Escuderos del bosque seco tropical caribeño

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Jardín Botánico de Cartagena, premio BIBO 2020 en la categoría Guardianes del agua y el suelo.

La motivación de llenar un espacio vacío que los grupos de investigación han dejado en el estudio de la biodiversidad del Caribe colombiano es lo que impulsa las labores del Jardín Botánico “Guillermo Piñeres” de Cartagena. (Puede leer: Asocaimán: de cazadores a guardianes del caimán aguja)

Entre ires y venires, por más de 40 años, este lugar ha dedicado sus días a proteger y promover el cuidado de las biotas por medio de un rango de acción que cubre el Caribe continental e insular y que llega hasta el Urabá antioqueño y la serranía de San Lucas. De hecho, la preocupación del Jardín Botánico radica recientemente en que tienen proyectado que el bosque seco tropical estacionario puede entrar al top 10 de los ecosistemas más amenazados en el mundo.

Su director, Santiago Madriñán, insistió en que Colombia tiene un déficit de centros de investigación para proteger a estos bosques y que si las políticas públicas y ambientales en torno a sus cuidados no se focalizan, en un corto o mediano plazo podría haber graves consecuencias para su fauna y flora.

“En el país se conoce poco sobre la biología del bosque seco tropical y sus protocolos de propagación. Esto es un problema delicado, pero nosotros como centro de investigación queremos aprovechar esta condición para trabajar en estos escenarios a lo largo del Caribe, queremos multiplicar conocimiento”, agregó Madriñán.

Un valor agregado que ofrece el Jardín Botánico de Cartagena es que busca un diálogo participativo y enfocado en lo pedagógico, para fomentar el monitoreo de la biodiversidad de estos bosques en las comunidades que tienen impacto directo sobre ellos.

De hecho, por este motivo, el Jardín Botánico cuenta con un vivero de investigación, en el que se desarrollan paquetes tecnológicos para una comprensión más detallada de las especies nativas de ese ecosistema y rastrear cuándo florecen y cuándo se producen frutos. (Lea: Reconfigurar la Mojana: nueva vida para la arquitectura rural)

En relación con lo que llevó a esta iniciativa de cuidado al premio BIBO en la categoría Guardianes del agua y el suelo, es preciso acotar que fueron sus logros en sostenibilidad, materializados en números, los que hicieron de la conexión y propaganda participativa del bosque seco tropical en los Montes de María un éxito rotundo.

El Jardín Botánico de Cartagena logró la capacitación de 155 personas en talleres de botánica, viverismo y conservación de la biodiversidad, para cultivar 20 mil plantas nativas del bosque tropical. A su vez, se intervinieron 161 hectáreas de bosque para su restauración, dándoles prioridad a las cuencas de arroyos y quebradas.

El centro de investigación consolidó de manera efectiva un aislamiento con cercamiento a más de 7.300 plantas sembradas en los espacios de bosque, que fueron importantes a la hora de educar para la conservación participativa y lograr un cometido socioecológico de alto impacto en esta subregión caribeña. (Lea también: “Un caso de reparación”: Un proyecto de revisión histórica y humanidades digitales)

Este tipo de iniciativas también dejaron lecciones en materia investigativa. Según explicó Santiago Madriñán, “el conocimiento sobre este ecosistema no se puede quedar en los anaqueles, sino que debe ser apropiado y querido por los ganaderos y campesinos de la región”. También este proyecto de divulgación rompió barreras para clarificar, por ejemplo, concepciones erradas sobre los intereses comunitarios por parte de organizaciones privadas, que tuvieron que abordarse y resolverse para vincular objetivos comunes frente a recursos de uso común en la zona del distrito de riego de El Playón y Matuya.

Este proyecto, sin duda, es algo que se espera que tenga alta recordación y que se replique en otras zonas del país con estas necesidades.

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