convencernos de la necesidad de diversificar la economía del país, terminaremos obligados a hacerlo a la fuerza por la falta de mercado. El anuncio de hoy incluye a los principales compradores de carbón colombiano: Holanda, Portugal, Italia, Francia, Reino Unido y Chile, entre otros, que combinados representaron alrededor del 35 % del mercado para Colombia en el 2016.

Esta señal política es el reflejo de la dirección de la economía. El futuro del carbón está saldado: está llamado a quedarse bajo la superficie, pues sus consecuencias nocivas para la salud y la atmósfera superan con creces los beneficios que puede generar. Alemania, donde se produjo el anuncio, se encuentra en plena negociación para conformar una coalición de gobierno, donde uno de los temas centrales es el carbón. No sobre si continuará aumentando su uso, sino sobre cuántas de las plantas de generación eléctrica a carbón del país serán cerradas y cuál será el año de su descarbonización completa.

Los análisis recientes calculan que para 2030 el carbón deberá desaparecer de la matriz energética de los países de la OCDE, y del mundo entero para 2050, si se quiere cumplir con las metas del Acuerdo de París. Se trata de una transición rápida y necesaria dada la alta contaminación que produce la quema de este combustible fósil, una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero (produce el 45 % de las emisiones relacionadas con el sector de energía), responsable de más de 800.000 muertes al año en el mundo directamente asociadas a la polución que genera.

La Agencia Internacional de Energía se ha visto obligada a modificar sus predicciones en los últimos años. Tras el descenso drástico de la demanda en China, que representa casi la mitad del consumo global de carbón, la Agencia estima que probablemente nunca vuelva a aumentar y tras el 2020 empiece el declive definitivo hacia la desaparición total.

Según un estudio publicado en la revista Nature, 80 % de las reservas de carbón a nivel global deberán quedarse bajo tierra para que logremos cumplir con las metas del Acuerdo de París. Para Centro y Suramérica, sólo el 17 % del carbón disponible podrá extraerse, si queremos tener un angustioso 50 % de probabilidades de evitar un aumento de temperatura superior a los 2 °C, nivel incluso peligroso y con impactos inciertos para el desarrollo global. En palabras de la ministra para el Medio Ambiente de Canadá, en Bonn: “El mundo avanzó, el mercado avanzó, el carbón no volverá”.

A Colombia le llegó la hora de tomarse en serio el asunto de planear un futuro sin carbón. Las briquetas de este mineral representaron cerca del 13 % de las exportaciones del país en 2016. En valores constantes de 2005, el PIB del sector carbonero está alrededor de los $7,2 billones, que equivalen al 1,34 % del PIB nacional. Del total de carbón que se extrae en Colombia, el 95 % se exporta.

Sin embargo, la crónica de la muerte anunciada del carbón en el mundo no es una tragedia. La transición puede ser positiva y justa para quienes hoy dependen de esa industria. Es la oportunidad de innovar e invertir en la economía del futuro, renovable y limpia. La inversión en renovables en 2015 y 2016 rompió récords a nivel global. Bloomberg calcula que al 2040, el 72 % de las inversiones en el sector energía irán a renovables (unos US$7 billones). Cada año, el aumento de la inversión en este sector de la economía limpia es de cerca de US$400.000 millones. La Agencia para la Energía Renovable (Irena) calcula que al 2030 el sector de las renovables habrá creado unos 24 millones de empleos.

Impulsar el crecimiento de otros sectores de la economía y salir del de crecimiento basado en la venta de materias primas sujetas a la alta volatilidad de los precios internacionales es el camino a tomar. Por eso, excluir el carbón del recientemente creado impuesto al carbono nos priva de un recaudo que bien podríamos invertir en la creación de incentivos para otros sectores que prometen ser el motor económico del siglo XXI para Colombia: la exportación de energía limpia, el turismo sostenible o la producción agrícola sostenible de alta calidad, entre otros, construyendo sobre la estrategia de crecimiento verde del país. Según el análisis sobre la complejidad económica de MIT, Colombia presenta ventaja comparativa en 138 productos en diferentes sectores, varios de los cuales podrían ser impulsados como productos sostenibles que potencien las exportaciones.

Quienes subestiman el valor de las señales políticas que resultan de los tratados internacionales, como el Acuerdo de París, desconocen la relación inseparable entre la política y la economía. Difícilmente se habría logrado este avance significativo y positivo en la modernización de la producción de energía de no ser por el momentum político que creó el Acuerdo de París hace dos años. Las soluciones económicas son necesarias y los impuestos a los combustibles fósiles una herramienta excelente, que difícilmente sería aceptada por gobiernos y élites políticas en ausencia de señales inequívocas de la dirección en la que se mueve la comunidad internacional, como el Acuerdo de París.

* Directora de visión de Transforma, organización dedicada a hacer realidad el desarrollo sostenible.