Creadores del primer festival dedicado a esta especie

Cuidándole la espalda al águila real de montaña

Una pareja de estas aves encontraron un refugio en las montañas del Macizo Colombiano gracias a cuatro jóvenes huilenses. Con sus esfuerzos de conservación están logrando que los campesinos hagan las paces con esta especie, considerada al borde de la extinción.

Casa de la Asociación Respira Macizo, constituida por María, Hárold, René y Edwin, en Puerto Quinchana, San Agustín (Huila). Fernando Ayerbe Quiñones

Una publicación en Facebook hizo que la asociación de María, Hárold, René y Edwin tomara vuelo. Se trataba de una invitación hecha por ellos a través de redes sociales para el día 11 de noviembre de 2018. Lugar: vereda de Puerto Quinchana en San Agustín (Huila), donde los cuatro han vivido desde siempre. Ese fue el lugar que escogieron para organizar el primer festival del águila real de montaña, la segunda ave más grande de Colombia.

Para hablar de su impulso hay que remontarse diez años atrás, cuando Edwin Martínez les escuchó a sus padres que en la finca había hecho nido una pareja de águilas adultas. Lo sabían por su color negro y pecho café. (Lea: “The Birders”, el documental que explora Colombia a través de sus aves)

Por entonces él, en compañía de María Anacona, René Chicangana y Hárold Guamanga ya habían tomado la decisión de honrar el oficio de sus padres: serían campesinos. Por eso estudiaban la media técnica que ofrecía el Sena en la región, llamada aprovechamiento autosostenible de biodiversidad vegetal.

De los 19 muchachos inscritos en el curso, solo quedaron ellos cuatro y fue así como terminaron juntándose como Asociación Agroecológica y Ecoturística del Alto Magdalena Respira Macizo.

María Eliza Anacona hablando en el primer Festival del Águila Real de Montaña.  / Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena-CAM

Para graduarse, primero, se arriesgaron a sacar aceite de ricino, pero fue una empresa fallida. Tenían que destruir mucho para sembrar lo necesario. Luego los alumbró la idea del turismo y abrieron senderos ecológicos, aprovechando su ubicación, en plena entrada del Macizo Colombiano, bautizado como la estrella hidrológica del país.

Estaban en esas cuando una mañana Edwin confirmó los chismes. El águila real de montaña vivía, cazaba y criaba a un juvenil en su propia finca, empotrada en las montañas. No perdieron el tiempo, esa misma tarde los cuatro se sentaron frente a un computador a goglear todo lo relacionado con esta especie. (Le puede interesar: Nobsa, segundo municipio de Boyacá que deja el uso del plástico y el icopor)

De esa manera se enteraron de que en Colombia las estimaciones prudentes cuentan solo 200 ejemplares. Está a un paso del peligro crítico. Y si no hacían algo, los mismos campesinos iban a acabar con la pareja avistada en la vereda.

El problema con esta especie se debe a dos situaciones: primera, la pérdida de su hábitat natural: el bosque andino, del que perdura menos del 10 % en el país. Un panorama desfavorable teniendo en cuenta que estas aves son residentes, es decir, que construyen solo una vez sus nidos y que cazan sus presas dentro de este ecosistema natural. Por eso, al ser desalojadas de sus hogares, las águilas se rebuscan la comida en otros lados, por ejemplo, corrales y gallineros.

Esa, precisamente, es la segunda situación: “La desatención de las aves de corral por los campesinos”, según Sergio Reyes, experto en conflicto humano-animal de la Fundación Neotrópico. Por eso, al desaparecer los pollos y las gallinas, los campesinos suelen culpar al ave y tomar justicia por sus propias manos. Ese es el caso de los ejemplares registrados en la Serranía del Perijá o en Gachalá, Cundinamarca.

Esa información fue suficiente para saber que debían tomar cartas en el asunto. Más aún sabiendo que ya los campesinos andaban diciendo que un águila blanca con negro, a la que llamaban “rusia”, se estaba llevando sus gallinas. Por esas características los cuatro supieron que se trataba del juvenil y que, además, si ya salía a buscar presas fáciles era porque sus padres lo habían dejado de alimentar como acostumbra a hacerlo esta especie tras seis meses de crianza, forzándolo a que desaloje el nido. (Lea también: Encuentran una tortuga gigante considerada desaparecida hace un siglo)

Debido a esto se les ocurrió que lo mejor sería monitorear las águilas, crear un sendero dedicado a ellas específicamente y, a la vez, enseñarle a la comunidad de Puerto Quinchana más sobre el águila real de montaña. “¿Pero cómo?”, pensaron. Organizándole su propia fiesta en la vereda.

Estimaciones prudentes cuentan apenas 200 ejemplares de esta águila en Colombia. / Fotografía: Jorge Muñoz

Para ello no les quedó una puerta sin tocar. Fueron a la Alcaldía de San Agustín, a la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), a políticos y a un sinfín de contactos que encontraron a través de redes sociales. Estos eran científicos, avistadores de aves y otros interesados que se comprometieron con asistir al evento y aportar.

Así fue como, hace más tres meses, en el centro poblado de la vereda se llevó a cabo el primer Festival de Águila Real de Montaña. En él, los principales invitados fueron los campesinos y los niños de la región para sensibilizarlos. Gracias a ello aprendieron que esta ave, que sobrevuela sus montañas, tiene una vida media de 30 años, y que suele tener una cría por nidada. Expertos les explicaron que son aves monógamas, que sus patas están cubiertas de plumas y que necesitan al menos un área de 50 km2 para no cruzarse con otros nidos, es decir, una distancia que recorren en apenas 5 minutos de vuelo. (Puede leer: Una expedición para entender cómo salvar a los delfines del Orinoco)

Después del evento la gente supo que esta águila es lo que se llama una especie bimorfismo sexual inverso. En palabras simples: la madre águila, que es más grande que el macho, se queda en el nido para defenderlo si es necesario, mientras el macho es el que sale en busca de alimento. Y que esto era de real importancia, ninguna ave de este tipo puede acabar con diez gallinas al tiempo, contrario a lo que pensaban algunos en la comunidad, limpiando de culpa a otros depredadores de la zona como los zorros. 

Ante semejantes conocimientos, estos cuatro jóvenes cerraron la fiesta con broche de oro. El evento los puso en boca de la comunidad de conservacionistas del país, gracias a que, con sus propias uñas, están evitando que el águila de montaña más grande de Colombia siga condenada a la extinción.

Ejemplar adulto del águila real de montaña.  / Fotografía: Jorge Muñoz