Estados Unidos vuelve al Acuerdo de París y entraría al COVAX

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Uno de los primeros actos oficiales de Joe Biden como presidente de Estados Unidos fue regresar el Acuerdo de París. Tardará 30 días en hacerse vigente.

Como uno de sus primeros actos oficiales, el ahora presidente Joe Biden firmó el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París después de que el saliente Donald Trump retirara a ese país del acuerdo mundial firmado en 2015 que busca frenar la crisis climática y lograr que la temperatura mundial no aumente más de 1.5°C.

De acuerdo con MSNBC, Biden también bloqueará el oleoducto Keystone XL, un proyecto duramente disputado que traería grandes cantidades de petróleo de Canadá a los EE. UU. Para ser refinado, y detendría la perforación de petróleo y gas en Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, dos vastos monumentos nacionales. en Utah, y el desierto del refugio nacional de vida silvestre del Ártico. También se revisará la decisión de la administración Trump de reducir las áreas protegidas de Bears Ears y Grand Staircase-Escalant, según The Guardian.

Volver al Acuerdo de París tomará 30 días e implica que uno de los grandes emisores de Gases de Efecto Invernadero vuelve a comprometerse para combatir la crisis climática. De acuerdo con AFP, después de cuatro años de presidencia de Donald Trump, los expertos consideran que el demócrata deberá restaurar la credibilidad de Estados Unidos en el escenario internacional proponiéndose objetivos concretos con miras a lograr la neutralidad de carbono para 2050.

Para ello, Biden planea reunir a los líderes de los países más contaminantes para una cumbre donde pretende convencerlos de hacer más ambiciosos sus compromisos medioambientales. “Es importante que Estados Unidos demuestre que está decidido, y especialmente en casa”, dijo David Waskow, del World Resources Institute, un centro que aboga por que Estados Unidos establezca una reducción del 45% al 50% en las emisiones totales de gases de efecto invernadero para 2030 respecto de los niveles de 2005.

La nueva administración planea imponer límites estrictos en materia de metano para las nuevas infraestructuras petroleras y gasíferas, dijo al sitio de noticias Vox un portavoz del equipo de transición del presidente electo, Jamal Brown.

Existen de entrada muchas medidas al alcance del demócrata para reparar el daño ambiental causado por su predecesor. Estas incluyen el reingreso al acuerdo de París -un proceso de 30 días desde que Estados Unidos envía una carta a la ONU manifestando su voluntad de volver-, y desmontar el oleoducto Keystone XL, que conecta las arenas bituminosas de Alberta con las refinerías de las costas de Texas.

Puertas adentro, Biden puede restablecer una serie de regulaciones ambientales eliminadas por Trump que van desde las emisiones de los automóviles hasta la contaminación atmosférica industrial. También puede establecer nuevos estándares de conservación, como el de declarar reserva el 30% de la tierra y el agua de Estados Unidos para 2030.

El presidente demócrata presentará al Congreso el próximo mes su plan de 2.000 billones de dólares que promete “enfrentar la crisis climática, construir una economía basada en energías limpias, abordar la injusticia ambiental y crear millones de empleos sindicales bien remunerados”.

Las medidas son muy similares al “green new deal” o “nuevo pacto verde” defendido por el ala progresista del Partido Demócrata. Y es allí donde las cosas corren el riesgo de complicarse: el Partido Demócrata ejercerá un control muy frágil en el Senado y puede tener que hacer frente a posiciones contrarias y protestas.

“El desafío será reunir a los republicanos en torno a un proyecto de infraestructura de energía limpia que pueda reducir significativamente las emisiones estadounidenses”, dijo a AFP Paul Bledsoe, asesor climático del expresidente Bill Clinton y experto del Progressive Policy Institute.

Pero incorporar plenamente la acción climática a la forma en que se construye la economía es lo que la convertirá en una agenda “sostenible”, dijo Waskow. Los desafíos políticos y técnicos son importantes, y Biden estará bajo presión para no reducir demasiado rápido los combustibles fósiles, especialmente el gas natural, que ha ayudado a Estados Unidos a bajar las emisiones durante una década y que es considerada una energía de transición esencial. Pero también llega en un momento en que el cambio climático muestra registros récord, y buena parte de la opinión pública estadounidense quiere ver acciones inmediatas.

Estados Unidos se uniría al Covax

Por otro lado, el secretario de Estado designado, Tony Blinken, anunció en una audiencia de confirmación el martes que el presidente electo Biden llevaría a los Estados Unidos a la iniciativa COVAX, el Fondo de Acción Global para el Acceso a Vacunas liderada por la Organización Mundial de Salud.

De acuerdo con el portal de noticias climáticas Axios, prácticamente todo el mundo se ha suscrito a COVAX, a excepción de Estados Unidos y Rusia. Se espera que sea la única fuente de vacunas para algunos de los países más pobres del mundo, y necesita fondos adicionales para cumplir su objetivo de vacunar al menos al 20% de la población en todos los países para fines de 2021.

Ayer, Biden anunció un “Plan de Rescate Estadounidense” de 1,9 billones de dólares para “cambiar el curso de la pandemia”, el presidente electo Joe Biden proporcionó hoy más detalles sobre cómo su administración abordará lo que llamó el “lamentable fracaso” de la vacuna COVID-19. implementación, reabrir las escuelas de manera segura para marzo y aumentar la vigilancia para rastrear dónde se está moviendo el SARS-CoV-2 y cómo está mutando.

“Mientras más personas vacunemos y más rápido lo hagamos, antes podremos dejar atrás esta pandemia”, dijo Biden en un discurso por la tarde. Casi simultáneamente, el presidente electo reveló miembros clave del equipo científico de su administración, muchos de los cuales serán fundamentales para el plan.

El dinero para el COVAX sale de los Estados que van a consumir las vacunas; el COVAX ayuda con dinero y con redes entre ellos. Por ejemplo, los países de renta media-alta –como Colombia– hacen el pago anticipado de un número determinado de dosis de una o varias de las vacunas que se están desarrollando. Por su parte, los países de renta media-baja cuentan con dinero subsidiado por diversas organizaciones mundiales (lo que significaría que Estados Unidos invertiría en Covax).

Las vacunas serían para los países que formen parte del mecanismo, repartidas de forma equitativa. El primer lote debería alcanzar para vacunar al menos al 3 % de la población de los países unidos, empezando por la población prioritaria: personal de salud y adultos mayores.

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