El pueblo que recibe luz solar gracias a espejos

Rjukan, una pequeña ciudad noruega que no recibe los rayos del sol durante seis meses, se ingenió un sistema para reflejar su luz.

Si alguien tuviese que hacer una lista de los proyectos más ingeniosos que han logrado sacar ventaja de las dificultades que imponen ciertas condiciones naturales, seguro aparecería ‘El sol espejo sobre Rjukan’. La idea, también llamada ‘Solpeil’, pertenece al artista Martin Andersen y estaría en ese escalafón por haber logrado un hecho sin precedentes: devolverle la luz a un pequeño pueblo noruego que estaba acostumbrado a vivir en las sombras durante seis meses.

Su proyecto, que fue inaugurado en octubre de 2013 y en el que trabajó alrededor de 10 años, volvió a ser recordado esta semana en Barcelona. Allí estuvo el artista noruego contando cómo su idea logró cambiarle la vida a 35 mil personas; cómo, pese al escepticismo, hizo que los rayos solares volvieran a caer sobre los habitantes con un mecanismo basado en tres espejos.

La idea de montar en una colina un espejo que pudiera reflejar el sol sobre el pueblo de Rjukan, en verdad había empezado a tomar formar a principios del siglo XX. Entonces Sam Eyde, fundador de la aldea, había imaginado un prototipo para que esos meses de invierno, en los que el sol no alcanzaba a llegar sobre las casas, se reflejara de alguna manera. Su plan, dado a conocer en 1913, consistía en hacer un ‘Solspeil’ (o espejo de sol) que proyectara la luz desde una colina.

Pero, según cuenta Andersen, su proyecto no caló y por más de cien años los habitantes de Rjukan tuvieron que seguir celebrando con una gran fiesta la llegada de los rayos solares, que desaparecían cuando llegaba octubre y regresaban a mediados de marzo. ¿La razón? Aquel lugar, ubicado frente al Gaustatoppen, una montaña de 1.883 metros, está en un profundo valle al que no llega la luz ni en otoño ni en invierno.

“El sol salía en la primavera y la gente corría a las colinas a por él”, recordó Andersen.

De hecho, en 1928 tuvieron que construir una góndola denominada Krossobanen que conectaba la zona con las montañas para que los pobladores pudieran transportarse hasta sus cimas y recibieran luz solar.

Pero en 2005 Andersen logró vencer todo el escepticismo tras retomar la idea de Eyde. En la parte escarpada de la montaña, a 742 metros sobre el nivel del mar y a 450 metros de la plaza de mercado, puso un heliostato dirigido inalámbricamente por un ordenador que captura los rayos solares y los dirige hacia el centro de Rjukan.

En total, el sistema consta de tres espejos que funcionar en energía eólica y solar. Cada uno tiene unos 17 metros de superficie y gracias al computador siguen los movimientos del sol. Los rayos que reciben los envían a la plaza formando a una elipse de 600 metros cuadrados.

“Me hizo muy feliz. Muchos estaban en contra del proyecto, muchos cuestionaban por qué gastar su dinero en esto. Técnicamente el proyecto no fue difícil. Lo difícil fue convencer a los habitantes del proyecto”, dijo Andersen a EFE Verde.

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