IV Encuentro de Liderazgos LGBT: A enfrentar el conservadurismo religioso

hace 1 día
BIBO 2019: bienestar humano y biodiversidad

Conservar la naturaleza, una cuestión de supervivencia

Hoy más que en cualquier otro momento de la historia es necesario que replanteemos el impacto que tenemos sobre nuestro único hogar: la Tierra.

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¿Cuántas personas a lo largo de su vida evitan enfrentarse a una ecuación matemática? Tal vez esta pregunta nunca será objeto de estudio de universidades prestigiosas o de estadísticas polémicas que se conviertan en titulares de noticias. Es posible, sin embargo, que la respuesta sea más fácil de lo que pensamos: millones. Las ecuaciones explican las leyes más complejas que rigen el universo, pero su belleza suele ser entendida y estudiada por pocos que, ante los ojos del resto, son seres dotados de una inteligencia superior.

Aun así, muchos de nosotros en algún momento hemos escuchado, aplicado o, simplemente, intentado traducir la famosa ecuación de la energía (E=MC2) que planteó Albert Einsten o la de la circunferencia que nos atormentaba en el colegio, Pi, entre otras. Pero existe una fórmula, incluso más importante, que hemos ignorado durante muchos años: a mayor biodiversidad, más segura está toda la vida en la Tierra. Con un factor determinante: el tiempo para protegerla se agota.

Pero, ¿qué significa biodiversidad? David Attenborough, reconocido naturalista y quien es una voz característica de los documentales sobre naturaleza, lo resume muy bien en la serie Nuestro planeta (Our Planet, en inglés) creada por Netflix, en alianza con WWF y producida por Silverback Films, ya disponible en esta plataforma en todo el mundo.

“Es un término que representa la variedad total de la vida en la Tierra. Una cosa demasiado grande para resumir: cientos de hábitats, millones de especies diferentes, miles de millones de individuos y billones de características distintas que cada uno de ellos tienen”. Hablar de biodiversidad también es hablar de nosotros y, por supuesto, de los beneficios que nos brinda.

Entonces por qué cuando hablamos de naturaleza nadie parece tener claro cuál es la relación directa que tiene con el ser humano, ser consciente de lo mucho que dependemos de ella y, mucho menos, que si no tomamos acciones urgentes para frenar su deterioro no vamos a lograr que el planeta tome un nuevo rumbo en el que nuestra especie esté incluida.

No es exagerado asegurarlo. En marzo de 2018, la firma de consultoría británica Hall & Partners realizó una encuesta digital para WWF en 10 países, uno de ellos fue Colombia. En el país, 1.052 personas respondieron a preguntas sobre biodiversidad, enfocadas en conocimiento y entendimiento, actitud y relevancia, y comportamiento y deseo de hacer algo.

Entre muchos otros, tres resultados llaman la atención. El 87 % de los colombianos encuestados dicen que han escuchado el término biodiversidad y que saben lo que significa, pero solo el 2 % relacionan este término con variedad de seres vivos y hábitats. Cerca de 1/3 reconoce la conexión entre biodiversidad, las necesidades y los recursos. Pocos lo conectan con el sustento.

Nos enfrentamos a tiempos de desinformación ambiental y, lo más preocupante es que en el entretanto, el planeta vive la mayor presión de su historia debido a una sola especie, nosotros. El alcance de nuestros impactos, de nuestro insostenible estilo de vida y sistemas de producción actuales podrían ser responsables de un nuevo evento de extinción masiva, el sexto en la larga historia de la Tierra. Un hecho muy diciente si tenemos en cuenta que el quinto evento sucedió hace 65 millones de años, que resultó en la extinción de los dinosaurios y fue provocado por un meteorito.

Especies amenazadas, ecosistemas devastados, ríos contaminados y océanos llenos de plástico. Hace mucho dejaron de ser imaginarios perfectos para una película de ciencia ficción. Hoy son la realidad. Para mencionar un ejemplo, según el informe “Planeta Vivo 2018”, de WWF, un examen detallado del estado de salud sobre la biodiversidad global, las poblaciones de vertebrados se redujeron en un 60 % en menos de 50 años. Un deterioro que afecta tanto a la naturaleza como a nosotros.

Hoy producimos lo suficiente para alimentar a la población mundial actual, pero 815 millones de personas pasan hambre. Cada vez más enfrentamos fenómenos climáticos extremos, desastres naturales más frecuentes y devastadores. Sequías más prolongadas e inviernos más duros. Pareciera que quisiéramos retarnos a vivir en modo de supervivencia todo el tiempo y estamos llegando al límite.

Los restos están sobre la mesa. Por un lado, entender que la pérdida de la biodiversidad afecta nuestra vida y la seguirá afectando. Por otro, las acciones que tomemos de aquí a dos años deben ser diferentes. Los gobernantes que nos representan deben adquirir compromisos más ambiciosos y urgentes. Como lo explica Manuel Pulgar Vidal, exministro de Medio Ambiente de Perú y actual líder de la práctica de clima y energía de WWF, de aquí a 2020 es necesario reconocer que hemos puesto sobre la mesa esfuerzos importantes, pero no suficientes, y, por lo tanto, deben incrementarse.

“La curva es decreciente, nos muestra todo lo que perdemos, pero también cómo las conductas humanas parecen no verse afectadas. Nos hemos vuelto fríos, duros y ajenos a esta situación. Nos hemos desconectado de la naturaleza y la realidad es que tenemos dos años para tomar decisiones fuertes, mejor pensadas que aseguren nuestra supervivencia, el desarrollo de los países y una verdadera calidad de vida y habitabilidad del planeta. Soy optimista, creo que se han hecho cosas, pero debemos reconocer que no ha sido suficiente”, asegura Manuel.

A medida que se acerca 2020 -denominado como el “Superaño” por organizaciones ambientales alrededor del planeta debido a que se cumplen las metas trazadas por tres de las agendas medioambientales más importantes- se cierra una ventana de acción única y con ella la oportunidad de lograr verdaderas transformaciones en la historia de nuestro planeta.

Una cosa es muy clara, vamos a seguir interviniendo la naturaleza, pero debemos cambiar la manera como lo hacemos. Se trata de dejar atrás esa conducta disruptiva, que llega a interrumpir el funcionamiento, los procesos y a romper el equilibrio natural. La relación que establezcamos de ahora en adelante debe estar condicionada a su sostenibilidad.

Parte del llamado de BIBO durante 2019 y 2020 es que los colombianos entiendan su vínculo con la naturaleza y que empiecen a tomar prontas acciones para revertir el daño que causamos a la naturaleza y que generan un gran impacto en nuestra vida. Por el momento, las dos siguientes entregas harán énfasis en las alarmantes cifras que demuestran la presión que vive nuestro planeta y cómo 2020 será un año definitivo para tomar acciones.

 
 

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