Colombia, a un paso de volver a consumir chigüiro

Después de un proceso de diez años, el Minsalud reglamentó el tema sanitario y solo hace falta que el Minambiente dé el aval.

Fotografía tomada durante la sequía de marzo de 2014.

Hace dos años el país conoció unas imágenes que alarmaron a todos los colombianos. Eran varios videos que mostraban cómo los ríos de Casanare se estaban secando y cómo sus animales se estaban muriendo de sed. Las tomas de vacas flacas, babillas inmóviles y chigüiros chapaleando en el lodo, crearon una conmoción que desembocó en una intensa búsqueda de culpables.

Pero más allá de los señalamientos, lo que entonces quedó claro es que el país le había estado dando la espalda a este departamento, especialmente en términos de investigación. Nadie tenía claridad sobre sus suelos ni sobre los ciclos climatológicos. Y eso sucedía, en parte, porque las regalías que en algún momento debieron destinarse para ello, se habían embolatado en manos de políticos. O eso, al menos, era lo que aseguraban los pobladores y autoridades de ese municipio llamado Paz de Ariporo. De allí provenían las imágenes de tierras resecas y animales andando kilómetros en búsqueda de agua.

A la par que empezaba a ser evidente esa realidad, un nuevo escenario salía a flote: para muchos, la muerte de 6.000 chigüiros a causa de la sequía no era el primer paso para la extinción de esta especie como querían hacer ver algunos. De hecho, detrás de ese escándalo quedó clara una verdad ineludible: parafraseando a Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, para los colombianos la forma como opera la biodiversidad es una sorpresa porque los referentes de la naturaleza siempre han sido televisivos.

En términos más concretos, la muerte de esos roedores inmensos no era una extrañeza en Casanare. Más bien, como dijeron algunos ganaderos, para ellos hacía parte de una plaga difícil de controlar: le robaban el agua al ganado y podrían ser los culpables de la diarrea negra que contraían las vacas, pues los chigüiros suelen defecar en los abrevaderos. Además, por año pueden tener máximo dos partos, cada uno con cuatro, seis y hasta ocho crías. El asunto sería distinto, aseguraban, si el Gobierno volviera a permitir el consumo de su carne. Y hoy, después de 24 meses, les hicieron caso: Colombia está a un paso de volver a regularlo.

La mejor muestra es que hace un par de semanas el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, firmó una resolución que llevaba engavetada unos siete años. En ella deja claro cuáles serán los requisitos sanitarios de la carne de chigüiro, destinada para el consumo humano y las disposiciones para su beneficio, desposte, almacenamiento, comercialización, expendio, transporte, importación o exportación.

De ahora en adelante Corporinioquia puede empezar a estudiar el otorgamiento de licencias para quienes cuenten con poblaciones representativas de chigüiros dentro de sus predios. La idea es que pueda haber aprovechamiento sostenible de la especie por medio de la caza comercial.

“Eso quiere decir que, dependiendo de la cantidad de ejemplares que haya dentro de los predios, el dueño puede pedir una licencia para caza comercial que fluctúa entre un 10% y 30% del total de la población. La medida hará que los ganaderos vean con otros ojos a estos animales, que eran una competencia para las vacas. Ahora, van a cuidar de ellos. El único beneficiado va a ser el medio ambiente”, cuenta Saulo Orduz, zootecnista del área de Fauna de Corporinoquia.

Y aunque ya la resolución en la que se deben detallar los asuntos sanitarios quedó lista, aún hacen falta un par de pasos más: primero, que el Ministerio de Ambiente defina el cupo global (es decir cuántos ejemplares se podrían aprovechar en la región); segundo, que el Invima aclare todo lo concerniente las reglas que deberán cumplir los mataderos, y tercero, que el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) especifique cuáles serán los requerimientos en la parte sanitaria primaria. Eso quiere decir, como explica Orduz, que aproximadamente en un año, los colombianos verán de nuevo carne de chigüiro en los restaurantes, y no la carne de cerdo que muchos “vivos” hacen pasar por chigüiro.

Ahora, la pregunta que queda en el aire es si Corporinoquia tiene la capacidad para vigilar esa producción y comercialización para evitar que haya sobre explotación. Orduz dice que sí: “la licencia se otorgará basada en un estudio de impacto ambiental y habrá permanente control. La licencia se dará por cinco años y cada año se renueva un cupo de aprovechamiento. Es decir, que si en el predio hay 50 mil chigüiros, solo se pueden aprovechar 5.000. Y si en algún momento observamos que la población fue mermada, se cancela ese cupo. Además, también deben tramitar un salvoconducto de movilización. En Bogotá se creará una mesa técnica del Minsalud, Corporinoquia, Minambiente, Minagricultura y la U. Nacional que analizará el tema. La idea es incluir a los usuarios en esa cadena”.

De cumplirse esas reglas, el país volverá a comercializar aquella carne que, justamente, es muy apetecida en época de Semana Santa, sobre todo en algunos lugares de Venezuela. A ese país Colombia exportaba entre 120.000 y 150.000 chigüiros al año, después de que en 1987 el Inderena aprobó su comercialización. Incluso, las pieles de estos roedores han resultado valiosas en el mercado internacional. En un estudio de 2006 el Instituto Humboldt asegura que Argentina recibió en 2003 US$59 millones por exportar esa piel. En 2002, obtuvo US$98,6 millones.
 

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