Degradación en la Amazonia es mayor que la deforestación

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Un estudio, publicado en la revista Science, asegura que ambos fenómenos afectan 30% del bioma. Además, explican los autores, una menor atención a la degradación puede deberse a que es más difícil de medir que la deforestación.

Más de un millón de kilómetros cuadrados pueden haber sido destruidos en la Amazonía brasileña no solo por la deforestación, sino por la degradación, un fenómeno menos conocido, pero que entre 1992 y 2014 superó la deforestación en cuanto a superficie afectada, halló estudio. (Lea: Científicos indican que la Amazonia podría dejar de ser selva y convertirse en sabana)

Mientras la degradación destruyó 330.427 kilómetros cuadrados del bioma, 308.311 kilómetros cuadrados fueron deforestados, en este período. Los datos, publicados en un estudio en la revista Science, llaman la atención sobre una ecuación preocupante: sumando la estimación oficial de 20 % de deforestación con la tasa de 10 % de degradación medida por los autores, solo hay un máximo de 70 % del bosque preservado.

Este cálculo sugiere que más de uno de sus más de cinco millones de kilómetros cuadrados de selva ya ha sido afectado. “Toda la narrativa se ha construido sobre la deforestación. No deforestar no significa que se esté dejando el bosque intacto. Se ha prestado mucha atención a la deforestación, mientras que la tasa de degradación puede estar ocurriendo mucho más rápidamente”, advirtió Marcos Pedlowski, geógrafo de la Universidad Estatal del Norte Fluminense Darcy Ribeiro, en Río de Janeiro, y uno de los autores del estudio.

Pedlowski explicó por teléfono a SciDev.Net que la deforestación y la degradación no son necesariamente fenómenos coexistentes. Provocada por la expansión de la agricultura y la minería, entre otros factores, la deforestación se refiere a la conversión completa de los bosques a otro tipo de uso de la tierra. A su vez, la degradación se produce cuando la acumulación de perturbaciones en el bosque (quema y tala, por ejemplo) cambia todo el ecosistema y el funcionamiento del bosque, afectando su capacidad para almacenar carbono y agua.

Estas perturbaciones tienen importantes consecuencias ambientales, incluida la liberación de gases de efecto invernadero, cambios en el equilibrio hídrico, pérdida de biodiversidad y un aumento de la incidencia de enfermedades infecciosas. (Podría leer: Brasil crea una secretaría para los asuntos del Amazonas tras crisis ambiental)

En el artículo, los investigadores señalan que, en el período de 22 años en el que comparan un fenómeno con otro, la superficie degradada ha superado la deforestada debido a que la deforestación ha tenido una mayor atención por parte de los organismos de control y de desarrollo. También enfatizan que la deforestación es más fácil de medir. El desafío para monitorear la degradación, señalan los autores, es que ocurre dentro de los bosques, por lo que el dosel del bosque —la cubierta superior del bosque, formada por las copas de los árboles— dificulta la detección por satélite.

Así “la degradación es más difícil de confirmar” porque “visualmente puede parecer que está bien”, dijo Pedlowski. “Muchas empresas madereras, por ejemplo, utilizan estrategias para ocultar el área alterada. No todo es evidente”, agregó.

Para estimar el área calculada se analizaron 1.200 imágenes de satélite. Pero dado que la teledetección no es absoluta, los científicos luego fueron al campo para validar la información satelital. Teniendo en cuenta que las medidas no son exactas, los expertos creen que el área asociada con la degradación puede ser al menos igual al área deforestada, lo que hace que las tasas sean comparables. Como resultado, la tasa de destrucción puede ser cercana a 40 % y la suma de la degradación con la deforestación puede llegar a un millón de metros cuadrados.

En particular, el trabajo muestra un alto índice de degradación en áreas protegidas y reservas indígenas. “Considerando que la Amazonía representa 60 % del territorio brasileño, se trata de un área colosal”, alertó telefónicamente a SciDev.Net el físico Paulo Artaxo, de la Universidad de São Paulo (USP), que no participó en la investigación.

“El estudio es importante porque muestra que el bioma está siendo más afectado de lo que revelan las cifras oficiales proyectadas por el Inpe [Instituto Nacional Brasileño de Investigaciones Espaciales], y la pérdida de carbono es mucho mayor de lo estimado”, agrega Artaxo, que trabajó en la NASA e integra el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC). (Lea también: Los males de la Amazonia, una radiografía en época de pandemia)

Los investigadores creen que para comprender lo que está sucediendo en la Amazonía es necesario considerar todas las formas de degradación que pueden ser perjudiciales para el bosque, y no solo la deforestación. “Las estructuras de control tienen que funcionar tanto para un fenómeno como para otro. El gobierno brasileño no puede seguir diciendo que 80 % de la selva sigue intacta, cuando en realidad es mucho menos”, concluyó Pedlowski.

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