Cuenta regresiva para océanos

“En las aguas de alta mar reina la anarquía”, señalan representantes de la Comisión Océano Mundial.

 Los acelerados procesos industriales y la falta de restricciones estatales en las aguas de alta mar que todos utilizan pero no son de nadie, han puesto en jaque los recursos de los océanos de los que depende la vida humana.

Una vez más se enciende la alerta y pone sobre la mesa nuevas medidas que se espera que esta vez sí sean atendidas, para que dentro de un plazo de cinco años mejore la visión futura de los océanos en el planeta.

La demanda creciente de recursos, los avances tecnológicos, el agotamiento de las poblaciones de peces, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, junto con la débil gobernanza en alta mar, son las principales causas del denominado declive de los océanos al que se refiere la Comisión Océano Mundial en su reciente informe. Un plan de rescate muestra el camino para la recuperación de las aguas marítimas y las medidas deben entrar en acción pronto para evitar devastadoras consecuencias, no sólo para la vida marina sino también la terrestre.

La creación de un ente regulador de los océanos y frenar la actitud de descontrol ante los recursos marítimos son esenciales para que estas aguas puedan continuar con su función de proveer materias primas, regular la purificación del aire y mantener el ciclo biológico, entre muchos otros beneficios.

Ante esta situación, uno de los llamados principales es a la regulación de la pesca. “No más sobrepesca”, señalan drásticamente. En 1960 no se registraban especies explotadas, sobreexplotadas o colapsadas, pero en 2006 eran el 87% de las especies existentes en los océanos. Ello debido al exceso de capacidad de los buques y a la mala gestión de las pesquerías patrocinadas por la subvención de estados que invierten recursos públicos en la industria pesquera. De ahí que lo primero sea generar un verdadero compromiso político de los gobiernos para regular las subvenciones que están contribuyendo al daño del ecosistema marino.

Acabar con la pesca ilegal, que trae consecuencias ecológicas, económicas y sociales, principalmente para países en desarrollo, es también fundamental. Pescar fuera de temporada, cazar especies prohibidas y capturar más de la cuota permitida representa el 18% de la pesca mundial y es una amenaza para el ecosistema. La solución es una mayor regulación en los puertos, en el mar y en alta mar.

Las regulaciones deben ser en múltiples campos. Los desechos plásticos abundan en los océanos y se calcula que, si no se toman medidas, para 2050 habrá 33 billones de toneladas en el mar. Además, las regulaciones para la explotación de petróleo en zonas marinas y la creación de una junta de rendición de cuentas para vigilar la salud de los océanos son también parte fundamental de las propuestas.

Pero si dentro de cinco años ninguna de estas medidas ayuda a reducir las alertas, la decisión deberá ser la creación de una zona de regeneración en alta mar que prohíba la pesca industrial, lo cual evidentemente generará un efecto económico importante, pero ayudará a la sostenibilidad de un bien común del que los seres humanos dependen.