Fenómeno de La Niña, ¿qué tan cierta es su llegada?

Aunque en las últimas semanas varios medios han pronosticado su inevitable llegada, este fenómeno aún no se ha consolidado. Lo que ocurre hoy en Colombia se debe a una temporada de lluvias generada por otros factores.

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Los primeros días de diciembre de 2010 el recién nombrado presidente Juan Manuel Santos pronunció un discurso, luego de que una parte del Caribe colombiano quedara inundado por los fuertes aguaceros que ocasionó el fenómeno de La Niña. “Los damnificados de esta ola invernal son cuatro veces o más que los del terremoto del Eje Cafetero en 1999. Hay más de 200 compatriotas muertos por causa del invierno, y más de 100 desaparecidos que podrían haber fallecido también. Al menos 277 mil viviendas han sido destruidas o averiadas. Más de 200 mil hectáreas de cultivos están bajo el agua, y por lo menos 40 mil reses han muerto ahogadas”, era el balance hasta ese momento. La Niña de ese año quedó registrada como uno de los peores desastres naturales en la historia de Colombia.

Varias de las imágenes de lo que ocurrió en el 2010 han sido revividas por algunos medios de comunicación en los últimos días. “Hará sentir sus efectos durante varios meses”, “La Niña está de vuelta”, son algunas de las frases con las que se ha alertado a la audiencia. La mejor muestra de que el fenómeno ya está aquí, dicen, es la fuerte temporada de lluvias que está viviendo el país.

Pero, ¿debería el país preocuparse como hace siete años? A los ojos de Christian Euscátegui, jefe del Servicio de Pronósticos y Alertas del Ideam, hoy las condiciones oceánicas y atmosféricas son muy distintas. A su parecer, ha habido mucha especulación. “Es un poco irresponsable hacer esas afirmaciones sin tener ningún criterio técnico y sin tener ninguna comprobación”, dice. A Euscátegui le inquieta que se empiecen a disparar alarmas sin que exista todavía una confirmación del fenómeno sin que haya aún un alto nivel de certidumbre.  

Uno de los puntos que pudo haber generado confusión fue un boletín que publicó hace más de una semana la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos. En él aseguraba que hay entre un 65% y 75% de probabilidades de que La Niña se consolidara. Pero en meteorología y en la predicción del clima las proyecciones no siempre son fáciles de calcular y en el medio hay muchos factores que las complican. Por ejemplo, la Bureau of Meteorology, agencia meteorológica del gobierno australiano, que también es fuerte en hacer modelos predictivos, publicó unos días antes que la NOAA un comunicado asegurando que las posibilidades de una Niña eran del 50%. “Pero no se espera una repetición de lo que sucedió en 2010 – 2011”, era una de sus conclusiones. Es decir, era un cara y sello.

Sin entrar a fondo en los detalles técnicos, hay dos cosas esenciales que se necesitan para que exista La Niña. Una es que se presente un enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico. Otra, que se fortalezcan los vientos del este. Hay indicios claros de la primera, pero la segunda aún no se ha presentado de forma definitiva, pues ha sido fluctuante. Además, para decir con certeza si se desarrolló ese fenómeno, esa condición de enfriamiento tendría que durar unos cinco meses en total. Hasta el momento lleva uno.

¿Podemos, entonces, decir que llegó La Niña? Depende. Con estos datos, para Suramérica sigue siendo una probabilidad que hay que manejar con pinzas. Las consecuencias no son las mismas en este lado del mundo que en Norteamérica o Australia y los científicos prefieren tener más cautela antes de hacer anuncios. Como explica Euscátegui, es una posibilidad que, de concretarse, no tendrá repercusiones significativas en el clima colombiano. En esta ocasión se trata de un fenómeno débil y su incidencia no sería notable. El de hace siete años que fue largo y fuerte. El actual, si lo hay, ni siquiera llegará a moderado.

La gran pregunta, ahora, es si los aguaceros de estos días corresponden a esa probabilidad de la llegada de La Niña. La respuesta es no. Colombia atraviesa por una temporada de lluvias que es habitual en esta época del año. Las condiciones que las generan son muy distintas. Entre ellas está el “ingreso de humedad por la Orinoquia y la Amazonia; vientos anómalos en superficie y en altura; y frentes en hemisferio norte que han bajado en términos de latitud generando sistemas de baja presión en el Caribe”, dice Euscátegui. Para él, una prueba de la incidencia de los aspectos meteorológicos en la temporada regular de lluvias, es justamente lo sucedido los pasados martes y miércoles. "Estos sistemas han perdido fortaleza e incidencia y con ello se ha presentado una 'tregua' en las lluvias, Sin embargo, esto no significa que la temporada haya terminado".

¿Quiere decir esto que el país puede bajar la guardia frente a las acciones de mitigación? No. La experiencia le ha demostrado a Colombia que, por la falta de planeación, tiene muchos puntos vulnerables y hay cientos de personas en riesgo. Como lo muestra el último boletín de alertas del Ideam, que seguirá estudiando el fenómeno con lupa, varios municipios han presentado incrementos súbitos de ríos y arroyos, y algunas regiones tienen una alta probabilidad de deslizamientos de tierra, justamente, por acción de las lluvias.

El Urabá Antioqueño, los ríos del Cauca y del Valle del Cauca, los ríos del Catatumbo, la cuenca media del Magdalena, los ríos San Juan, Timbiquí, Baudó, río Quito y Bojayá, son algunos de los que están en la categoría de alerta roja. En esa misma clasificación, pero por probabilidad de deslizamiento, se encuentran varios municipios de las regiones Andina, Pacífica y Orinoquía.

También hay puntos clasificados bajo la categoría de alerta naranja. La cuenca del río San Jorge; los ríos de Bolívar y Sucre; los ríos Ranchería y Tapias; los afluentes del río Atrato; los ríos de montaña de Antioquia; los ríos de Cundinamarca y Boyacá; los ríos Suárez, Carare, Opón y Lebrija; los ríos del Eje Cafetero; así como en los ríos del piedemonte llanero, tienen probabilidad de presentar incrementos súbitos.

En otras palabras, así no haya Niña, el país no puede bajar la guardia. Hace menos de un mes el Servicio Geológico Colombiano había ratificado la advertencia con un exhaustivo estudio que mostraba un completo mapa nacional de deslizamientos. Su conclusión era contundente: el 22% de Colombia está clasificado en la categoría de “susceptibilidad alta”.

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