Del Nevado del Ruiz a la ciudad

Ideas para cuidar el agua en el Eje Cafetero

El 27 de julio se llevó a cabo el Conversatorio por el Agua en Manizales. Trece instituciones se reunieron para compartir las experiencias que han implementado a fin de cuidar los recursos hídricos en la región.

El Encuentro por el Agua se realizó el pasado 27 de julio en Manizales. Germán Valencia.

“Todo está conectado”. Esas tres palabras causaron que cada una de las personas en la sala asintiera con la cabeza. Quien las pronunció, Miguel Ángel Amézquita, profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira, resumió con simpleza el Conversatorio por el Agua respaldado por Isagén, El Espectador, People and Earth y WWF que se llevó a cabo el pasado 27 de julio en Manizales, Caldas. Un evento para generar conciencia sobre la importancia de fortalecer la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico en el país. (Lea: ¿Cómo pensar en el agua del futuro?) 

Si lo entendiéramos, y si trabajamos con eso en mente –dijo Amézquita–, los resultados seguirán mejorando.Durante más de cuatro horas de conversación, trece instituciones locales y departamentales, públicas y privadas compartieron sus experiencias para el fortalecimiento e implementación de la Política, cuyo horizonte es hasta el 2022.

Llegaron desde todos los rincones del departamento y para entender cómo se “conectan”, hay que recorrer palmo a palmo el territorio, desde los nevados, pasando por los cultivos y las hidroeléctricas, hasta las ciudades. Estas experiencias y procesos compartidos en el Conversatorio, servirán como verdaderas lecciones para el robustecimiento de la Política Nacional.

Los nevados

¿Cómo se conecta la gestión del recurso hídrico? para entenderlo hay que subir hasta el Parque Nacional Natural Los Nevados. Roberto Ariano, el jefe de área, afirma que si bien el aporte de los nevados en aguas superficiales es mínimo, las aguas subterráneas llenan buena parte de los acueductos veredales montaña abajo. Y es que, de hecho, en el Nevado del Ruiz nace el río más importante del departamento, del que depende el sustento del 70 % de los habitantes de Chinchiná.

En palabras de John Jairo Granada, gerente general de la empresa de energía del departamento, Chec, el Chinchiná “es el motor de la vida y el desarrollo de nuestra región”. No son palabras menores. Este río genera poco más del 60 % del PIB de Caldas y allí se encuentran ubicadas las siete centrales hidroeléctricas que la Chec, filial del grupo EPM, tiene en el departamento.

Y aunque no lo parezca, el funcionamiento de esas siete centrales está íntimamente ligado con los nevados. La explicación es sencilla: sedimentación. En entrevista con El Espectador, John Jairo Granada expresó que el mayor problema para la generación de energía en Caldas es el alto nivel de sedimentación del Chinchiná. Y, de acuerdo con el jefe de área de Los Nevados, el cambio climático podría hacer aún peor este problema, hoy causado por la deforestación y la falta de tratamiento de las aguas residuales.

“En todo el país hay un tema de retroceso glacial muy importante. A la vuelta de 20 años no van a estar estos picos nevados y esa nieve se convertirá en agua que se mezclará con la tierra y bajará la montaña. ¿Qué va a pasar con la regulación hidrológica? ya hemos hecho estudios que nos muestran que sin la gestión de Parques en ese escenario, la sedimentación podría convertirse en un problema grave”, explica el jefe de área de Los Nevados.

Además, en los límites del Parque con Tolima, la salida de la guerrilla ha motivado a los campesinos a asentarse cada vez más cerca del Parque. El problema es que en esos cinco municipios, las instituciones municipales, todavía recuperándose de décadas de conflicto, tienen una posibilidad limitada para generar planes de ordenamiento territorial (POT) “viables y coherentes con los objetivos de conservación”. Y, dice Ariano, aunque Los Nevados podría jugar un papel fundamental en esta tarea, “a veces nos sentimos como una isla, como si fuéramos un hoyo negro que no incluyen en los planes de ordenamiento municipales”.

Los cultivos

Como el resto del país, la deforestación se traga los páramos de Caldas cada vez más. Esto amenaza a las fuentes de agua que nacen allí y que luego entregan sus aguas a los habitantes que cultivan ladera abajo. Además, la tierra que cae a las aguas pues no hay raíces de árboles que la ‘amarren’ cuando llueve, eleva de manera considerable la sedimentación de los ríos.

Para enfrentar el problema, la Chec, por ejemplo, ya ha reforestado 6.300 hectáreas con especies nativas, en territorios de la cuenca alta que antes eran usados para ganadería y cultivos de papa. Más abajo, los caficultores, cuyo cultivo es el tercero que más necesita agua en el país, también diseñaron un plan para hacerle frente a la escasez de agua, pues la deforestación y el cambio climático hicieron que perdieran casi la mitad de sus cultivos en el último fenómeno de El Niño.

Guillermo Vélez, del Comité de Cafeteros de Caldas, explicó en la reunión que la falta de lluvias en 2015 “redujo los niveles de caudales a niveles críticos que nos perjudicaron desde tres aspectos: pérdida patrimonial de los campesinos, reducción en sus ingresos y uso para consumo humano de agua no tratada”, pues no había nada más que consumir.

Pensando que el cambio climático era el causante de sus penurias, el Comité empezó a indagar qué estaba pasando con el agua de los cafeteros. La sorpresa fue mayor: si bien el cambio climático sí influyó en esa sequía, solo era uno de los 27 problemas que llevaron a esa situación. La mejor parte: eran situaciones que se podían corregir. Por esa razón, el Comité decidió crear el proyecto Manos al Agua, que se implementó en 25 microcuencas de cinco departamentos cafeteros del país.

El proyecto apuntó al ahorro del agua en el proceso de producir café de alta calidad y además en crear en los campesinos la consciencia de que el agua es la columna vertebral de sus territorios. Incentivar una mejor cultura del agua, un cuidado de las rondas de quebradas y ríos y evitar el vertimiento de residuos en las aguas fueron algunas de las estrategias implementadas. “Lo más importante es que la gente se diera cuenta que ellos solitos podían cuidar el agua, que eso es de ellos y para ellos”, explicó Vélez.

Otros proyectos, como los dos que la corporación Aldea Global ha desarrollado con 200 familias de dos comunidades indígenas, apuntan para el mismo lado: que los habitantes de los territorios entiendan que cuidar el agua es cuidar su propia supervivencia. Sus representantes creen que la educación ambiental es clave.

“Se dice que sin aguas no podemos vivir, y sin oxígeno tampoco, ¿y quienes producen el oxígeno? los árboles. Es muy importante que a los niños y jóvenes les digan que los árboles también son importantes para conservar el agua, que entiendan que todo está conectado para que en un futuro, cuando sean ellos quienes tomen decisiones, lo hagan con esto en mente”, señaló en el Conversatorio por el Agua Carlos Mario Aguirre, del eje de sostenibilidad ambiental y productiva de esa Corporación.

Las hidroeléctricas

Pero si bien el empoderamiento de las comunidades es fundamental, a veces la llegada a los territorios de actores externos –y por lo regular poderosos económicamente– genera miedo y conflictos con las comunidades. Es lo que ha ocurrido con la llegada de empresas mineras y de proyectos hidroeléctricos en algunos territorios, especialmente al oriente del departamento.

Diego León, vicepresidente de Isagén, explicó que en 2005, cuando la empresa llegó para hablar con la comunidad de Guarinó sobre el ya ejecutado proyecto hidroeléctrico La Miel I, “nos recibieron con piedras en las manos”. El proyecto, que implicó el desvió del río Guarinó para llenar el embalse que empezó a construirse en 1998, causó problemas nunca antes vistos en esa región.

De acuerdo con un artículo publicado por la Universidad Nacional en 2012, la población y Corpocaldas habrían interpuesto demandas contra el proyecto pues, por los desvíos, desaparecieron alrededor de 22 microcuencas ligadas al río Guarinó; lo que habría supuesto “un gran desequilibrio para los cultivos, la biota y todo el entorno natural”.

Por esa razón, en 2005 Isagén llegó para implementar allí un Plan de Acción Inmediata (PAI): “sentar a los actores de un territorio para transformar conflictos en una determinada cuenca”, señaló León. Con la comunidad de Guarinó el primer paso fue una comisión de la verdad: que cada lado descargara sus dudas, sus rabias, sus miedos y que la otra le respondiera qué era cierto y que no. Luego, vinieron acuerdos de voluntades y las bases de las acciones del PAI. Con esta estrategia ya se han recuperado 18 de las 22 cuencas afectadas con el trasvase.

Mercedes Restrepo, del Programa para la Paz del Magdalena Medio, destacó la experiencia de los PAI en el río Guarinó y en el río Miel, pero fue clara al decir que allí, en el oriente de Caldas, “la situación es muy compleja”. Hay cuencas –si bien no especificó cuáles– que tienen solicitudes hasta para hacer 21 pequeñas centrales hidroeléctricas. Eso, sumado a una preocupación de las comunidades por el agua, crea un caldo de cultivo para el conflicto.

La solución que propuso Restrepo para este problema es que las empresas tengan una actitud de “conocimiento y acercamiento con la comunidad. Hay que construir una confianza con ellos”. Dijo que se trata de llegar en una tónica de vecinos en el territorio, y no a decir “nosotros somos la empresa y el proyecto es nuestro y hacemos lo que nosotros queramos”. Las comunidades, explicó, también proponen espacios de diálogo previos a la adjudicación de los proyectos y tener una activa participación en el diseño del Plan de Manejo Ambiental.

La ciudad

A medida que los ríos van acercándose a las ciudades y grandes municipios, las presiones sobre su cauce siguen aumentando. En Manizales, las lluvias excesivas de este año arrancaron un tajo de montaña en 25 barrios afectados y, a causa de esto, murieron 18 personas y 400 familias tuvieron que ser evacuadas.

En años anteriores, los fenómenos extremos del clima ya habían causado situaciones similares en la capital. Corpocaldas expuso el ciclo “hidro-ilógico” detrás de las emergencias –tanto por exceso como por falta de agua: en sequía, el pánico por falta de agua se intensifica; pero en épocas de lluvia, estos miedos son reemplazados por temores a deslizamientos, que, en sequía, desaparecen–. Este círculo no permitiría realizar acciones claves para gestionar el agua.

Pero, ¿cómo romperlo? Con información, señalaron los asistentes. “Ahora nuestro problema es el exceso de datos: tenemos tantos datos que nos ahogamos en la toma de decisiones. Lo importante ahora es hacer la minería de lo valioso”, explicó por su parte Wilford Rincón. Cada empresa, dijo la UPT, debería revisar su huella hídrica, para gestionar mejor el agua en épicas de sequía; y las instituciones deben aprender a generar alertas preventivas cuando aún puede evitarse la tragedia.

En Caldas, explicó Wilford Rincón, representante de la Corporación Regional Autónoma (Corpocaldas), la compleja situación de exceso/escasez de agua llevó a crear un Plan de Ordenación y Manejo Ambiental de cuenca hidrográfica, o Pomca, para cinco de las cuencas del de departamento. Un Pomca es, en palabras sencillas, una especie de POT para los ríos.

El más urgente, era el río Chinchiná, debido a la importancia que tiene para el departamento. Finalmente, en octubre de 2016, se puso en marcha el Pomca para esta cuenca. su elaboración, que se tardó varios años de trabajo conjunto, les dejó varias lecciones y, de hecho, se convirtió en piloto para los demás ríos.

“El aterrizaje de este instrumento es un tema de mucho trabajo y concertación con el habitante del territorio, con el usuario del recurso y con quien propugna por su conservación”, señaló Rincón. Lograrlo, dijo, no habría sido posible si en paralelo no hubiera nacido el Pacto por el Río Chinchiná, que, en palabras de John Jairo Granda, gerente de la Chec, “es un acuerdo de voluntades para gestionar el recurso hídrico de la cuenca”.

En el pacto, que empezó a tomar forma en 2012, participan 23 instituciones tanto públicas como privadas, ONG, gremios y autoridades ambientales. Su meta era que todas las acciones de la cuenca Chinchiná estuvieran conectadas y se adelantaran de manera coordinada: desde procesos de reconversión productiva, pasando por la compra de predios para conservación, o los procesos de educación ambiental sobre el uso del agua, las acciones se han adelantado con esfuerzos conjuntos.

Pero adelantar estas acciones cuesta dinero y por ello, desde finales de 2016, las 23 instituciones crearon el primer Fondo de Agua de Caldas, como una estrategia para “darle sostenibilidad financiera al Pacto”. Este fondo funciona como otros en el país: los actores aportan una cantidad determinada y, entre todos, deciden qué acciones son más pertinentes para garantizar la sostenibilidad alud del río.

Como señaló John Jairo Granada en la reunión, este tipo de acciones civiles son necesarias, pues “a veces el Estado no puede ir a la velocidad de los cambios reales”. De hecho, la elaboración del Pomca fue mucho más demorada que la del Pacto, por los requerimientos legales que implica su creación. “Nuestro país es muy ‘generoso’ en normas e instrumentos, que al llevarlos al territorio empiezan los conflictos y las contradicciones. Todo toca llevarlo a un tercer actor jurídico, lo que dificulta la gestión y planificación, así como la ejecución”, resumió Corpocaldas.