Confirmado: el cambio climático sí aumentó intensidad de Irma, Katrina y María

En relación con las condiciones preindustriales, el cambio climático hasta el momento ha aumentado la precipitación media y extrema de los huracanes Katrina, Irma y María”, relató una investigación publicada en Nature.

En la temporada de huracanes de 2017, los huracanes Irma y María devastaron islas enteras en su paso por el Caribe. Ha sido la peor temporada de los últimos tiempos. AFP / Nasa

Irma, María, Katrina, Harvey, Michael… si bien las últimas temporadas de huracanes han causado estragos en el Atlántico y las costas del sur de Estados Unidos, hasta ahora no ha habido un consenso científico sobre si estos eventos han sido agravados por el calentamiento global causado por los seres humanos. 

Pero una investiagción realizada por los científicos Christina M. Patricola, de la U. de Berkeley (EE.UU) y Michael F. Wehner, de la misma institución educativa, parece haber encontrado una respuesta: los humanos sí somos culpables de que por los menos los huracanes Katrina, Irma y María hubieran alcanzado su fuerza destructora. 

El cambio climático está incrementando la cantidad de lluvia que los huracanes producen, y a medida que el calentamiento aumenta, las tormentas serán cada vez más húmedas y ventosas, concluyó el estudio publicado en Nature

Las investigaciones se basan en modelos matemáticos que incluyen millones de horas de simulaciones en alta resolución de 15 ciclones tropicales en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.

Los modelos de simulación encontraron que el calentamiento en el océano y la atmósfera aumentaron las lluvias entre un 5% y un 10%, aunque las velocidades del viento se mantuvieron prácticamente sin cambios.

“El cambio climático hasta ahora –desde el periodo preindustrial hasta la actualidad– ha contribuido al aumento de las tormentas de los huracanes Katrina, Irma y María”, afirmó la autora principal del estudio, Christina Patricola.  

"Nuestras simulaciones indicaron también que podemos esperar incluso mayores aumentos en las precipitaciones y vientos más fuertes al final del siglo", señaló a la AFP.  

¿Cómo lo hicieron?

Patricola y el coautor del estudio, Michael Wehner, ambos investigadores del departamento norteamericano de Energía del laboratorio Lawrence Berkeley National, comenzaron el estudio por el análisis de tres huracanes: Katrina, Irma y María.

Para ello, usaron lo que Wehner llama "método de atribución de retransmisión" simulando primero el escenario real en el que se produjo la tormenta, y después una tormenta "hipotética" en un mundo sin cambio climático.  

Comparando las diferencias entre los dos modelos, los investigadores fueron capaces de determinar qué elementos son consecuencia del cambio climático.

Encontraron que, en las fechas del Katrina, que devastó varias zonas de Estados Unidos en 2005, el cambio climático provocó un aumento de la tormenta de entre un cuatro y un nueve por ciento.  

En el caso de Irma –una tormenta inmensamente costosa que llegó en 2017–, el incremento de la lluvia fue del seis por ciento, y en el de María –que devastó Puerto Rico ese mismo año–, el aumento fue del nueve por ciento. 

Estos modelos sugieren que el cambio climático aún no había afectado a la velocidad del viento, pero la lluvia puede ser incluso más devastadora, causando inundaciones mortales y enormes daños.

Tormentas más húmedas y ventosas

"Creemos que el cambio climático ha aumentado las precipitaciones porque el océano y la atmósfera han comenzado ya a calentarse, lo que supone que puede contener más humedad", afirmó Patricola.

Los investigadores ampliaron posteriormente su estudio y analizaron un total de 15 ciclones tropicales.

Además de comparar las tormentas actuales con la situación preindustrial, han investigado cómo se desarrollarían bajo diferentes escenarios teóricos de cambio climático, incluyendo diversas subidas de temperatura.  

La conclusión fue que la lluvia podría incrementarse entre un 15 y un 35 por ciento en el futuro, con velocidades de viento que aumentarían hasta los 25 nudos (unos 45 kilómetros horarios). 

El estudio llega después de una temporada de tormentas muy activa, con huracanes y tifones devastadores.

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Sara Hussein (AFP) y Redacción Vivir

Medio Ambiente

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