Ecólogos vs animalistas: el dilema ético que despiertan los hipopótamos de Escobar

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La propuesta de sacrificar un porcentaje de estos mamíferos deja una reflexión profunda: ¿debe primar el bien común del ecosistema o el del individuo como ser sintiente?

La historia es conocida popularmente. En los años 80 Pablo Escobar trajo a Colombia una serie de exóticos animales, entre los que se encontraban cuatro hipopótamos, tres hembras y un macho. Tiempo después, ya sin Escobar en el panorama, la población de hipopótamos siguió creciendo por la orilla occidental del río Magdalena. Se habló de 14, luego de 40 y uno de los últimos estudios, publicado en Biological Conservation, apunta a que actualmente ya habría entre 93 y 102 individuos caminando por una extensión de 2000 km2. Si los hipopótamos se siguen reproduciendo como lo vienen haciendo hasta ahora, también comenta el estudio, podrían llegar a ser 1.500 animales para el año 2039. (Lea: Castración no será suficiente para controlar población de hipopótamos en Colombia)

En otras palabras, el legado de Escobar también dejó detrás una especie invasora. Y no solo eso, sino que son también la especie invasora más grande del mundo. Al no tener depredadores naturales en Colombia y haberse adaptado a un ecosistema que les da más beneficios incluso que en África, andan a sus anchas por el río Magdalena. Pero sus pasos dejan detrás toneladas de consecuencias: ponen en vilo la seguridad alimentaria de las poblaciones cercanas y compiten directamente por recursos con chigüiros y manatíes, donde estos últimos llevan las de perder (el manatí antillano, por ejemplo, está peligro de extinción).

Además, explica Rafael Moreno, uno de los coautores del estudio, sus heces son materia orgánica generadora de microorganismos que necesitan energía para sobrevivir. Esta energía, que se traduce en consumo de oxígeno, podrían llegar a colapsar todo el ecosistema.

Qué hacer con los hipopótamos de Escobar es una pregunta que ha trasnochado a Colombia desde hace tiempo, pero la semana pasada el debate volvió a surgir en redes. ¿La razón? Además de plantear que se debían castrar y trasladar a algunos de estos animales, el estudio de Biological Conservation recomendaba implementar una solución mixta que incluye el control por medio de la caza. “Según nuestros modelos de esas dos opciones -la caza y el traslado- los resultados sugieren que para lograr que se extinga la población hay que extraer 30 animales al mes (15 hembras y 15 machos) con un único objetivo: sacarlos del medio ambiente porque están haciendo daño”, explica Moreno.

La sugerencia, como sucede cada vez que se habla del tema, destapó una discusión sobre la ética, la política y, sobre todo, de la percepción que tenemos de la naturaleza. Un debate, se podría decir, entre ecólogos y animalistas que, además, está cargado de tintes.

Para el biólogo Juan Ricardo Gómez, con un doctorado en Estudios Rurales y Ambientales de la Universidad Javeriana y quien hizo una maestría con especies exóticas invasoras, la decisión que se debe tomar es clara: sacrificar a los animales. “Es una posición que se debe manejar desde lo técnico. Aunque toca fibras sentimentales, hay que pensar en los efectos que tienen los hipopótamos sobre otras especies y animales. El proceso no se puede dilatar y agrandar, y lo más sensato es matarlos, porque ya se vio que nadie va a asumir el costo de reubicarlos”. (Acá: ¿Quién se hará cargo del exótico legado de Escobar?)

Sin embargo, personas como la veterinaria Isabel Nuerrero Naudín, directora médica para Latinoamérica de la organización Animal Balance, piden más tiempo antes de tomar una decisión drástica. La experta explica que junto a la organización están a punto de comenzar un programa de esterilización hormonal, que se ha visto retrasado por la pandemia, y que podría evitar el sacrificio de los hipopótamos. “Tenemos un acuerdo con Cornare que incluye un acercamiento muy fuerte con la comunidad en temas de educación y que busca tener más datos en campo”, comenta. Sin embargo, la experta prefiere no dar datos sobre cuánto costaría cada esterilización ni en cuánto tiempo se podría hacer.

Por su parte, Cornare estima que se tendrían que invertir $11 millones por cada hipopótamo macho que se esterilice de una forma diferente a la hormonal.

Sobre cómo valoramos la naturaleza

Entender al humano como ser superior, como Adán y Eva a cargo de la creación, es parte de lo que nos ha llevado a la crisis climática que estamos viviendo. Quizá también es la razón por la que Escobar, en un acto de arrogancia, trajo hipopótamos de África y nos puso ahora en este tremendo lío. Pero este debate, el de qué hacer con los hipopótamos que dejó un narcotraficante, también sirve para hacerse una reflexión más profunda sobre nuestra relación con la naturaleza.

Aunque son varias las formas de valorar la naturaleza, German Andrade, biólogo y miembro actual de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cree que sobre el tema de los hipopótamos son dos visiones las que están en juego. La primera, se trata de la “ética ecosistémica”, en la cual se valora la biodiversidad y los ecosistemas por encima de los individuos. “Esta dimensión viene de la ética de la tierra de Aldo Leopold, para quien una cosa es buena en la medida en que es buena para la comunidad, en un sentido amplio, no solo los seres humanos”. Para ser concretos, esta visión podría estar más cercana a lo que piensan los ecólogos sobre el qué hacer con los hipopótamos.

Por otro lado, comenta el experto, está la corriente de Peter Singer, donde la “ética se manifiesta como una consideración del humano para evitar el sufrimiento de los animales sintientes”. Una visión que sería más cercana al animalismo. ¿Por qué matar a los hipopótamos si ellos son víctimas de una decisión humana?

Andrade, por ejemplo, cree que, para tomar decisiones, habría que haber concesiones. Un acuerdo básico que equilibre las emociones con el reconocimiento de la ciencia. “El debate entre la visión antropocentrista (centrada en el ser humano) o biocentrista (centrado en otras formas de vida), debería dar paso a uno centrado en el sistema ecológico, del cual el ser humano es parte. La ética ecocéntrica valora la integridad de los ecosistemas, la biodiversidad y los derechos humanos por encima de la vida de los individuos animales”.

Una solución parecida plantea Catalina Reyes, bióloga y microbióloga de los Andes quien ha sido muy cercana al movimiento animalista. Para ella el norte en esta decisión debe ser priorizar la conservación de la biodiversidad, sobre todo de la colombiana. Esto, sin dejar de contemplar “los entramados éticos que se proponen desde la filosofía, la bioética y la misma preocupación por el bienestar de los hipopótamos”.

“La ciencia debe apalancar la toma de decisiones públicas, pero la ciencia tampoco se puede quedar con los pilares éticos del siglo pasado”, comenta. Entonces, ¿cómo evitar el colapso del ecosistema sin revictimizar a los hipopótamos? Reyes plantea lo siguiente: “Que la esterilización sea viable y se implemente de manera urgente (para no dar plazos que podrían confundirse con postergar más el momento cero para empezar a controlar la población), pero si no hay garantías para llevarla a cabo, proceder con la eutanasia de los animales” El cómo, sugiere, es muy importante, pues habría que garantizar que a los animales se les garanticen las dosis mínimas de sedación antes de la eutanasia y así no sufran.

El carisma del hipopótamo, ¿protector o enemigo?

En el 2015, el Ministerio de Ambiente, en ese momento liderado por Gabriel Vallejo, ganó el concurso Cannes Lions por su campaña sobre consumo y captura del pez león. Al igual que el hipopótamo este pez es invasor y amenaza especies nativas. Pero a diferencia del gigante mamífero, nadie se pronuncia por que se esté cazando y matando a este animal como medida para mitigar sus efectos sobre el ecosistema. ¿Por qué el hipopótamo tiene más defensores? ¿Por qué las autoridades ambientales saben qué hacer con el pez león y no con el hipopótamo?

Además de que la discusión con el hipopótamo se politizó tanto que en el 2012 una juez de Medellín prohibió su caza o control biológico, este animal es considerado una especie “carismática”. “Como el pez es más basal, más joven en el árbol de la vida, hace que no le demos el mismo valor que a otros animales como el hipopótamo”, comenta Reyes.

Una idea que comparte Moreno, el investigador del estudio que prendió el debate. “Hay una tendencia de que los humanos seamos más afines a animales que, dentro del árbol de la vida, están en una rama más cercana a nosotros. Por eso nos parece más bonito un perrito que una serpiente. Esto finalmente nos muestra lo difícil que es manejar una especie invasora que es carismática”.

A esto se suma que, desde pequeños, nos educaron a reconocer y resaltar más a los animales de África que a los nuestros. “Si nos educaran en el colegio, desde pequeños, sobre los manatíes del Magdalena, las nutrias o el chigüiro, ya la decisión estaría tomada, porque tendríamos más empatía y más claro a quienes proteger”, sugiere el doctor Gómez, profesor de la Javeriana.

Pero mientras esta discusión ética - y necesaria- se da, los hipopótamos seguirán reproduciéndose.

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