La gastronomía se viste de verde

Slow Food es un movimiento ecogastronómico que ha llegado a más de 170 países en el mundo.

Desde hace 25 años, el movimiento Slow Food promueve la alimentación consciente y biodiversa en todo el mundo. / Slow Food Vancouver

“Escapar de la monotonía y la uniformidad de la comida rápida nos permitiría redescubrir la riqueza y variedad de las gastronomías locales. Los seres humanos estamos en deuda con la naturaleza. La transformación de nuestros hábitos alimenticios es una manera sencilla de reivindicarnos con ella”. Estas palabras hacen parte del primer manifiesto de Slow Food (“comida lenta”), un movimiento internacional de ecogastronomía fundado en 1989 por el sociólogo italiano Carlo Pietrini en Bra, una ciudad ubicada en la región de Piamonte, en Italia.

Este particular movimiento, al que se han unido ciudadanos de más de 170 países del mundo —entre ellos Colombia—, surgió con el único objetivo de contrarrestar la “homogeneización alimenticia” que la “industria de la comida chatarra se ha empeñado en imponer en todo el planeta”.
En 1986 —se lee en la página web del movimiento— una filial de McDonald’s llegó a la tradicional Bra, lugar de nacimiento de Pietrini. La instalación del restaurante de hamburguesas suscitó un enorme sentimiento de inconformidad entre los habitantes del sector, quienes, en oposición a la expansión de la “comida rápida”, decidieron reivindicar la idea de la “comida lenta”.

La filosofía de Slow Food es sencilla y cualquier persona interesada en mejorar el estado de su salud y el del planeta Tierra puede aplicarla. Basta con volver a las raíces: retomar las recetas de las abuelas, acudir a las tradicionales plazas de mercado, ir al campo, preguntar por la forma como fueron cultivados los productos que consumimos para —en palabras de Pietrini— comprender “que la gastronomía es algo que va mucho más allá de las artes culinarias”.

¿Alguna vez se ha preguntado qué tipo de fertilizantes se usaron en el cultivo de los vegetales que va a consumir durante el almuerzo? ¿Sabía que existen ciertos mecanismos de pesca que atentan contra los ecosistemas acuáticos? ¿Ha escuchado hablar de la ganadería sostenible? De acuerdo con Pietrini, los consumidores más selectivos e informados son coproductores de alimentos “saludables, limpios y justos” y de un planeta libre de contaminación, biológica y culturalmente diverso. “Slow Food considera que la alimentación no sólo tiene que ver con el estado de salud de las personas, sino también con diferentes aspectos de nuestras vidas, incluida la cultura, la política, la economía y, por supuesto, el medio ambiente”, comenta Pietrini en un artículo publicado en la página web del movimiento.

Slow Food ha merecido el reconocimiento de las Naciones Unidas y la Comisión Europea por representar un verdadero movimiento de cambio. En 2008, el diario inglés The Guardian incluyó a Pietrini entre las 50 personas que, con sus iniciativas, podrían resultar decisivas para salvar el planeta, y en 2013 la ONU lo galardonó con el premio Campeones de la Tierra, en reconocimiento a su esfuerzo por reivindicar los mercados locales y las prácticas de consumo y producción tradicionales.

Los miembros de Slow Food trabajan en los cinco continentes con el ánimo de difundir un nuevo paradigma gastronómico fundado en la idea de que la alimentación humana también puede ser biodiversa. En Colombia existen cuatro convivium o sociedades ecogastronómicas, ubicados en Bogotá, Barranquilla, Cali y San Agustín. Tal como los integrantes del resto de convivium del mundo (aproximadamente 1.300), los miembros de Slow Food Colombia se han preocupado por promover nuevos hábitos alimenticios entre los ciudadanos, convencidos de que el consumo consciente de alimentos constituye un paso sencillo hacia un mundo verdaderamente sostenible.