Equilibrio y reciprocidad, el secreto de la salud del territorio

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Una reflexión indígena en tiempos de pandemia.

Los indígenas amazónicos somos hijos de la anaconda, del jaguar, del agua y del oxígeno. Para nosotros, el territorio, el conocimiento, el pensamiento, la palabra y nuestra existencia están completamente ligados. La biodiversidad de la Amazonía representa nuestra propia abundancia y en ese mismo camino, las amenazas que vive también son nuestras.

Proteger la diversidad de nuestro territorio es proteger la diversidad cultural de las comunidades originarias de esta gran región que alberga el mayor número de pueblos indígenas en el mundo. Sólo en Colombia somos 64 pueblos y hablamos cerca de 50 lenguas distintas.

Sabemos que en los tiempos de enfermedad, la contaminación del aire no todo el mundo la puede ver. No es como la del agua que todos podemos notar. Nosotros entendemos la enfermedad como un desequilibrio, un vacío o algo que altera el orden, y puede ser algo tan pequeño pero insistente -como una garrapata o un jején- que no lo deja tranquilo a uno hasta que no se cure la raíz.

Irrespetar la diversidad es una forma de generar desequilibrio y nuestro mensaje es que este desbalance que vivimos crea una oportunidad para despertarnos, para volver a nuestros orígenes y ubicarnos nuevamente. Porque se nos suele olvidar que todo ya tiene su lugar, su sitio, y que antes ya hubo otros seres asentados en esta tierra.

Nosotros somos la cuarta generación, o como dice mi papá, los “cuaternadultos” en esta vida humana, y este tipo de enfermedades grandes son producto de una alteración o manipulación del hombre a ese ordenamiento territorial ancestral.

Para el momento que vivimos ahora en nuestros territorios indígenas adaptamos nuestras actividades según la palabra de consejo. Esta es una forma de confirmar que escuchamos a nuestros ancestros, obedecemos la ley de origen y tenemos la capacidad de actuar buscando el bien general y no el personal. Todo lo hacemos de acuerdo al calendario cultural que nos fue entregado con el territorio.

Como forma de prevención, madrugamos y preparamos los alimentos necesarios, preferiblemente los cultivados; los que están protegidos por la tierra como los tubérculos, las diferentes variedades de mafafa, ñame, batata y otras hortalizas propias.

También colgamos en las puertas hierbas frías como la albahaca para ambientar, ellas enfrían y endulzan las enfermedades que están en el aire. Si las mujeres y los niños deben ir a la chagra, antes de las diez deben estar de regreso en la maloca. Como todos compartimos el espacio, siempre limpiamos los caminos a los caños y quebradas donde nos bañamos.

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas es una oportunidad para recordar nuestro profundo vínculo con el territorio y la buena salud que no es otra cosa que respetar y cuidar; tal como lo hacemos con las chagras, un espacio dispuesto para los cultivos donde hay una relación entre las plantas, la tierra, los ciclos de producción y todos los seres que compartimos el territorio.

Creemos que protegernos unos a otros significa resguardar toda esa diversidad de la que hoy disfrutamos: abundancia de semillas, de alimentos, animales y de plantas medicinales. Al final, así como en la selva la uva caimarona (que es dulce) puede crecer al lado del chontaduro (que es espinoso) y también del barbasco (que es venenoso), sabemos que en la naturaleza hay lugar para todos. El secreto está en mantener el equilibrio y la armonía, a través del respeto, la reciprocidad y el agradecimiento por todo lo que existe. Por eso decimos ¡nuestra salud es la salud de la Amazonía!

* Indígena murui-muina (uitoto), expresidente del Consejo Regional Indígena del Medio Amazonas (CRIMA), asesor de la OPIAC y Fundación Gaia Amazonas

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