Primera implementación del decreto de Áreas No Municipalizadas

El plan indígena para el río Mirití-Paraná

Las comunidades indígenas que viven en la ribera del río Mirití-Paraná firmaron un documento que decodifica miles de años de tradición oral para manejar más de un millón de hectáreas de selva amazónica con sus propias reglas.

La Asociación de Capitanes Indígenas del Mirití Amazonas (Acima) firmó hace un mes el Sistema de Ordenamiento Territorial y Ambiental (SOTA). / Fundación Gaia Amazonas - Juan Gabriel Soler

Para los pueblos indígenas que habitan el río Mirití-Paraná, en la Amazonia colombiana, el territorio fue entregado por los dueños ancestrales. Todo tiene vida, orden y reglas de manejo que se han transmitido por cientos de generaciones a través de tareas diarias, alimentos, bailes e historias. (Lea: La región Amazónica es donde mueren más ancianos por desnutrición) 

El 27 de julio, tras cinco años de trabajo, la Asociación de Capitanes Indígenas del Mirití Amazonas (Acima) firmó el Eja’wá amatakana jupimi riyuriko keja “Pechuji aú” Wejea ba’iaririka ye’orokapi, o Sistema de Ordenamiento Territorial y Ambiental (SOTA), un documento que determina cómo los indígenas del río Mirití han manejado la selva gracias a la convivencia entre seres humanos y bosque amazónico en los últimos 10.000 años, y cómo se van a coordinar con el Estado colombiano para seguir poniendo en práctica sus propias reglas de juego.

Los indígenas de Acima gobiernan 1’035.455 hectáreas de las 1’604.294 del Resguardo Mirití-Paraná, en donde viven 849 habitantes de los pueblos yukuna, matapí, tanimuka y letuama. En menor proporción están los barasana, macuna, miraña, cabiyari, uitoto, cubeo y yauna.

“Los viejos se estaban quedando solos, nadie se acercaba al mambeadero. Empezamos a buscar un apoyo para darle ánimo a los conocimientos. Nosotros teníamos ya un Plan de Vida del año 2000, pero ahora hay nuevas cosas que pasan. Bases militares cerca, o nuevos gobiernos y tenemos que saber qué hacer. El documento pone los acuerdos que ya entendemos, dados desde la creación. Los lagos, los animales, todo es orden territorial. Lo que hacemos es mostrar esos elementos culturales a través del documento (…) Es conectar la palabra espiritual a través de la palabra oral y escrita”, explica uno de los tradicionales.

El documento determina quiénes son los seres creadores y según las historias, qué zonas son de rebusque, cuáles son sagradas o intocables, dónde y qué se hace con las piedras, sabanas, salados y cananguchales, y qué reglas hay que cumplir para lograr un equilibrio cultural y ambiental. “Si estas reglas no se cumplen habrá escasez material, espiritual y productiva, generando condiciones precarias para la conservación de las especies, los ecosistemas y el bienestar en general”, se lee en el SOTA.

La decodificación de su tradición oral fue un trabajo exhaustivo. “Para hacer los mapas nos basamos en imágenes satelitales. Cuando un sabedor vio uno, nos señaló que faltaba un caño. Él nunca había estado allí, pero por su tradición oral sabía que había un cuerpo de agua. Al ver la imagen satelital de nuevo, el caño estaba ahí”, cuenta Francisco von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas, que apoyó la construcción del documento.

El SOTA, entre otras cosas, es estratégico porque la zona de Mirití conecta los parques Chiribiquete, el Resguardo-Parque Yaigojé Apaporis, el Parque Nacional Cahuinarí y el Parque Nacional Río Puré. Ahora, esa zona de transición tiene un plan de manejo ambiental que es explícito en su intención de proteger a toda costa esos ocho millones de hectáreas de corredor de selva amazónica.

En abril del año pasado, el Gobierno Nacional reconoció los gobiernos propios de 36 resguardos indígenas que ocupan 26 millones de hectáreas de territorio prácticamente intacto, que pertenece a los indígenas y estaban en un limbo jurídico de ordenamiento territorial que les impedía, en efecto, gobernar lo que es suyo por ley (de origen y nacional). El llamado “Decreto de Áreas No Municipalizadas”, que tardó 27 años en ser firmado, cobija solo a los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés y lleva a las asociaciones tradicionales indígenas a otro grado de formalización como Consejos Indígenas para tener mayores poderes políticos, administrativos, fiscales y judiciales sobre sus territorios.

Una de las condiciones para que ese decreto se ponga en marcha es tener un sistema de ordenamiento territorial actualizado. “Esto no se trata de que los indígenas sean el 2 % de la población y que tengan el 30 % del país, sino que es una corresponsabilidad de los gobiernos indígenas de cómo construimos Estado, y la única manera viable es con el gobierno propio. No es crear municipios, no es que los territorios indígenas se manejen desde Mitú. Es desde aquí”, explica Von Hildebrand.

Documentos como el SOTA —para el caso del Mirití— determinan cómo se va a gobernar prácticamente la mitad de la Amazonia colombiana, que a su vez es la mitad del país. Por ahora, los indígenas del Mirití deberán presentarles este documento tanto a los resguardos indígenas fronterizos como a las Corporaciones Regionales Autónomas, al DNP y demás entidades del Estado.

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