El futuro espera por Tumaco

Una de las regiones con mayores potencialidades de Colombia lucha contra sus problemas y traza el camino hacia el desarrollo.

El corazón del plan La Nueva Tumaco es el ordenamiento territorial, la educación, el trabajo y la reapertura del puerto. / Fotos: Luis Ángel.

En Tumaco, como una muestra de lo que sucede en la mayoría de los municipios del litoral Pacífico, conviven las contradicciones. Por un lado están los paisajes hermosos y la gente cálida, los deportistas y futbolistas reconocidos (Pablo Armero, Willington Ortiz y Víctor Ibarbo, entre otros), una gastronomía exquisita y una privilegiada ubicación geoestratégica; y por el otro, altísimos índices de violencia y desplazamiento, el mayor número de hectáreas de coca sembradas del país (5 mil aproximadamente), grupos armados ilegales y precariedad en los servicios públicos, el empleo y la infraestructura.

Ubicada a 279 kilómetros de Pasto, en el departamento de Nariño, Tumaco está dividida en un gran pedazo continental y tres pequeñas islas que fueron manglar y que hoy concentran la mayor población de todo el territorio.

La isla de Tumaco es la más cercana al continente, la más poblada y donde se encuentran ubicadas las zonas administrativas y la mayor parte del comercio. Le sigue la isla La Viciosa, que es una pequeña extensión de tierra donde predominan viviendas palafíticas, construcciones en madera que han sido levantadas de manera ilegal y en zona de alto riesgo y que, por ese mismo motivo y la dificultad que supone instalar infraestructura en zonas de bajamar, no cuentan con acueducto ni alcantarillado. Finalmente está la isla del Morro, la zona más turística, donde se encuentran algunas playas, el aeropuerto y los hoteles.

Cuentan los habitantes de Tumaco que hace 30 años esta tierra era un paraíso. Aunque las calles no estaban adoquinadas y el Estado hacía poca presencia, la vida era sencilla y tranquila y sus habitantes morían de viejos. Luego los cultivos de coca se desplazaron de zonas como Putumayo y Guaviare, se instalaron en Tumaco y trajeron consigo todas las dinámicas propias de la ilegalidad: hoy el municipio encabeza la lista en el país como el primer expulsor de población desplazada y el tercer receptor, una de las tasas de homicidio más altas del país y una escasez constante en la gasolina y en el suministro de energía eléctrica.

Mercy España es una tumaqueña, ingeniera agroforestal y líder de un consejo comunitario. Tuvo claro que se formaría afuera sólo para regresar a su tierra. “Siempre quise volver, porque tenía ese arraigo y ese sentido de región”, cuenta. Ella conoce de cerca los problemas y las posibilidades de la región. Hoy trabaja con los pequeños productores de cacao —se calculan unas 19 mil hectáreas sembradas—, uno de los cultivos que más dinamizan la economía de la región. Con la ayuda de Mercy, las primeras 25 mil toneladas ya fueron exportadas a España y se encuentran en la labor de realizar la segunda exportación. Ella es optimista frente al futuro: “Hay una participación activa de las comunidades en todos los procesos comunitarios, existen muchas ganas de la gente de seguir avanzando en el tema de desarrollo productivo y general”.

Aunque Tumaco tiene muchas carencias y por muchos años ha estado desvinculado del desarrollo nacional, su potencial es enorme. Sus habitantes, gobernantes y el Gobierno Nacional se enfrentan al reto de sacarla del olvido y alinear las políticas de desarrollo locales con las regionales y nacionales para vincular proyectos y unificar esfuerzos. A esta región, donde los niños juegan fútbol en cada esquina y las personas regalan las sonrisas, el país le adeuda su proyección: una tierra fértil de potencial agroindustrial y eco turístico, una puerta estratégica entre Suramérica y Asía, un lugar donde la educación y las oportunidades de trabajo espanten la violencia.

La nueva Tumaco

Durante muchos, años Tumaco ha recibido intervención y ayuda nacional e internacional. Varios estudios de caso, diagnósticos y planes de apoyo se han llevado a cabo. Actualmente, y desde distintos frentes, hacen presencia organizaciones como la Fundación Panamericana para el Desarrollo, (Fupad), Incoder y Colombia Responde, entre otras. Como muchas veces sucede, al trabajar desarticuladamente los esfuerzos no logran un impacto sostenible y global.

Por eso se está hablando de la Nueva Tumaco, un plan cuya principal misión es trasladar la actividad comercial y educativa, los centros administrativos y de salud y los pobladores de las islas al continente. Lo que se busca es no sólo enfrentar el inminente riesgo de catástrofes por tsunamis y cambio climático —según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) para el año 2100 el nivel del mar se elevará entre 26 y 98 centímetros— que hoy tienen las islas, sino hacer una especie de borrón y cuenta nueva que conciba un Tumaco organizado, productivo, pensado y planeado.

Aunque el ordenamiento territorial es el corazón del plan, también están contemplados aspectos como la educación, el trabajo, la reapertura del puerto, la organización turística y las nuevas fuentes de empleo. La Nueva Tumaco ya empezó a tomar cara con la reciente inauguración de la sede de la Universidad Nacional el pasado 25 de noviembre. Sin duda, esta es una gran oportunidad para los 2.500 jóvenes que en promedio se gradúan cada año como bachilleres en Tumaco y para los otros miles de las subregiones de la costa Pacífica que ven la ciudad como un foco de oportunidades.

Como lo explica Víctor Gallo, alcalde de Tumaco, la prioridad debe estar en la planificación. “Aquí la gente es muy inmediatista y quiere soluciones de un día para otro. Hemos hecho gestión de cosas estratégicas que se han ido logrando, de proyectos que hace más de 30 años se había intentado gestionar, la vía Espriella-Mataje, que nos va a comunicar por vía terrestre con San Lorenzo y Esmeraldas, clave para generar dinámicas comerciales y de intercambio turístico y cultural con Ecuador”. El proyecto, que ya fue adjudicado, unirá las costas de los dos países y, aunque pasaron quince años desde que Ecuador cumplió con su parte y Colombia pudo dar el primer paso, es importante para el desarrollo productivo, comercial y turístico de la región.

Recuperar las principales actividades comerciales de Tumaco es otra prioridad. El cultivo de palma de aceite y las camaroneras que por muchos años le dieron brillo a la economía y fueron el principal fuente de sustento de sus pobladores, cayeron en decadencia por cuenta de las enfermedades. Desde 2006, las 35.200 hectáreas de palma de aceite que llegó a tener el municipio fueron destruidas debido a la pudrición de cogollo y más de 12 mil empleos se perdieron. Hoy, gracias al trabajo de organizaciones como la Corporación para el Desarrollo Agroempresarial de Tumaco, a financiamiento y a subsidios, se han recuperado 17 mil hectáreas y miles de puestos de trabajo.

Un plan estratégico que abarque al menos los próximos 20 años, en el que las acciones inmediatas, de mediano y de largo plazo estén definidas, es fundamental. La apuesta continúa y el compromiso de la Nueva Tumaco es el fortalecimiento y la seguridad del área rural, una fuerte inversión privada, programas de cultura, pertenencia y educación ciudadana, confianza en las entidades públicas y en las administraciones locales, pasar de una economía extractiva a una sostenible en la que los pequeños productores sean protagonistas y las alternativas contra la descomposición social que genera el narcotráfico son fundamentales para que la perla del Pacífico vuelva a brillar.