Colombianos, campeones en protestas ambientales por internet

En lo que va de 2016 se han registrado en el mundo cerca de 400 peticiones a favor del medioambiente en la plataforma en línea Change.org. El 10 % de ellas están relacionadas con problemas en Colombia.

La noticia sobre una licencia otorgada por el Gobierno para la explotación de petróleo en La Macarena, cerca de Caño Cristales, se regó por la red como una mancha de aceite en el agua. Millones de colombianos expresaron su molestia en redes sociales. En la plataforma Change.org, que permite la recolección de firmas para apoyar causas de todos los colores y sabores, rápidamente surgió una petición dirigida al gobierno colombiano para que le pusiera freno a esa licencia ambiental.

El 19 de abril de este año, gran parte de los colombianos celebró la decisión del Gobierno de revocar la licencia petrolera en La Macarena. Cuando el presidente Santos le pidió al ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, que buscara la forma de reversar la decisión, en Change.org ya habían sido recolectadas 40.000 firmas. Colombia, dicen las directivas de esta plataforma, es uno de los países más activos en el uso de este método para poner presión política e intentar resolver problemas ambientales.

Más de 400 peticiones se han creado en internet en busca de soluciones ambientales en el planeta en 2016. Sólo en Colombia, este año se han creado cerca de 40 por esa misma razón. Aunque países con mayor población, como México y Brasil, suman más iniciativas, Colombia se destaca porque muchas de ellas han tenido un final feliz.

“Paremos la desviación del arroyo Bruno en La Guajira, Colombia” cuenta con 18.454 firmas y el “Proyecto de ley para prohibir el uso del asbesto” ronda las 25.000. “Suspendan las fumigaciones con glifosato y otros químicos dañinos”, alcanzó una cifra similar: 25.009.

Y aunque la gran mayoría de ellas se han enfocado en temas que han sido polémicos en la prensa, como la protección de la Reserva Van der Hammen en Bogotá o evitar la explotación petrolera en la zona de La Macarena, hay otras peticiones mucho menos ambiciosas, pero con igual o mayor impacto dentro de una comunidad.

Una de ellas fue “Detengan el proyecto de embutidos con carne de zarigüeya”. Otra la que impulsó el caleño Juan Pablo Giraldo, un ingeniero industrial de 59 años y amante de los árboles. En febrero del año pasado, Giraldo lideró una petición para solicitar una mayor vigilancia en el cerro de La Bandera en Cali, pues la zona estaba siendo víctima de la tala indiscriminada de árboles y a su vez se estaba viendo afectada por los efectos negativos de la minería ilegal de carbón y la fumigación.

“Nuestro cerro es el hogar de 25 especies de aves, mamíferos y por los menos más de 10 especies de árboles. Con ese propósito invito a los caleños a unirnos para salvar el cerro de La Bandera, ya que se han estado realizando talas y fumigación sin control por parte de algunos propietarios, causando cárcavas en su superficie, acabando con las arvenses del suelo”, decía la petición de Giraldo por internet.

Con la petición, en línea desde febrero, cada vez que alguien firmaba se enviaba un correo electrónico al director de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Rubén Darío Materón; a la directora del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), María del Mar Pozo, y al entonces alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero. Es decir, durante seis meses estas tres personas recibieron alrededor de 5.000 correos electrónicos que les notificaban que algo estaba pasando.

“Si uno va particularmente, los que toman las decisiones no le paran bolas, pero cuando uno llega con una petición soportada en una página como estas, ahí sí lo escuchan. Creo yo que por miedo a que se vuelva viral”, dice Juan Pablo Giraldo.

Pero las peticiones no son sólo una base de datos. Change.org, además de funcionar como una página de firmas digitales, permite que los “seguidores” participen de manera activa en lo que está pasando con la iniciativa, proponiendo ideas o difundiendo la información. Del mismo modo, el líder de la propuesta tiene la obligación de mantenerlos informados y actualizar cada tanto los avances que la propuesta vaya obteniendo.

Finalmente, y luego de casi un año, la petición logró su cometido. Las autoridades se comprometieron a vigilar y proteger el cerro de cualquier daño ambiental. “Hoy en día tenemos 7.000 árboles más y una vigilancia que ya no partió de la CVC sino que viene del Dagma. Esa vigilancia se dio posteriormente a nuestra petición”, concluye Giraldo.

Es decir, lo que no lograron 25 tutelas lo hicieron cerca de 5.000 firmas digitales.

Una herramienta para el cambio

Desde su nacimiento en el 2006, el crecimiento de Change.org ha sido inmenso. Hoy cuenta con cerca de 178 millones de usuarios en el mundo y es una de las mil páginas más visitadas en internet. Poco a poco, esta plataforma se ha convertido en una red con tal peso que alguien de Arica, en Chile, pudo alzar su voz junto con cerca de 40.000 personas que firmaron la petición para evitar la explotación petrolera en La Macarena.

Victoria Emanuelli es la directora asociada para Latinoamérica de Change.org y explica que el éxito de la página radica en la interacción, un concepto clave en la internet de hoy, pues, según ella, “además de ser un lugar donde la gente puede alzar su voz de protesta, puede contribuir activamente al cambio”.

Change.org llegó a Latinoamérica en el año 2013, cuando se instalaron por primera vez equipos locales en esta parte del planeta. Hoy, la plataforma ofrece soporte a 18 países de la región desde dos sedes, una ubicada en México y la otra en Argentina.

Para Emanuelli, el sello distintivo de Change.org es el acompañamiento a los usuarios. Todos los días, un equipo de al menos diez personas evalúa los casos que suben los latinoamericanos, contactan a quienes lo hicieron y ayudan a estructurarlos mejor, pues a veces las propuestas tienden a ser muy generales.

“Lo que buscamos es que la propuesta quede lo más clara posible y real posible”. Por esa razón, el equipo de Change.org evalúa, clasifica y les ofrece a los líderes la posibilidad de mejorar su propuesta, porque, según Emanuelli, “lo que buscamos no es una petición repleta de likes y compartidos, sino lograr que los tomadores de decisiones nos escuchen”.

 

 

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