El corregimiento del Valle del Cauca que hoy es ejemplo ambiental en Suramérica

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Las siete veredas del corregimiento de Bitaco fueron reconocidas internacionalmente en los Premios Latinoamérica Verde. Durante cuatro años hicieron capacitaciones de reciclaje a todas las comunidades, sembraron 20.983 árboles de especies nativas y realizaron 210 vertederos de agua para conservar los ríos y las quebradas de la zona.

El corregimiento de Bitaco, en el departamento del Valle del Cauca, es considerado como una de las zonas más biodiversas de Colombia. A lo largo de las siete veredas que rodean la montaña, y que conforman la reserva forestal del Pacífico, se encuentran 776 hectáreas de conservación en las que habitan cerca de 28 especies de anfibios, 23 de reptiles, 28 de mamíferos y cerca de 772 de flora. Para el Instituto Humboldt es un área de gran importancia en hábitat de aves y para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es un ecosistema relevante en la conservación mundial. “Solo podría decir que este territorio es como un paraíso”, así lo describe Nancy Portilla, líder comunal de una de las veredas.

Bitaco tiene 2.500 habitantes y el 70 % de ellos pertenece a la comunidad rural. Cientos de familias campesinas que desde hace cuatro años se pusieron una meta clara: convertirse en guardianes ambientales de la biodiversidad que habitan. Fue así como empezó el trabajo colectivo entre las juntas de acción comunal, la Fundación Agrícola Himalaya y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, en un proyecto que incentivó la conservación del ecosistema a través de tres frentes principales: el cuidado del agua, la reforestación de bosques y el reciclaje de desechos.

El resultado se materializó tiempo después, luego de la capacitación de expertos en conservación ambiental. “Nos enseñaron cómo teníamos que separar la basura correctamente, la comunidad aprendió de especies de árboles y también del cuidado de las quebradas y del río de Bitaco, que es la reserva hídrica del municipio”, señaló Nancy Portilla. Hoy las comunidades cuentan con orgullo la siembra de 20.983 árboles de especies nativas y siete hectáreas de bosque reforestadas, la disminución en contaminación de quebradas con la implementación de 210 vertimientos de agua y la separación de desechos en los siete puntos ecológicos en cada vereda.

Con el proyecto ambiental, desarrollado de 2016 a 2019, el corregimiento de Bitaco fue reconocido internacionalmente en los Premios Latinoamérica Verde, un galardón que premia anualmente 500 iniciativas socioambientales de Latinoamérica, España y las comunidades hispanas de Estados Unidos y Canadá. Bitaco compitió en la categoría Agua y logró el séptimo lugar entre 2.540 postulaciones del continente. “Este corregimiento hoy es un ejemplo de conservación ambiental porque las comunidades del territorio entendieron que todo lo que hacían tenía incidencia en el entorno y se apropiaron de su territorio con los programas ambientales y sociales”, señaló Carlota Llano, directora de la Fundación Agrícola Himalaya.

Un ejemplo de perseverancia

“Hoy los bitaqueños piensan de forma distinta”, cuenta Llanos quien acompañó el proceso desde el principio. Años de aprendizaje medioambiental que con el tiempo se convirtieron en una confrontación a los habitantes del corregimiento, quienes sin planearlo estaban afectando el territorio con prácticas nocivas para el medioambiente. “Nunca voy a olvidar la primera reunión que tuvimos con la comunidad. Una señora me explicó cómo se deshacía de sus desechos: los plásticos los quemaba, la basura la enterraba y otros residuos eran arrojados en quebradas y carreteras. Tuvimos que explicarles el impacto de cada acción, pero hoy en día el cambio es evidente”, concluyó.

El proceso de alfabetización ambiental comenzó desde lo alto de la montaña, según cuenta Llanos, el equipo de expertos logró identificar los principales factores de contaminación como los vertimientos que desembocaban en quebradas nacientes. “Hicimos instalaciones de tanques sépticos y tramas de grasa para evitar que los desechos llegaran al agua pura. Logramos quitar el 90 % de estos vertimientos hasta llegar al centro poblado de Bitaco”.

La invitación a las capacitaciones que se realizaban en los centros comunales de cada vereda logró recorrer la montaña. Un total de 420 familias recibieron los talleres, durante cuatro años. Pero el trabajo de cambiar antiguos hábitos y entender la importancia del territorio ambiental no fue tarea fácil. Para Nancy Portilla lo más importante fue la perseverancia: “Al principio eran 80 familias y con el paso del tiempo empezaron a disminuir. Tuve muchas veces que ir a tocar las puertas y recordar que estábamos ahí. Muchos dejaron de ir y otros nuevos comenzaron a llegar”, agregó la líder de la junta de acción comunal. Como antídoto ante la inconstancia, Portilla conformó un grupo de seis mujeres encargadas de vigilar el cumplimiento de las reglas ambientales: “Aquí se recicla, aquí se cuidan las especies y aquí también se conserva el agua. Estamos atentos a cualquier persona que vemos que tira basura y vamos y le llamamos la atención”, dijo.

Pero el trabajo no solo se dirigió a los adultos de cada familia, pues las acciones ambientales también se focalizaron en los niños del corregimiento con un modelo de cátedra de la Unesco que explica temáticas del agua, del aire, energía renovable, la vida silvestre y el paisaje. “Desde la institución educativa La Libertad empezamos un trabajo en las escuelas rurales. Tratamos de cambiarles el chip en cuanto al comportamiento de todo lo ambiental y la importancia de pensar así en una zona biodiversa, porque muchas veces pareciera que desde lo local se olvidara”, señaló Fanny Echeverry Tangarife, psicóloga social y parte del equipo que realizó las capacitaciones en las veredas.

El reciclaje es tal vez la actividad que más impacto generó en la comunidad, pues además de cambiar muchas de los malos hábitos también se convirtió en una fuente de ingresos para las familias. “Aprendimos que la basura tiene valor”, señaló Portilla. En Bitaco se reciclan las botellas plásticas, el cartón, el papel y el vidrio. “Ya no nos reciben los recipientes del aceite, pero aún así los lavamos bien”, agregó la líder comunal, quien también contó que cada 15 días la basura que es reciclable es llevada a Estaciones de clasificación y aprovechamiento de residuos (ECA), ubicados en los siete corregimientos, “allí nos pagan por la basura y esa plata la usamos para gastos de la Junta de Acción Comunal: regalos del día de la madre, día del niños y otros eventos”, concluyó la líder comunal.

Nancy Portilla hoy reconoce el paso del tiempo: “No entiendo cómo vivíamos antes. Todo era desordenando, las quebradas estaban contaminadas, la basura se tiraba en las vías y muchos quemábamos la basura. ¿Qué nos queda de todo esto? En un abrir y cerrar de ojos, fue tomar conciencia de nuestro territorio. Un aprendizaje que hoy nos permite respirar aire puro”, concluyó.

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