Por: Columnista invitada

COP25: seis medidas para que nuestras acciones tengan justicia climática

Por Astrid Puentes Riaño, Codirectora de Interamerican Association for Environmental Defense (AIDA)

@astridpuentes

La vigésimo quinta Conferencia de las Partes (COP25) de la Convención Marco de las Naciones Unidas, que comenzó hace poco en Madrid, es una reunión vital para el planeta en la que debe primar la ambición y los compromisos dos y tres veces más altos que los actuales si queremos preservar la vida tal como la conocemos hoy.

El panorama no es alentador. Cada día se evidencian mayores daños por la crisis climática, en especial para quienes están en mayor situación de vulnerabilidad. Según el más reciente informe de la Brecha de Emisiones de Naciones Unidas, éstas siguen subiendo y las acciones en curso no son suficientes para alcanzar los resultados necesarios. Y en un evidente debilitamiento político y financiero, países que antes lideraron las acciones climáticas hoy se retiran o se niegan cumplir los acuerdos.

De otro lado, la ola de protestas sociales en América Latina ha evidenciado la urgencia de atender el llamado de la gente, de visibilizar la desigualdad, de hacernos cargo de ella y de construir soluciones y países donde quepamos todos.

En este contexto, una cosa es clara: vamos mal. Por ende, hay que componer el rumbo con cambios profundos tanto en los sistemas de energía, transporte y alimentación como en los procesos de negociación, toma de decisión e implementación de las acciones climáticas. Sin ello no podremos alcanzar lo antes posible el pico máximo de emisiones globales, reducirlas a la mitad para 2030 y alcanzar cero emisiones en 2050.

Sin duda se están haciendo esfuerzos importantes e inversiones billonarias por parte de gobiernos, empresas, organizaciones y personas. Pero no es suficiente. Es esencial hacer un alto y evaluar qué está sirviendo y qué no, qué debemos seguir haciendo y qué deberíamos hacer diferente.

A continuación, comparto seis medidas que podrían ayudar a que las acciones climáticas sean más efectivas y contribuyan a lograr una justicia climática.

1. Incluir, en serio, los derechos humanos como elemento transversal

Aunque ha sido una petición de organizaciones y de movimientos sociales, indígenas y campesinos por décadas, hasta el momento no se cristaliza. Responder a este llamado es vital para aumentar la ambición y la responsabilidad que tanto se requieren. Si bien los acuerdos de Cancún y de París se refieren a la importancia de respetar los derechos humanos, su implementación no ha incluido realmente esta perspectiva. Ello a pesar de que los organismos de derechos humanos les han recordado a los Estados que es su obligación hacerlo y a que la comunidad científica internacional resaltara la importancia de abordar la desigualdad social y de incluir el conocimiento de las comunidades indígenas como elemento fundamental para resolver la crisis climática.

2. Incluir los verdaderos costos de la crisis climática: sociales, económicos, ambientales y humanos

Hasta ahora, la mayoría de las evaluaciones económicas se ha centrado en calcular el costo de la transición a una economía de cero emisiones. Si bien hay algunos cálculos de los que implica no implementar la transición energética, éstos no son integrales, desconociendo el verdadero costo económico. Esto es particularmente importante para regiones como América Latina, que además de sufrir pérdidas humanas y culturales, están perdiendo sus riquezas naturales, sin siquiera conocer lo que esto implica. En todo caso, las y los científicos concluyen que los cambios serán más costosos entre más tiempo demoren.

3. Participación efectiva de las personas y comunidades afectadas en la planeación, discusión, decisión y monitoreo de las acciones climáticas

Los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes, las y los jóvenes, son de los grupos más afectados por la emergencia climática. Además, las comunidades locales han protegido millones de hectáreas de bosques y otras áreas naturales, esenciales para la resiliencia climática. A pesar de ello, aún son muy reducidos los espacios de participación para estos actores y casi nulos los de decisión, en las COP y en otros foros importantes a nivel global. Asegurar que las discusiones y decisiones son realmente diversas es un paso esencial para incrementar la ambición y la efectividad climática. Las comunidades deben ser consideradas como sujetos de derechos, no como objetos de proyectos y acciones de protección.

4. Distribución equitativa de fondos

Vivimos en medio de una inmensa desigualdad, donde la riqueza, la propiedad y los privilegios son de unos pocos, mientras las mayorías cargan con los impactos negativos. La crisis climática es incluso en parte resultado de esa desigualdad. Aunque América Latina es la región más desigual del planeta, la desigualdad esta subestimada, señala la CEPAL. La distribución de recursos económicos y humanos debe hacerse de acuerdo con esta realidad, asegurando que el Sur Global cuente verdaderamente con el financiamiento y las oportunidades para aportar y participar en igualdad de condiciones en las soluciones climáticas. Ello aumentaría la posibilidad de encontrar y replicar soluciones alternativas ya en curso.

5. Rendición de cuentas de los responsables de la crisis climática

Quienes están causando la crisis climática deberían responder por ella, en lugar de seguir gastando millones de dólares en su negación y en atacar a quienes buscan su rendición de cuentas y la justicia climática. Este es uno de los grandes obstáculos para avanzar y, por lo mismo, es tiempo de nombrar a los responsables y de exigirles reparación, de no aceptar más paños de agua tibia y acciones voluntarias ineficaces.

6. Perspectiva femenina, desde el amor maternal

Es necesario rescatar una perspectiva de colaboración, de dialogar en serio para llegar a consensos, asumiendo responsabilidades, por encima de las diferencias y de la competencia. Incluyamos una perspectiva que priorice el cuidado de la Tierra, de la naturaleza y de las personas. Dejemos de poner por encima los intereses económicos y las visiones de corto plazo. Enfoquemos nuestros esfuerzos en acordar como sí podemos alcanzar la justicia climática, saliendo de la negación y de las excusas sobre por qué no se puede.

La COP25 de Madrid es una gran oportunidad de incorporar estas y otras medidas efectivas frente a la emergencia climática. A estas alturas, no hacerlo es un sinsentido que traerá más frustraciones y fracasos, así como acciones cada vez más costosas. No hacerlo será permitir que millones de personas más en el mundo sufran las consecuencias de la crisis climática y de soluciones inadecuadas que afectan sus derechos.

Ante lo innegable de la realidad, ponerles rostros humanos a las soluciones es impostergable.

Si no lo hacemos, cualquier acción que resulte de la Conferencia de las Partes y de otras instancias de discusión y toma de decisiones, se parecerá al emperador del cuento de los Hermanos Grimm. Saldrá al desfile luciendo con orgullo un costoso traje hecho del modelo actual de “desarrollo”, es decir sin nada.

En lugar de ello, podemos cubrir la acción climática con el traje de la justicia climática, uno visible, uno que debemos tejer en conjunto.

894130

2019-12-03T16:50:26-05:00

column

2019-12-03T16:51:23-05:00

ssilva_250624

none

COP25: seis medidas para que nuestras acciones tengan justicia climática

73

8380

8453

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitada

Un nuevo libreto para las tutelas en salud

¡Vamos al charco!