Ideam, los datos más valiosos de Colombia

Ómar Franco se ha encargado, junto con un equipo de funcionarios de darle otra cara al Ideam y convertirlo en una fuente de información invaluable.

Ómar Franco siempre regresa al lago de Tota. Cuando tiene problemas personales, cuando las cosas no marchan bien en el trabajo, cuando se cansa de la ciudad, cuando necesita tomar una decisión difícil y también cuando quiere que alguno de sus amigos y colegas comprendan mejor los conflictos ambientales de Colombia. Siempre llega con algunos arbolitos, los siembra donde puede y camina por las veredas alrededor. El lago de Tota “está profundamente atado a mi vida”, dice.

Después de terminar la carrera de agronomía en la U. Pedagógica y Tecnológica de Tunja y tras un breve paso por una compañía distribuidora de agroquímicos, aceptó un trabajo en la Corporación Autónoma Regional de Boyacá. La tarea que le delegaron consistía en apoyar la gestión y el manejo de los recursos hídricos y páramos de la cuenca en Tota.

Muy pronto entendió que había aceptado una tarea casi imposible. Alrededor del lago existían más de 2.500 hectáreas de cebolla, una demanda de agua para 350.000 habitantes, las cuencas abastecedoras estaban deterioradas, la piscicultura asomaba como una industria intensiva, los síntomas de degradación de suelos ya eran evidentes y la deforestación campeaba.

Franco no se amilanó. Entendió que sin una “planificación ambiental participativa”, en la que los mismos campesinos se involucraran, sería muy difícil lograr algo. “Trabajar de la mano de la gente es lo que más me gustaba”, cuenta. Junto con los líderes campesinos definían en qué proyectos invertir los recursos que asignaba Corpoboyacá. Ahí pasó cuatro años. Rescatar el lago se convirtió en una obsesión. Aprendió que los problemas ambientales son una compleja madeja de variables sociales, económicas y ecológicas. “Ese ecosistema ha sido mi mejor escuela”.

A los 33 años le llegó una oferta para vincularse al Ministerio de Ambiente. Después de meditar frente al lago, en el Páramo de las Alfombras, si esa era una buena decisión, viajó a Bogotá donde encontraría muy rápido el grave divorcio entre los funcionarios que diseñan políticas nacionales que luego en las veredas y municipios resultan difícil de aplicar. En Bogotá se encargó de construir una mesa permanente de diálogo social sobre la problemática de la laguna de Fúquene, hizo parte del grupo asesor legislativo del Ministerio. Participó en la redacción de la Ley de Páramos y la Forestal, y fue delegado en consejos directivos de las corporaciones autónomas por todo el país.

Regresó a Boyacá para encargarse de la Dirección de Agua y Medioambiente de la Gobernación de Boyacá, donde desarrolló un Plan Departamental de Aguas y contribuyó al andamiaje de la Empresa de Servicios Públicos.

Con esa experiencia a cuestas regresó a Bogotá. Su vida ya estaba marcada por el agua. Primero como director de Gestión Integral del Recurso Hídrico del Minambiente, luego como subdirector de Hidrología del Ideam y desde hace cinco años, como director del Ideam, decidió trabajar para que el país entendiera que sin datos confiables es imposible planear el futuro.

Comenzó a buscar fondos, a reclutar profesionales especializados con ganas de sacrificarse por el país y, sobre todo, se empeñó en que los colombianos dejaran de ver al Ideam como un simple grupo de funcionarios que hacen predicciones sobre el clima, sino como la fuente con los datos ambientales más robusta del país.

Este año el Ideam entregó un mapa de deforestación en el que se hizo evidente que el problema aumentó en un 44 %. Ahora es posible conocer cada tres meses los principales focos de deforestación. El Ideam también participó en la construcción de mapas de los ecosistemas de Colombia. Este año presentaron la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático, que tuvo la virtud de ser uno de los primeros informes en Latinoamérica que lleva los datos y desafíos del cambio climático a una escala municipal. También han comenzado a fabricar boletines agrometeorológicos y uno más especializado para el sector salud. El Informe de Calidad del Aire ha permitido identificar los puntos críticos en Colombia.

“Si no tenemos más y mejor información no podremos tomar sus decisiones”, remarca Franco. El Ideam empezó un proceso para repotenciar toda su red de estaciones para llegar a 457 fuentes de información en tiempo real sobre lo que está aconteciendo desde el Amazonas hasta La Guajira. Un arsenal que incluye por primera vez tres radares meteorológicos. La Organización Meteorológica Mundial acaba de elegir al Ideam como parte de un proyecto que busca que estas agencias comiencen a brindar mejores servicios a los sectores productivos.

“Lo público es sagrado”, dice Franco, “y el servicio público debe asumirse como una labor mística”.