Entrevista con la bióloga Mariana Paschoalini Frías

El turismo, un riesgo para los delfines de río

Además de la contaminación de las aguas por mercurio, la construcción de represas y la cacería, las actividades turísticas sin un manejo especial amenazan las poblaciones de esta especie en Suramérica.

No es común ver delfines rosados obesos en su hábitat natural. No lo es, a menos que sea en alguno de los sitios turísticos que han empezado a proliferar en la Amazonia brasileña, en donde se permite alimentarlos para tenerlos cerca y tomarles fotografías. Ver delfines de río es la principal motivación de la mayoría de los viajeros que llegan a esa región cada año, pero el turismo descontrolado está afectando cada vez más a estas especies.

Aunque la principal problemática se vive en Brasil, investigadores colombianos temen que las prácticas se repliquen en nuestro país debido al gran potencial del turismo en torno a esta especie. De acuerdo con investigaciones de la Fundación Omacha, cada año llegan a Leticia y Puerto Nariño cientos de turistas en busca de los delfines, dejando ganancias de hasta US$8,3 millones.

Hablamos con la bióloga Mariana Paschoalini Frías, una de las investigadoras con más experiencia en delfines de río en la región y quien ha estudiado durante años los efectos del turismo en esta especie. Esta especialista estuvo en Colombia para embarcarse en la expedición “Un río, cuatro países”, liderada por la Fundación Omacha, Corpoamazonia, Sinchi y WWF, y la cual buscaba evaluar la población de delfines en el río Putumayo.

¿En qué momento la actividad turística termina convertida en una amenaza?

Cuando no se le da un manejo sostenible. En Brasil, por ejemplo, el principal atractivo turístico de la Amazonia es conocer al delfín rosado, sacarse fotos e interactuar con él. Esto tiene enormes efectos negativos: al darles de comer, los animales olvidan sus hábitos naturales, pierden la capacidad de pescar y engordan; además se puede generar competencia entre ellos por los alimentos y haber comportamientos agresivos con los turistas. Hay evidencias que demuestran que los delfines están dejando de socializar entre ellos y que en algunos casos se les caen los dientes al batir fuerte el hocico para comer lo que les dan. Al cebarlos, se interrumpe también la transmisión de comportamientos naturales de la especie.

¿Hay algún estudio que demuestre esta interrupción en la transmisión de información?

En 2013 y 2014 le hice un seguimiento riguroso a una hembra embarazada que siempre estuvo esperando los botes para recibir alimento. Al año siguiente, la hembra ya había tenido a su cría y ambos seguían en el mismo lugar. El proceso de transmisión de información no se dio y la madre no le enseñó a la cría a pescar. Si esto se repite con más poblaciones, el comportamiento natural se va a ir desvaneciendo y acabando. Hay algunos delfines que no acuden a las embarcaciones, pero hay muchos otros que se han habituado al contacto humano y están en semicautiverio.

¿Cómo se puede lograr un turismo que sirva como alternativa para las comunidades locales y al mismo tiempo permita conservar a los delfines de río?

Debemos promover buenas prácticas, reglamentos, infraestructura adecuada y códigos de ética, y también entrenar a las personas, turistas y nativos sobre cómo hacer observación responsable. Lo natural es observarlos, dejarlos expresarse y comportarse naturalmente, y evitar cualquier tipo de contacto. No se tienen que crear expectativas y vender planes turísticos para ver delfines como si estuvieran en un parque acuático. Hay que tener claro que los delfines son animales salvajes y los turistas están invadiendo su hábitat. Un turista está disfrutando de una especie que no todos pueden ver, eso ya es un privilegio y un motivo de satisfacción.

Además de las malas prácticas turísticas, ¿qué otros enemigos tiene el delfín de río?

La captura dirigida para usarlos como carnada para la pesquería de la mota es la amenaza más preocupante. La construcción de represas es otro problema porque fragmenta los hábitats y el ciclo migratorio, perturbando el ciclo reproductor de los animales que quedan atrapados y aislados. La minería también es una amenaza muy fuerte, por la contaminación con mercurio.

Los delfines de río en Suramérica están en estado de amenaza “vulnerable” o “en peligro”. ¿Qué se puede hacer para asegurar su conservación y uso sostenible?

A través de acciones conjuntas. Una sola persona no hace conservación. Hacer ciencia no es divulgar para los científicos, sino para todos los ciudadanos, para que conozcan dónde viven, su tierra, sus montañas, sus ríos, sus plantas y animales nativos. Así puedes crear una verdadera conciencia de conservación. Hace falta colaborar unidos estudiando, transmitiendo conocimientos, tomando decisiones. Son necesarios programas que integren la educación y la capacitación para todos los actores y crear alianzas con organizaciones como la Fundación Omacha y WWF, pero especialmente con las instituciones gubernamentales encargadas del ambiente, la pesca y el turismo en los países de la región.