La empresa que transforma basura en dinero

Una pareja de esposos creó una iniciativa para que los campesinos intercambien residuos por alimentos. Buscan disminuir el daño ambiental e incidir en la nutrición de los pobladores.

Los niños pueden llevar juguetes, libros y ropa vieja a cambio de Emulsión de Scott, cola granulada, vitamina C o cereales. Fotos: Cortesía Unreasonable Lab

Yaneth Bocarejo y Carlos Julio Hernández son los creadores de Bancalimentos, o, como ellos lo explican, “de la única banca alimentaria integral que soluciona los problemas de la población vulnerable y campesina de Boyacá y convierte residuos sólidos en alimentos”.

Ambos llegaron a Cartagena desde Zetaquira (Boyacá), un municipio que queda a siete horas de camino de Bogotá, para participar en un laboratorio de emprendedores llamado Unreasonable Lab. Este programa busca acelerar, en cinco días, a empresarios en etapa temprana que quieren solucionar problemas sociales y ambientales. Como explican en su página web, está diseñado para ayudar a que los empresarios identifiquen los supuestos fundamentales de su negocio, diseñen prototipos para sus clientes y tengan una retroalimentación de mentores que ya son emprendedores exitosos.

Según datos del Foro Económico Mundial, Colombia ocupa el cuarto puesto en el listado de países con mayor número de emprendimientos innovadores en fase inicial, después de Chile, Dinamarca y Sudáfrica. Por otro lado, el reporte de Global Entrepreneurship Monitor sostiene que Colombia es el primer país en cuanto a la intención de su población de crear nuevas empresas.

En el caso de Yaneth y Carlos Julio, la idea de crear Bancalimentos nació el 30 de junio de 2014 por una motivación especial: su lucha constante para alimentar a sus seis hijos y conseguir un empleo en el sector rural que les diera ingresos y les permitiera tener una buena calidad de vida.

Yaneth es bogotana y se crió entre Ciudad Bolívar y Cazucá. Conoció a su esposo, Carlos Julio, en Facatativá, cuando trabajaban en cultivos de flores. Cansados de los problemas de salud que les traía este negocio, crearon sus propias empresas. “Aprendí cómo no hacer empresa cinco veces, porque en todas fracasé”, comenta Yaneth.

Se fueron a Boyacá decepcionados y aburridos, jurándose que nunca más iban a emprender. Pero la falta de oportunidades, la desesperanza de los campesinos que se suicidaban porque no había qué comer y ver a los jóvenes huyendo del campo a la ciudad sin incentivos para trabajar la tierra los hicieron tomar una decisión. “Es lo más normal que la gente en el campo se suicide. Las mamás tienen más fungicida para el pasto que comida y, en un momento de desesperanza, les queda más fácil tomárselo”, cuenta Carlos Julio.

Ninguno era bachiller, pero Yaneth devoraba los libros de Wall Street, de marketing y de ventas inteligentes. Así crearon un modelo de negocio que tuviera productos y servicios financieros, que ayudara a los campesinos a nutrirse mejor y que, de paso, fuera amigable con el medioambiente. Y, lo más importante, según Yaneth, que no se pudiera fiar, porque eso los había quebrado antes.

Empezaron como una tienda en Zetaquira y hoy tienen 12 puntos en zonas rurales y de páramo en Boyacá, 2.500 campesinos suscritos y 12 empleados fijos. Ofrecen los productos básicos de la canasta familiar: medicamentos, insumos agropecuarios, lámparas solares, agua potable y preservativos, a cambio de basura.

¿Cómo funciona en la práctica? Hay una tabla que les dice el valor de los residuos por gramos. Esos gramos se convierten en dinero que les llega inmediatamente a los campesinos a sus celulares a través de una alianza que hicieron con Davivienda. Con ese dinero la persona decide si compra productos alimentarios, lo redime en minutos para celular, paga servicios o adquiere el seguro nutricional, que vale $1.500 mensuales y garantiza que si la persona o algún familiar se enferma tiene $16.000 diarios en alimentos.

“Ese seguro nutricional es nuevo y es único en el mundo. Opera como el de la moto o el del carro, sólo que no se paga con plata sino con los residuos de la casa, incluyendo ropa, aceite quemado, plátano dañado”, explica Yaneth. Por el momento, lo único que no pueden recibir de basura son vasos desechables, pañales, toallas higiénicas y bolsas metalizadas como las del chocolate, el café o los paquetes, porque tienen otro proceso de transformación.

En realidad, como afirman sin titubeos sus socios y fundadores, no necesitan clientes porque se trata de un negocio redondo. A la comunidad le dan una perspectiva diferente de cómo tratar los residuos sólidos que antes quemaban o tiraban a los potreros y quebradas, y existe, por otro lado, una retribución económica que eleva los ingresos para poder comer. “Y dígame, ¿qué campesino no quiere cambiar basura por comida o por plata?”, pregunta Yaneth.

Para ella y su esposo, Bancalimentos es una muestra de que los pobres son más y que desde la base de la pirámide se puede innovar para un mercado mayorista inexplorado. Hoy la empresa tiene nueve formas de ingreso, entre inversión crediticia, venta de productos, ingresos por publicidad y una fundación.

Ahora que ya tienen toda la estructura montada necesitan los inversores que extrapolen el negocio y lo hagan más robusto. De hecho uno de los planes, comentan, es adaptar el modelo a zonas urbanas y trabajar con las 100.000 viviendas gratis propuestas por el Gobierno Nacional para que encuentren la solución al problema de los residuos sólidos.

Esta idea ya ha ganado varios premios: el premio Beatriz Linares a nivel nacional, como mejor proyecto en torno al reciclaje; el Ventures, como mejor iniciativa para salir de la pobreza, y en la cumbre Cenit de México, un reconocimiento especial como mejor desarrollo social.

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