Cosméticos que contaminan el mar

"La gente no se da cuenta de la basura que está tirando al océano cuando se lava los dientes, usa exfoliantes y otros cosméticos", señala un experto en protección del medio marino.

Flickr / Stéphane Tramoni

Utilizar un gel exfoliante no solo implica limpiarse la cara para eliminar impurezas, sino tirar por el desagüe restos de plásticos microscópicos, componente habitual de cosméticos que acaba contaminando ecosistemas marinos.

Los microplásticos son partículas fáciles de producir que la industria emplea para sustituir algunas sustancias naturales y dar ciertas propiedades al producto, explica a Efe el experto en protección del medio marino Peter Kershaw.

"La mayoría de la gente no se da cuenta de la basura que está tirando al océano cuando se lava los dientes o usa exfoliantes y otros cosméticos", afirma.

Esos productos para mejorar la higiene y el aspecto personal parecen estar reñidos con el respeto al medio ambiente por una cuestión de tamaño: esos plásticos, de hasta cinco milímetros de diámetro, son demasiado diminutos y escapan de todo tratamiento en las plantas de aguas residuales. Su destino antes o después es el océano, donde luego no desaparecen.

"La descomposición de los plásticos es extraordinariamente lenta. En una playa tropical se fragmentan muy rápido en piezas más pequeñas que se quedan en la arena o se meten en el agua. Una vez en el mar, se detiene la luz solar y es la radiación ultravioleta la principal responsable de su descomposición", sostiene el especialista inglés.

Kershaw, que participa esta semana en una reunión de científicos sobre los microplásticos en la sede de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), considera que estas sustancias están por todas partes, "desde el océano Ártico hasta el Antártico".

Un ejemplo de alta concentración es el Mediterráneo, que tiene grandes poblaciones, playas turísticas, tráfico de barcos y pesca, lo que contribuye a la contaminación del mar.

También preocupa la situación en Asia, de fuerte densidad demográfica y actividad pesquera, y con una gestión de desechos menos avanzada que en los países desarrollados, según Kershaw, que recuerda que ningún lugar del océano está a salvo mientras las corrientes marinas sigan desplazando las manchas flotantes de microplásticos a cualquier punto.

Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los residuos plásticos arrojados al mar causan cada año unas pérdidas económicas globales de 13.000 millones de dólares (unos 12.000 millones de euros) para el entorno marino.

En ese intento de cuantificar los daños de un fenómeno sobre el que existen grandes lagunas, los expertos reunidos en Roma buscan tener una mejor idea de lo que se vierte al océano, de su recorrido, de su naturaleza química y de su impacto para la pesca y la naturaleza, entre otros aspectos.

En el caso de los organismos, Kershaw destaca que los plásticos microscópicos pueden incorporarse al plancton y a la cadena alimentaria, de forma que los peces más grandes se van comiendo a los más pequeños y con ellos digieren una cantidad cada vez mayor de contaminantes.

Además, muchas de esas sustancias absorben químicos introducidos en los productos manufacturados para hacerlos más flexibles, resistentes o inflamables. Unos aditivos que en las especies acarrean efectos nefastos, pues su ingesta puede perjudicar su desarrollo, su sistema endocrino y su organismo en general, asegura el científico.

¿La solución pasa entonces por descartar los cosméticos industriales para el cuidado personal? Kershaw no entra al detalle, pero recomienda controlar más la basura generada por los plásticos.

"Es importante hacer que, en vez de tirarla, la basura tenga un valor. Entonces alguien la explotará y recibirá un dinero por reciclarla" antes de que acabe en el océano porque, llegados a ese punto, admite el experto inglés, los restos se dividirán en minúsculas partículas y ya no habrá marcha atrás.  

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