ODS: HAMBRE CERO

Discosopa, la fiesta de los alimentos feos contra el hambre

Decenas de frutas, verduras y carnes fueron los ingredientes de un largo banquete. Si no los hubiesen donado, todos éstos alimentos estarían en la basura por lucir mal.

Foto: Mauricio Alvarado

Hubo una entrada de mermelada de mango sobre recortes de pan y ensalada de lechugas en un plato donde después servirían el caldo. Una sopa dispuesta en dos ollas altas, decembrinas, para alimentar a un público de 80 personas. En una de ellas, se cocieron huesos de res para los no vegetarianos y luego, un salteado de hortalizas preparado por diez cocineros y repartido en el mismo recipiente que se le asignó a cada comensal desde el mediodía. (Lea: La lección del limón en Wok) 

A las 12:30 a.m. estaban citados todos los voluntarios, los fogones ya calentaban y la comunidad asistió con cuchillos, peladores y tablas en mano para empezar a picar todas las frutas y verduras donadas. Las habían regalado por una razón: todas lucían mal.

Así funciona la Discosopa, una acción en contra del desperdicio de comida fundado hace cinco años por un grupo de jóvenes en Berlín, Alemania. El sábado pasado se realizó por primera vez este evento en el país, dentro de Teatro Garaje, un parqueadero público de Chapinero, en el noroeste de Bogotá.

Al mismo tiempo, 37 países celebraron el evento en conmemoración del Día Internacional de la Discosopa (29 de abril). Decenas de personas alrededor del mundo se juntaron para limpiar, cortar y preparar una gran sopa con alimentos inocuos, que incumplen con los estándares comerciales, para al final repartirlos gratis y compartir un plato de comida, escuchando la música de algún dj.

El encuentro es una apuesta comunitaria por reducir los 1.300 millones de toneladas de comida que se pierden y desperdician al año. La cifra fue estimada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), lo que resulta escandaloso frente a las 795 millones de muertes por año que se registran en el mundo. Un número de decesos que supera la cantidad de habitantes del continente europeo.

Esta problemática motivó a Lorena Aya y Karen Triana para organizar una Discosopa en Colombia, un país donde se desperdician 9,76 millones de toneladas de comida al año según el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

La Discosopa consiste en recuperar los restos de alimentos que en los mercados, restaurantes y tiendas no se venden, y a los cuales no les queda otra disposición que el camión de basura del barrio. Así fue como las dos jóvenes, una microbióloga y la otra diseñadora industrial, recogieron 117 kilogramos de frutas, verduras y carnes próximas a desecharse en la plaza de mercado de Paloquemao, el Banco de Alimentos de la capital, supermercados Fruvar y cuatro tiendas del sector.

Pero, ¿por qué terminan en el basurero? Debido al aspecto de los productos, los cuales están mallugados, son desplantados prematuramente o han brotado con alguna deformidad. El 58 % de las frutas y vegetales cultivadas al año son discriminadas en el país por estas razones, de acuerdo con el DNP.

Lo último constituye el caso más grave en el despilfarro de alimentos en la canasta familiar. Sin embargo, este hecho se repite en los demás mercados del mundo, donde los estándares de calidad exigen que el producto luzca un tamaño riguroso, tenga un color refulgente y no haya sufrido alguna lesión ni defecto.

El objetivo, de acuerdo con Lorena, “es que los productos no lleguen a la basura, esa disposición es la última opción en la pirámide ambiental contra el desperdicio”. Un esquema para prevenir que la Tierra sea capaz de alimentar a la población mundial por los próximos 33 años, no más. 

Pese a que el hambre no discrimina el cariz de los alimentos, una encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin) indicó que el 42 % de la población colombiana no tiene acceso suficiente y estable a éstos, en cantidad o calidad para llevar una vida saludable y activa.

De esta manera, la Discosopa es un intento por solventar el hambre en el mundo. El sábado, por ejemplo, la música de un dj aficionado amenizó la tarde hasta que los cocineros pusieron sus delantales en la mesa y apagaron el fogón, mientras, los voluntarios arrumaron los platos después de tres rondas de comida. Tras el banquete no hubo hambre, ni una sobra que botar.