Corte Europea equipara los organismos creados por CRISPR a los transgénicos

Tras un intenso debate, en el que se escucharon las posiciones de científicos, académicos y activistas, la máxima autoridad de la Unión Europea decidió equiparar los organismos editados genéticamente con la tecnología CRISPR a los transgénicos (GMO). Muchos se preocupan.

Para algunos sectores, la decisión puede llevar a la Unión Europea depender más de las importaciones como ya pasa con el maíz y el trigo que son, además, transgénicos. Thokrates

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) decidió el pasado miércoles que las variedades de plantas y especies animales creadas con técnicas de edición de genomas CRISPR deben estar sujetos a las mismas restricciones de la Unión Europea que los organismos genéticamente modificados (GMO). 

En 2016 el gobierno francés, tras el pedido organizaciones medioambientales, solicitó a la Corte determinar la situación jurídica de los organismos vivos creados por la edición de genoma (principalmente el método de CRISPR/Cas9 que se ha utilizado, por ejemplo, para quitar las semillas de los tomates). 

El CRISP/Cas9 es un método de edición genética que permite “cortar y pegar” partes del genoma de cualquier organismo vivo, y que poco a poco ha salido de los laboratorios para incoporarse a técnicas agrícolas.

Ahora, por decisión de la instancia judicial más alta de la UE, a los organismos modificados con CRISPR/Cas9 y otras tecnologías similares se extenderá la directiva de la UE 2001, que establece estrictas restricciones de seguridad y la aprobación previa de las autoridades reguladoras de los productos transgénicos.

Para algunos sectores académicos y del sector angroindustrial, la decisión se tomó de manera precipitada. En una columna que publicó en la Agencia SINC, el investigador Josep M. Casacuberta, quien perteneció a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria  hasta junio pasado, explica que la determinación ignoró el trabajo de 10 años que llevaba la UE tratando de entender las posibles consecuencias de esta nueva tecnología.

No mezclar peras con manzanas 

“Hace más de 10 años, en octubre de 2007, las autoridades competentes de los distintos estados miembros de la UE crearon un grupo de trabajo (New Techniques Working Group) para estudiar cómo se deberían regular una serie de nuevas técnicas aplicadas a la mejora genética vegetal, la más importante de las cuales era la edición génica”, expresó Casacuberta.

De acuerdo con el experto, poco o nada del trabajo adelantado en esta década se hace presente en el fallo del Tribunal. En cambio, dice, el máximo organismo judicial ignoró lo que para él, es una diferencia sustancial entre ambos tipos de técnicas.

Las transgenesis –que es la técnica que produce organismos transgénicos– implica introducir en un organismo (por ejemplo, una semilla de maíz) un gen de otro organismo distinto (por ejemplo, un gen de una hierba silvestre que lo haga resistente a ciertos insectos). Por otra parte, la técnica del CRISPR implica tomar un gen de un organismo, modificarlo, y reintroducir esa mutación. 

Para muchos, el CRISPR  se parece más a la mutagénesis (someter a los organismos a radianes para que sus genes muten hasta obtener características nuevas e interesantes) que, en el fallo de la Corte, sí fue aceptada, pues ya se ha demostrado su seguridad.

Aun así, los activistas europeos están conformes con la decisión y señalaron que debería aplicarse normas estrictas a todos esos productos, independientemente del método específico de modificación genética. 

Por otro lado, EuropaBio, la asociación de empresas biotecnológicas europeas, a través de su representante, calificó la decisión judicial de un paso atrás. Añadió que los 1.000 millones de euros invertidos por el Estado y las empresas para el uso de CRISPR en la agricultura, ahora no darán resultados prácticos para los agricultores europeos.

Por esa misma línea se mueve Casacuberta: “La equiparación de la edición génica a la transgénesis y la obligación de seguir procesos complejos y costosos para la aprobación de sus productos derivados impedirá a las empresas ganaderas y de semillas pequeñas y medianas, y a la práctica totalidad de las de la UE, competir con las grandes empresas multinacionales en la obtención de nuevas variedades”.

Según la revista Nature, es probable que los desarrolladores de estas variedades de plantas abandonen Europa a jurisdicciones más favorables.