Francisco, el papa verde

Ayer el Vaticano publicó la esperada encíclica sobre medio ambiente. Un documento que no sólo promueve el cuidado del planeta, sino que llama a la acción para frenar el uso de energías fósiles.

En la presentación de la encíclica intervinieron el cardenal Peter TurksonM, el metropolitano de Pergamon, John Zizioulas y el profesor John Schellenhuber, director del Instituto de Postdam para la investigación del Impacto Climático. / EFE

Francisco es un papa político. A comienzos de esta semana se reunió con el presidente Santos para expresarle su respaldo al proceso de paz. Participó en los acercamientos entre Estados Unidos y Cuba que el 17 de diciembre de 2014 anunciaron el deshielo de sus relaciones. Consiguió que el presidente de Israel, Shimon Peres, y el palestino, Mahmud Abás, se sentaran a la misma mesa en junio del año pasado. Y ahora publicó una encíclica ambiental que invita a eliminar el uso de energías fósiles y a conseguir un acuerdo ambicioso por el clima en la Cumbre de las Naciones Unidas (COP 21) que se realizará en París a finales de este año.

La encíclica de 192 páginas que lleva por nombre Laudato Si: Sobre el cuidado de nuestro hogar compartido llega en un momento crucial. No es gratuito que salga a la luz este año, cuando en diciembre se reunirán líderes de 190 países para ponerle freno al calentamiento de la Tierra. Tampoco que se haga pública antes de su reunión con Barack Obama en el Congreso de Estados Unidos con un discurso ante la Asamblea General de la ONU.

El documento es una reflexión que une la razón y la ciencia con la moral y la ética. Pero que, además, por primera vez, invita a la acción a los más de 1.200 millones de católicos del mundo y a personas de todas las religiones. “La Tierra, nuestro hogar, está empezando a parecerse cada vez más a un inmenso montón de suciedad”, escribió el papa Francisco en su cuenta de Twitter.

De hecho, los seis capítulos de la encíclica son pragmáticos y hablan, entre otros temas, de la eliminación de las energías fósiles y el reemplazo por las renovables, del fracaso de las negociaciones sobre cambio climático que no han logrado acuerdos vinculantes entre los países, del rechazo al comercio de carbono por considerarlo una nueva forma de especulación que no ayudaría a reducir la emisión de gases contaminantes, de la negación al control de la población, pues no soluciona el problema de consumo y del acceso al agua potable en todo el mundo.

Así que el texto es el ejemplo perfecto para explicar el cruce de mundos que parecen tan distantes como el de la ciencia, el de la economía, el de la política y el de la religión. Para tres líderes religiosos, el cardenal Onaiyekan, arzobispo de Abuya (Nigeria); el rabino David Rosen, de Irlanda, y el musulmán Din Syamsuddin, presidente de la indonesia Muhammadiyah, los hechos hablan por sí solos. “Aceptamos el abrumador consenso científico de que el calentamiento global proviene de la actividad humana. Como lo vemos, no hay ningún conflicto entre la fe y la razón”, sostuvieron.

Lo planteado por Yolanda Kakabadse, presidenta de WWF, va por esa misma línea: “El mensaje del papa Francisco incluye una perspectiva moral muy necesaria para el debate climático. El cambio climático no es más un asunto exclusivamente científico; es un problema moral y ético creciente. Afecta las vidas, los medios de subsistencia y los derechos de todas las personas, especialmente de los pobres”.

Para Germán Andrade, subdirector del Instituto von Humboldt, los ambientalistas vieron con buenos ojos el pronunciamiento del pontífice. “El papa no está diciendo nada nuevo porque la encíclica se apoya en documentos de validez científica que tienen años. Lo novedosos es que lo diga él. Creo que los ambientalistas lo tomarán como un aval de sus conocimientos, pero desde luego es un discurso dicho teológicamente con datos científicos”.

La idea también es respaldada por algunos líderes religiosos colombianos, pues, como lo afirmó el arzobispo de Medellín, Darío Jesús Monsalve, el tema que el papa puso sobre la mesa se analizó con asesoría de expertos y es un llamado a la acción. “Nos han pedido hacer jornadas de estudios y foros para interesar a la gente sobre el tema de la Tierra, los recursos y el agua. La idea es ser una voz desde la montaña que convoque tanto a creyentes como no creyentes a aprender sobre el cuidado de las corrientes hídricas, la arborización y el aire limpio”, explicó el religioso a El Espectador.

Sin embargo, aun cuando parece haber consenso respecto al deterioro que sufre el planeta, entre los católicos estadounidenses las opiniones sobre el calentamiento global están divididas. Una encuesta de Pew Research mostró que los republicanos católicos ven los hechos científicos con profundo escepticismo. La encuesta dice que el 71% de los católicos de Estados Unidos creen que la Tierra se está calentando, pero sólo el 47% creen que los seres humanos son la causa y que sea un problema grave.

Lo cierto es que, pese a las divisiones que provoca la encíclica, los discursos religiosos y científicos se alinearon. Ahora el comentario inocente sobre salvar a la Tierra es un asunto que reúne a políticos, activistas y, hoy, católicos del mundo entero.