De cómo el país que lideró la revolución industrial renunció al carbón

Inglaterra quiere que todas sus fábricas de carbón estén cerradas para el año 2025. En tan solo cinco años, el país ha reducido su dependencia de la quema de carbón del 40 al 2%. Así lo hicieron.

Olas de vapor de las torres de refrigeración de la central térmica de carbón Loy Yang operado por AGL Energy Ltd. en el valle de Latrobe, Australia.Bloomberg News

Durante 250 años, Inglaterra le apostó buena parte de sus cartas al carbón. Como no hacerlo: fueron esas piedras, fósiles enterrados durante millones de años, los que permitieron a esta pequeña isla construir un imperio que se extendió por África y Oceanía, convertirse en una potencia de proporciones planetarias. (Lea también: ¿Puede Colombia decirle no a la minería y al petróleo?)

Pero hoy, cuando están mas que comprobados los efectos nocivos del carbón para la salud del planeta tierra, Inglaterra quiere reacomodar su economía y apostarle a otras fuentes de energía. Una tarea titánica para el país que, en 1974, dependía en un 80% de este mineral.

De acuerdo con una investigación realizada por el británico Fred Pearce, y publicada en el journal Yale Environment 360º, los esfuerzos del país por reducir su dependencia del carbón ya están dando sus frutos: el verano pasado, solo el 2% de la energía del país provino del mineral

Y, por primera vez en cien años, el pasado 21 de abril, fue el primer día en el que Inglaterra no quemó un solo gramo de la sustancia para abastecerse de energía.  En cambio, el país le está apostando a la energía nuclear, al gas natural, a las turbinas de aire y a las granjas solares. 

De acuerdo con Pearce, el país usa la energía del carbón como plan B en aquellos días de invierno cuando el sol no se asoma, o cuando los vientos no pasan por la isla.

Pero, ¿cómo ocurrió este salto abismal en cuestión de 43 años?

Es importante entender que la dependencia de Inglaterra del carbón llevó al país a ser uno de los primeros en sufrir sus impactos negativos. Para principios del siglo XX, a Londres, la capital del entonces imperio, se le conocía como “el gran humo”. De hecho, la obsesión de Inglaterra fue tanta, que se ha calculado que el 6% de los gases efecto invernadero que hoy tienen a la tierra al borde de una catástrofe ambiental, provienen de esa pequeña isla del Atlántico Norte. 

Luego, en 1952, ocurrió una catástrofe de la cual ningún humano había sido testigo: una densa niebla –producto de las fábricas que quemaban carbón– cubrió a Londres durante cuatro días. Se le conoció como “La Gran Niebla” y dejó un saldo del 10.000 londinenses muertos.

El modelo energético de Inglaterra, de acuerdo con cifras del Departamento de Negocios y la Estrategia Energética e Industrial del país, empezó a cambiar, lentamente, a finales de la década de los noventas. Si bien en los ochentas era poco el carbón que se sacaba de las entrañas de la isla, el país seguía importando, de acuerdo con Pearce, de países como Rusia y Colombia.

Fue en el año 2010 cuando el uso del carbón empezó a disminuir drásticamente. En 2015, el país cerró la última de sus minas de carbón, y ese mismo año, el Gobierno duplicó los impuestos para quienes siguen alimentando sus fábricas con este recurso finito. En consecuencia, usar energía nuclear, renovable o proveniente del gas natural –que produce la mitad de CO2 que el carbón por cada watt de energía– se volvió económicamente más rentable. 

Por si fuera poco, la apuesta por las turbinas de viento en el océano hizo que en tan solo cinco años (desde 2012 hasta la fecha) los precios de esta tecnología se redujeran hasta volverla incluso más barata que el gas o la energía nuclear.

Así, en tan solo seis años (entre 2010 y 2016) las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del país se redujeron en un 50%. “El británico promedio ahora es responsable de una tercera parte de las emisiones de CO2 del norteamericano promedio”, relata Pearce en su artículo.

Este año, apenas quedan abiertas ocho de las miles de plantas que hubo en los siglos pasados para quemar y aprovechar las bondades del “Rey Carbón”. Y si bien Inglaterra no está sola en Europa –Francia planea cerrar todas sus plantas para el 2030– todavía no está claro si el resto del mundo está listo para seguir sus pasos.