El verde es el nuevo negro, o cómo la industria de la moda podría ser sostenible

Un informe de la Fundación Ellen MacCartney escarbó en los aterradores costos ambientales del sistema de moda actual y, tras analizarlo, propuso una forma de reformarlo.

La industria de la moda es responsable de emitir 21 veces más gases de efecto invernadero que la industria del transporte.Pixabay

¿Conoce el costo que tiene su prenda de vestir favorita? No, no el valor monetario: el verdadero costo, ese que deja en el planeta la siembra del algodón que luego se transforma en fibras que se tejen y crean la tela que después deberá teñirse con químicos y agua, que luego se confeccionará en algún lugar del mundo, y que luego deberá ser transportada hasta Colombia -o donde viva- para que usted la compre y la lleve en una bolsa que en el mejor de los casos será de cartón, y en el peor, de plástico.

Si bien resulta imposible calcular el valor exacto del costo medioambiental de esa prenda que tanto le gusta, es evidente que la industria de la moda tiene un serio problema: de acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur, se estima que cada segundo se quema el equivalente a un camión de basura lleno de ropa desechada. Esto quiere decir que mientras usted leyó la oración pasada, fueron quemados entre seis y siete camiones llenos de ropa que alguien decidió no usar más.

Y es que, en una industria en el que reutilizar es una vergüenza imperdonable (la idea siempre es tener “el último grito de la moda”), no es extraño que la mitad de la ropa fast fashion -tiendas como Zara, Bershka, Mango o H&M- tenga una vida de menos de seis meses. Además, cada año las fibras plásticas necesarias para producir la ropa terminan en el océano en una cantidad equivalente a 50.000 millones de botellas de gaseosa. En total, la industria recicla apenas un 1% de lo que produce, según datos de la Fundación Ellen MacArthur.

Y eso que esto es solo el final. Al retroceder hasta el inicio del ciclo de producción de la ropa, desde los fertilizantes para sembrar el algodón, el agua necesaria para regar los cultivos y hacer las telas –93.000 millones de metros cúbicos de agua al año–, pasando por los químicos necesarios para teñir la ropa y los derivados del petróleo necesarios para hacer algunas fibras artificiales; es posible entende porqué la industria de la moda emite 21 veces más CO2 que la industria del transporte del mundo.

Una monstruosidad guardada en nuestros closets.

Por eso, Ellen MacArthur, quien en 2010 creó una fundación con su nombre que promueve la economía circular, o economía de la reutilización; se alió con la diseñadora Stella McCartney para lanzar el reporte “A new textiles economy: Redesigning fashion's future” (Una nueva economía de los textiles: rediseñando el futuro de la moda).

En el reporte, la Fundación de MacArthur propone un nuevo modelo para dejar atrás el actual -y perverso- paradigma de la moda: producir- usar (en ocasiones menos de diez veces) – desechar. Según la filántropa, el modelo propuesto en el documento “ofrece beneficios tanto económicos como sociales y medioambientales”.

Para Stella McCartney, es clave que toda la industria trabaje junta para rediseñar la forma como funciona. El reporte, si viene es apenas una declaración de intenciones, es un buen ejemplo de esa articulación: para su realización MacArthur se alió con fichas clave como H&M, Lenzing, y NIKE Inc., así como otras 40 marcas de moda, ong’s, entidades públicas y expertos.

La industria de la moda puede ganar más si se atreve a ser sostenible

Muchas veces, quienes manejan los engranajes de las grandes industrias deciden dejarlos intactos pues cambiar implicaría perder dinero. Y, para una industria de $300 billones de dólares, ganar menos no es una opción. 

No obstante, un informe publicado en 2016, llamado “El Pulso de la Moda” señaló que si esta industria continúa actuando como lo hace ahora para 2030 podría ver reducidas sus ganancias hasta en un 3%, antes del cobro de impuestos e intereses.

Por el contrario, según el reporte de la Fundación MacArthur, si para ese mismo año la industria decide reutilizar sus desechos y cambiar algunos pasos en su cadena de producción, podría hacer USD$192.000 millones adicionales.

Eso, sin contar los beneficios medio ambientales que esto traería para todos los habitantes del planeta: de no cambiar, para el año 2050 esta industria sería la culpable del 26% del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero, de acuerdo con el informe “El Pulso de la Moda”.

¿Cuál es entonces la propuesta?

La idea de la Fundación y sus colaboradores es crear un nuevo ciclo de cuatro pasos. Primero, proveerse de recursos sostenibles, lo que implica desarrollar nuevos materiales para reemplazar el plástico, por ejemplo.

Segundo, “transformar la manera en que la ropa es diseñada, vendida y usada para despojarlas de su naturaleza cada vez más desechable”. Apostarle a promover el alquiler de prendas es una idea que da el informe. Además, el informe propone que tanto las prendas, como las telas usadas mantengan el máximo valor posible durante su uso, haciéndolas cada vez más personalizadas.

El tercer paso sería que y que, una vez cumplan su ciclo, puedan re ingresar en la industria como segunda mano, o para otro tipo de usos. Al no terminar quemadas en algún basurero, estas prendas -que deberán ser de mayor calidad- podrían llegar a personas que hoy, por lo injusto del sistema de la moda, no tienen acceso a prendas durables ni de calidad.

Por último, el reporte propone “hacer un uso efectivo de los recursos y moverse hacia el uso de materias primas renovables: cuando estas materias se necesiten y no puedan sacarse de reciclables, deben estar hechas con fibras que no sean plástico y de una agricultura regenerativa”.

Los escritores del informe no son ingenuos: saben que lograr esta tarea requiere un compromiso y coordinación nunca antes hecho por esta y probablemente por ninguna otra industria. Pero Ellen MacArthur fue clara durante el lanzamiento del mismo, en Londres: “El sistema actual es totalmente desactualizado y pasado de moda”.