El "baobab" que talarán

El baobab, especie de árbol que sólo crece en las sabanas del África y que Saint-Exupéry llevó al planeta del Principito en su novela, parece tener un ejemplar en un conjunto residencial de Medellín.

El árbol de la polémica en Medellín.

El baobab, especie de árbol que sólo crece en las sabanas del África y que Saint-Exupéry llevó al planeta del Principito en su obra, parece tener un ejemplar en un conjunto residencial de Medellín.

Los habitantes de Torre Laguna, en el barrio El Poblado, siempre han tenido como vecino a este gigante de 40 metros que una vez al año se queda sin hojas, cuyo tronco cabe en los brazos de cinco personas y al cual ingenieros forestales y biólogos del Jardín Botánico de Medellín y de la Universidad Nacional llamaron N.N y declararon protegido, porque no se parece a ninguna especie de Colombia, tampoco lograron propagarlo, pero dijeron que podría ser un tipo de baobab que creció con características distintas en Medellín debido a las condiciones climáticas y del suelo.

La información disponible sobre los predios en los que se levantó el conjunto muestran, de acuerdo a Rodrigo González, propietario de una de las casas, que hace cien años, antiguos dueños del terreno, que antes era una finca, trajeron de una visita a Suráfrica semillas de baobab con la ilusión de que crecería en tierras antioqueñas.

Para su sorpresa, el árbol se fue levantando con los años y despertando admiración entre quienes lo veían. “Es imponente, el tronco es ancho y tiene una forma muy extraña, de verdad no parece conocido”, resalta González.

Posteriormente se construyó allí el conjunto residencial y los arquitectos de esa época diseñaron una casa sobre este lote de tal manera que no afectara al árbol, dejando separado el parqueadero de la casa, con un espacio intermedio para la especie desconocida, que en África llaman “el árbol de la vida”, porque algunos viven hasta 4.000 años y almacenan en depósitos internos 6.000 litros de agua que calman la sed durante la sequía.

Sin embargo, el año pasado, un nuevo propietario de la casa contigua al árbol inició trámites ante la Curaduría Urbana de Medellín para obtener licencia de modificación o ampliación de su vivienda, procedimiento que incluía la tala del presunto baobab.

La Subdirección Ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá le dio aval para hacerlo en una resolución del 23 de agosto del 2013, según González, sin verificar ni investigar la realidad sobre la afectación que dicha obra iba a causar al árbol, pues en la autorización que le dan al propietario para iniciar la tala lo denominan de la especie Guacamayo, común y de gran variedad en la región.

“Con este cambio de especie el trámite y requerimiento de tala se vuelve más fácil de dictar”, resalta González, quien también es arquitecto. Lo extraño, se pregunta, es ¿por qué no se incluyó el informe con los estudios de años pasados en los que personal del Jardín Botánico y la U. Nacional concluyeron que se trata de una especie desconocida que aunque se trató de reproducir bajo las condiciones climáticas de Colombia, no se logró? y ¿por qué al momento de iniciar obra no se había suscrito el acta de vecindad que la ley exige para poder comenzar cualquier tipo de construcción y que pueda afectar vecinos?

En tres ocasiones durante este mes, el vecino en cuestión ha intentado proceder a la tala del árbol, sin embargo, las dudas y oposición de los demás residentes de Torre Laguna lo han impedido, además de un recurso de reposición que interpusieron, el cual les daría tiempo para dar más detalles sobre el valor de este árbol.

“Nuestro baobab significa mucho para niños y viejos. Lo hemos visto crecer, pelado, es el hábitat de muchas guacamayas y ardillas, y estamos seguros de que es especial, es diferente a cualquier especie en Colombia”, concluye Rodrigo González.

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