Huertas urbanas, alternativa para cosechar en medio de la ciudad

Estas alternativas, que surgieron en medio de la Primera Guerra Mundial, le apuestan a un acceso permanente y suficiente a los alimentos, pero además replantean la manera de producir y distribuir la comida de forma más responsable con el medio ambiente. En Bogotá, Cali y Medellín ya existen buenos ejemplos de agricultura urbana.

La FAO, en uno de sus informes, resalta que cerca del 15 % de los alimentos a escala mundial se producen en las ciudades. Óscar Pérez - El Espectador

Entre el cemento y el esmog que abundan en las principales ciudades del mundo, se esconden millones de organismos que reverdecen el gris de su paisaje. Aunque suene utópico, en las terrazas de los edificios, los balcones de los apartamentos o los antejardines de las casas se están cultivando huertas urbanas; una práctica que comenzó en Europa durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) para abastecer a la población sitiada por el conflicto. (Lea: Huertas comunitarias: otra forma de resistir a los campos minados en Chocó)

En ese momento, los trabajadores agrícolas fueron reclutados para el servicio militar y las granjas se transformaron en campos de batalla, lo que desató una grave crisis alimentaria en Europa. La carga de alimentar a millones de personas recayó en Estados Unidos y, en 1917, antes de que hiciera parte de los países enfrentados, Charles Lathrop Pack organizó la Comisión Nacional de Jardines de Guerra.

El arma de batalla de los estadounidenses consistía en plantar, fertilizar, cosechar y almacenar sus propias frutas y verduras. Lathrop instó a los ciudadanos a “sembrar las semillas de la victoria”, para ello debían cultivar alimentos en cualquier espacio: techos, escapes de incendios, terrazas, patios traseros, parques públicos y hasta en las escuelas. Con los “jardines de guerra” (“Victory Gardens”), como eran conocidos, se almacenaron 1,45 millones de litros de frutas y verduras en conserva.

Los jardines comenzaron a resurgir en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras en Europa los nazis utilizaron el hambre y la comida como un arma, en países como Estados Unidos, Canadá, Australia y Reino Unido, los habitantes cultivaban su propio alimento. Este plan le hizo frente a la escasez de alimentos y ayudó a los granjeros en la producción de comida para las tropas y los civiles en el exterior.

La iniciativa que surgió hace 103 años para combatir una crisis alimentaria ocasionada por la guerra está tomando fuerza de nuevo. Ahora el principal objetivo, además de garantizar una seguridad alimentaria, es el de contribuir a mejorar el medio ambiente en las grandes ciudades. En la actualidad, se estima que 800 millones de personas están involucradas en la agricultura urbana en el mundo y con ello suplen hasta el 20 % de las necesidades alimentarias. (Puede leer: Con huertas escolares, niños de Medellín aprenden sobre convivencia y paz)

Pero, ¿estos jardines o huertas urbanas podrían ser una fuente sostenible de alimento en algunas ciudades? La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) resalta que la agricultura urbana puede ser una práctica que combata el hambre y la pobreza. En uno de sus informes, titulado “Ciudades más verdes”, señala que cerca del 15 % de los alimentos a escala mundial se producen en las ciudades.

En el artículo, muestra la labor que se ha realizado en La Habana (Cuba), donde el 50 % de los vegetales consumidos por sus habitantes provienen de huertas urbanas. En Moscú (Rusia), por ejemplo, cerca del 30 % de los alimentos y el 80 % de los vegetales del país son producidos en ciudades. Otro de los casos que muestra la FAO es el de Singapur, donde hay 10.000 productores urbanos que se encargan de cultivar el 25 % de los vegetales.

Además, una investigación del Instituto de Alimentos Sostenibles de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, publicada en la revista Nature Food, demuestra el potencial de expansión de la producción de alimentos en las ciudades. Para el estudio, mapearon la infraestructura verde y gris de Sheffield, una ciudad de 36.800 hectáreas. Con los datos obtenidos determinaron que sí los jardines cubrían solo el 10 % de los espacios verdes de la ciudad, podían proporcionar al 15 % de la población las cinco porciones diarias de frutas y verduras que recomienda consumir la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los expertos calculan que en la ciudad hay 98 metros cuadrados por residente. Y que si se aprovechara bien la horticultura basada en el suelo y ese espacio verde restante se utilizara para cultivar alimento, se podía abastecer con las cinco raciones al menos a 709.000 personas; es decir, al 122 % de la población de la ciudad.

Colombia avanza en la agricultura urbana

En Colombia un poco más de la mitad de la población se encuentra en situación de inseguridad alimentaria; es decir, que no puede acceder ni física ni económicamente a los alimentos suficientes y adecuados para tener un adecuado estado nutricional”, explica Laura Arévalo, consultora de la FAO Colombia en Seguridad Alimentaria y Nutricional. Y es paradójico que más de la mitad de las personas no tengan qué comer en un país que es rico en la producción de alimentos. Una situación que se busca transformar con las huertas urbanas. (Lea también: ¿Huertas en el patio de su casa? Estas mujeres le enseñan sobre agricultura urbana en Bogotá)

En Bogotá, por ejemplo, en 2015 el techo del claustro de la Universidad del Rosario, un edificio de patrimonio cultural de la ciudad, se transformó en un ejemplo de huerta orgánica. Nathaly Jiménez, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas de la institución, participó de esta iniciativa y cuenta que, junto a su equipo de trabajo, abrió un espacio para talleres de agricultura urbana en la institución.

Contaron con la participación de custodios de semillas, agricultores urbanos y campesinos desplazados que llevaron a la universidad. “Universidades como la Nacional, Uniminuto, La Salle y la Red Nacional de Agricultura Familiar también se unieron. Así se estableció una alianza que se llama Cátedra Unesco para el Desarrollo Sostenible”, añade la experta. después de varios talleres notaron que Bogotá albergaba muchos huerteros inmersos en la transformación orgánica; por eso decidieron, hace un año, juntarlos a todos.

Así nació la Red de Huerteras y Huerteras Bacatá Región. Está dividida en nodos: nodo centro: barrios Armenia, Macarena y Teusaquillo; nodo norte: Humedal Córdoba; nodo occidente: Universidad Minuto de Dios, y nodo sur: Ciudad Bolívar. Cada uno de ellos tiene una meta diferente; por ejemplo, el colectivo del barrio Armenia busca consolidarse como un barrio basura cero; en el Humedal Córdoba la apuesta es la reforestación; mientras que en Ciudad Bolívar, un grupo de adultos mayores fue el artífice de la transformación de un botadero de basura en una huerta urbana.

En Medellín también hay un colectivo de huerteros en el que sobresale la pedagogía. La Red de Huerteros de esta ciudad se consolidó en 2013, luego de que un grupo de amigos encontraran que tenían un gusto en común con las demás personas de la Zona 4 de la ciudad: compartían el interés por la agricultura urbana. Hoy son los guardianes de más de 1.400 parcelas. (Lea también: Las huertas del Sumapaz: la economía colaborativa de las mujeres campesinas)

“Nosotros no tenemos una organización ortodoxa. A veces trabajamos unidos, a veces lo hacemos por separado. La última vez que nos juntamos, de manera articulada con otros colectivos, nos unimos para hacer el Festival Paquero”, relata Paula Andrea Restrepo, docente investigadora de la Universidad de Antioquia.

Restrepo explica que, desde la Facultad de Comunicación de la institución, han tratado de entender cómo se articula la agricultura urbana en Medellín. Una de las principales conclusiones es que en la ciudad este tema gira alrededor de varios factores, como la reinserción, los duelos, el desplazamiento forzado o, quizás, asuntos pedagógicos en colegios y universidades. De este último eje resalta la labor de una de las huertas de la UDEA que busca la enseñanza de las lenguas indígenas.

Y Cali no se queda atrás con esta transformación. El barrio San Antonio, en el occidente de la ciudad, se convirtió en el primer Ecobarrio de Latinoamérica, un reconocimiento que le entregó el gobierno de Francia por respetar los principios de desarrollo sostenible. Los sistemas de riego con captación de aguas lluvias, preparación de abonos y cultivos, construcción de huertas urbanas, composteras domésticas y mercados orgánicos fueron algunas de las estrategias que se implementaron en esta zona.

Según la Alcaldía de Cali, en esta iniciativa, que estuvo a cargo del gobierno de Maurice Armitage, se realizaron ochenta huertas y jardines, ochenta composteras y dos pacas digestoras. Además, permitió fortalecer el desarrollo de mercados verdes. Con estos tres ejemplos se refleja el avance al que le está apostando Colombia y demuestra que, cada vez más, el clima y el medio ambiente toman mayor relevancia en la agenda gubernamental.

Huertas urbanas, una opción para el ambiente y la salud

¿Qué son?

Espacios dentro de las ciudades para producir hortalizas, frutas y hierbas. En Bogotá, básicamente, se trabaja para el autoconsumo, pero muchas personas generan excedentes y pueden comercializarlos. Primero se trabajó con la población vulnerable para buscar una alternativa en el caso de tener alguna limitación con el dinero; pero se transformó en una actividad abierta para todo el mundo, pensando en el medio ambiente y en la seguridad alimentaria.  Las hortalizas y las aromáticas son lo que más se siembra en la agricultura urbana. (Podría leer: Agricultura urbana, un reto permanente y sostenible)

Recomendaciones para una huerta exitosa

Tener mínimo seis horas de sol directo. Casi todas las hortalizas y aromáticas necesitan sol directo. Además, hay que tener cuidado en las zonas donde hay vientos fuertes para que no dañen la cosecha. También es bueno revisar la disponibilidad de agua. En las huertas urbanas, como es agua de acueducto que es tratada y trae cloro, es recomendable dejarla reposar unas horas para que se baje el cloro. Sería ideal si se puede regar con agua lluvia. 

Para un buen desarrollo de los cultivos se necesitan, más o menos trece nutrientes. Por eso, es importante un buen abono orgánico y complementar con otros suplementos, como por ejemplo la cáscara de huevo, que le aporta potasio; pues al sembrar en materas y limitar el espacio, se reducen los nutrientes que capturan del suelo.

¿Por qué son importantes?

Primero, como cada uno cosecha sus productos, sabe lo que va a consumir y qué materiales ha utilizado; esto es vital para aportarle a la seguridad alimentaria y también puede generar empleos.  Además, ayuda a reducir la huella de carbono, puede impulsar el reciclaje de residuos urbanos y crear cinturones verdes. También contribuye a fortalecer el vínculo de los ciudadanos urbanos con la biodiversidad y proteger a muchas especies de microorganismos, plantas y animales que forman parte de estos agroecosistemas.

Algunas opciones para empezar

La lechuga, el perejil o el repollo, que se pueden sembrar en estas huertas, aportan fibra y mejoran el sistema digestivo. Brócoli, espinaca y zanahoria son otras opciones. Aunque las frutas son un poco más difíciles de producir, también se pueden cultivar en las huertas urbanas. 

*Fuente: Olga Niño y consultoras de FAO Colombia en Seguridad Alimentaria y Nutricional. 

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2020-05-14T08:00:00-05:00

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- Redacción Bibo

Medio Ambiente

Huertas urbanas, alternativa para cosechar en medio de la ciudad

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