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La producción aumenta en un 17 %

Ganadería sostenible: un as bajo la mano que nadie ve

Si bien apenas está despegando, un modelo que concilie lo económico, social y ambiental podría representar un futuro brillante para la ganadería lechera del país.

Ganadería sostenible se traduce en predios llenos de cercas vivas al lado de los riachuelos, árboles sembrados y corredores de biodiversidad. / Fotos: Propaís

“Esto es como conocer un truco de magia. Cuando uno no sabe y ve el truco de magia, uno dice ‘¿pero cómo? ¡es imposible! ¿cómo hacen esto?’”, dice Fernando Ruiz, un ingeniero forestal que participó en una misión sin precedentes en el país. La misión, financiada por la Unión Europea y ejecutada por Propaís, con las directrices del Ministerio de Agricultura, investigó ese “truco de magia”, que ya empezó a llegar hasta las ganaderías del país: la ganadería sostenible.

En pocas palabras, la ganadería sostenible es una forma de producción de carne y leche que pretende renovar las ganaderías tradicionales. “En un predio con ganadería sostenible, la producción lechera no riñe con su entorno natural, sino que, por el contrario, utiliza la capacidad ambiental del predio para producir más y mejor leche”, explica Ruiz.

Mejor dicho: se trata de predios ganaderos que en lugar de pastizales extensos y a pleno sol, se llena de cercas vivas al lado de los riachuelos, se siembran árboles y, fuera de eso, crean corredores de biodiversidad que atrae aves, insectos y hasta mamíferos. Todo esto, produciendo más leche con menos vacas.

Luis Fernando Salcedo, quien dirigió la misión que durante seis meses recorrió el país, cuenta que los resultados son asombrosos. Las fincas lecheras, por ejemplo, lograron recuperar los predios a tal grado que, con menos vacas, los campesinos incrementaron en un 25 % su producción de leche. “Además, encontramos que era una leche con mejor calidad”, dice.

Tras bambalinas

Para entender el truco, los seis integrantes de la misión (Luis Fernando Salcedo, Martha Méndez, Juana Arango, Juan Rafael Restrepo, Heli Arenas y Fernando Ruiz) evaluaron los factores de éxito de 20 casos ya existentes de ganadería sostenible en el país en ocho departamentos.

Uno de estos casos exitosos fue Coocampo, una organización de 135 familias de los municipios de Chiquinquirá, Saboyá y Briceño (Boyacá), con presencia en cinco veredas. La asociación nació en 2013, cuando los ganaderos estaban recibiendo apenas $600 por litro de leche (hoy reciben $1.000).

Precisamente la asociatividad es el primer paso para que el truco de la ganadería sostenible funcione. Esperanza Riaño, la representante legal de Coocampo, enfatiza en que “es importante que la gente se asocie. Es imposible para cualquier gobierno canalizar recursos y que lleguen al campesino si no es por medio de la asociatividad. Por ejemplo, nosotros hoy estamos recibiendo un tractor de aproximadamente $108 millones, que unos campesinos solos jamás habríamos podido conseguir”.

Salcedo, el director de la misión, deja claro que si bien el sector lechero colombiano está lleno de asociaciones campesinas que acopian la leche y consiguen recursos en bloque, es urgente que todas esas pequeñas iniciativas se unan en una organización de segundo nivel, “que les permita negociar temas más grandes de política pública y legislación”.

Y si bien las motivaciones económicas son las que suelen mover a la gente para organizarse, Salcedo y Ruiz están convencidos de que mejorar las condiciones económicas de los ganaderos lecheros implica mejorar las condiciones ambientales de sus predios y sus condiciones sociales.

Este es el caso de Coocampo. “Nosotros empezamos tratando de disminuir costos y aumentar la rentabilidad por medio de compras a escala y disminución de costos de transporte”, cuenta José Antonio Martínez Sánchez, el campesino que hoy es presidente de la organización.

Además, se capacitaron para mejorar la higiene de sus técnicas de ordeño. Cuando lograron la mejor calidad posible, siguieron pensando en qué podían hacer para abaratar su producción y, además, incursionar en el negocio de los quesos.

Fue entonces cuando se plantearon un proyecto que les permitiera conseguir la infraestructura para producir quesos y, con el suero restante, hacer un preparado con el cual pudieran abonar en sus fincas. Hace dos años el Gobierno canadiense los apoyó y financió el proyecto, siempre y cuando incluyera una línea de equidad de género.

“Decidimos entonces que las mujeres de la cooperativa fueran las que manejaran todo el negocio de los abonos. Además, ahora, ellas realizan el ordeño de la tarde, lo que les permite tener su propio dinero y una mayor responsabilidad en la finca y en la toma de decisiones”, cuenta José Antonio Martínez. El proyecto también incluyó a los jóvenes, quienes son los que esparcen el abono hecho por las mujeres en las fincas.

La inclusión de jóvenes y mujeres es otro de los factores clave en los proyectos exitosos, cuenta Salcedo. Si las mujeres trabajan, dice, hay ingresos complementarios para las familias, y en el caso de los jóvenes, reduce su migración a las ciudades, que es un problema latente en todo el agro colombiano.

Pero estos dos elementos sociales se quedarían cojos sin las medidas de recuperación ambiental que son, en últimas, las que generan esos resultados increíbles de incremento de producción lechera.

El proyecto Ganadería Colombiana Sostenible, que ejecuta Fedegán junto al Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (Cipav), el Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez (Fondo Acción) y The Nature Conservancy (TNC), es un ejemplo claro de que la conservación ambiental es clave para la sostenibilidad ganadera a largo plazo.

Juan Carlos Gómez, el coordinador general del proyecto, dice que “en general, los productores del sector agropecuario están acostumbrados a hacer las cosas de una manera determinada, pero si les funciona, se mantienen allí”. Es extraño llegar a hablarles de corredores ecológicos, conectividad ecosistémica, cobertura verde o calidad de agua. Sin embargo, es un paso clave del proceso.

“Nuestro enfoque es convencer al campesino de que hay una forma de hacer su ganadería ganando más plata y, por la otra, generando mayores beneficios al medio ambiente. Para eso es muy importante trabajar mediante el servicio de extensión rural; es decir, reeducar al campesino para que cambie su comportamiento”, explica Gómez.

Esta asistencia técnica no solo se limita a acompañar la siembra de árboles o cercas vivas, sino buscar el cambio de prácticas, tanto en las fincas como en los potreros. Los resultados positivos son evidentes: los campesinos gastan entre un 10 y 11 % menos en insumos, producen 17 % más leche y han enriquecido 80.000 hectáreas con más de dos millones de árboles sembrados.

Los sistemas silvopastoriles, explica Ruiz, implican mejorar las rondas de los ríos —lo que mejora la calidad y cantidad de agua tanto en temporada seca como húmeda—, así como rotar el ganado en distintas partes de los predios, lo que permite que los pastos crezcan mucho más.

Además, la siembra de variedad de árboles nativos incrementa las opciones alimenticias de las vacas —lo que produce una leche con más nutrientes—, le dan sombra y crean corredores de biodiversidad que aumentan la cantidad de insectos y aves en los predios; lo que, a su vez, mejora el suelo. Por si fuera poco, los árboles permiten a los campesinos extraer frutos, cortezas o tintas que pueden vender como productos forestales no maderables.

“Los resultados son asombrosos e implican entender la ganadería de una forma diferente, involucran el desarrollar una ganadería más ligada con la oferta ambiental de Colombia, que es un país netamente forestal. De esta forma, la ganadería sostenible se consolida mediante la participación incidente de las comunidades productoras de leche, junto a la biodiversidad y con los bosques”, concluye Ruiz.

Por una política lechera sostenible

Implementar a escala masiva la ganadería sostenible es todavía una realidad lejana. Precisamente para saber cómo acelerar este proceso fue que la Unión Europea, por medio de Propaís, desarrolló la misión “Formulación de Instrumentos de Política Pública para Promover Sistemas de Producción de Leche Sostenibles” para el Ministerio de Agricultura.

La misión es tan solo el último paso de los muchos pasos que han dado el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el Ministerio de Comercio Industria y Turismo, la Agencia Presidencial de Cooperación, el Departamento Nacional de Planeación, con el aporte de la Unión Europea y la asistencia técnica de Propaís para implementar una política que le dé cumplimiento al documento Conpes 3675 de 2010, conocido como el “Conpes lechero”.

Si bien las conclusiones de la misión todavía no han sido oficialmente aprobadas, Salcedo comenta que llegaron a diez instrumentos de política organizados en tres ejes fundamentales: el desarrollo productivo, la producción lechera ambientalmente sostenible y el fomento del desarrollo social. La idea es que, a partir de estas propuestas, el Ministerio de Agricultura y otras carteras modifiquen o creen políticas, decretos o proyectos de ley que impulsen la ganadería sostenible.

Para Fernando Ruiz, participar en la misión fue como entrar en el recinto privado de un mago y tomar atenta nota de todos sus secretos. “Cuando uno sabe cuál es el truco, uno dice ‘ah, y pensar que era sólo esto: reconocer la importancia de la participación y la articulación ambiental en la búsqueda de una ganadería sostenible’”.

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Redacción Bibo

Medio Ambiente

Ganadería sostenible: un as bajo la mano que nadie ve

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