Innovaciones que trascienden las aulas

Soluciones que midan la salud de los páramos y promuevan la cultura del reciclaje forman parte de las iniciativas impulsadas desde los 238 programas ambientales de las universidades colombianas.

El Plato Medidor de Pradera es una innovación adoptada por la U. de la Salle para mejorar la productividad y reducir el impacto de la ganadería en el suelo

Las universidades están ensayando propuestas ambientales que trasciendan las aulas de clase. Con iniciativas que incluyen desde sistemas de reciclaje hasta rigurosos proyectos de investigación en las zonas más afectadas de Colombia, profesores y estudiantes buscan que sus hipótesis, hallazgos y propuestas no se empolven en las hemerotecas de los centros docentes.

De esta forma, los 238 programas de educación superior del país, que están enfocados en el cuidado y la conservación del medio ambiente, se han puesto en la tarea de buscar soluciones para enfrentar las secuelas derivadas del cambio climático, la industrialización y los desarrollos tecnológicos.
Una de las innovaciones impulsadas desde la academia es el Plato Medidor de Pradera, un instrumento adaptado por la Universidad de la Salle que permite medir la cantidad de nutrientes del pasto, determinar cuál es el mejor momento para que el ganado se alimente y, al mismo tiempo, reducir el impacto de la ganadería en los ecosistemas.

“Se mitiga el exceso de fibra en el pasto que ocasiona en el ganado una mayor producción de gas metano, el cual contribuye al efecto invernadero”, explica Iván Calvache, docente del programa de zootecnia de la institución.

También se destaca el campus de la Universidad Militar, ubicado en Cajicá (Cundinamarca), en donde se desarrollan programas diseñados para preservar la sostenibilidad ambiental de la región y las especies vegetales y animales que habitan en sus alrededores. Allí se han implementado tres programas. El primero se encarga de promover el uso eficiente de los recursos no renovables y el consumo racional del agua, la energía y el papel. El segundo busca darles a los residuos un manejo adecuado desde su generación hasta su almacenamiento y disposición final. Y el tercero establece criterios para el cuidado y el mantenimiento de las plantas que constituyen el corredor biológico, un lindero de árboles nativos que sirve de hogar para roedores, patos, tiguas y otras aves silvestres.

Por su parte, una docena de estudiantes y docentes de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (Udca) se ha dedicado a realizar estudios de campo en humedales, páramos y ríos que requieren medidas urgentes. De acuerdo con Marco Tulio Espinosa, decano de la Facultad de Ciencias Ambientales, uno de sus focos de exploración ha sido el páramo Guacheneque y el río Bogotá. “Examinamos los factores fisicoquímicos del río, pero también los biológicos. Observamos cómo la presencia humana está impactando los ecosistemas”. Esos indicadores, explica, “sirven para identificar si se encuentran o no ciertas especies y si logran reproducirse en ese entorno. Hasta el momento hemos hallado metales pesados y una influencia muy importante de la contaminación orgánica en la cuenca media”.

Pero también hay quienes usan el ingenio para proponer soluciones novedosas. Es el caso de un grupo de jóvenes de la Universidad Manuela Beltrán que reciclan llantas de carro para construir pisos económicos y de calidad. “Quisimos reutilizar el material, transformarlo en un elemento útil y, a la vez, beneficiar a quienes residen en viviendas de interés social”, indica Wilson Segura, uno de los gestores.

De esta manera, los estudiantes han creado puentes entre las aulas de clase y el sector empresarial, las entidades gubernamentales y las poblaciones afectadas para que sus conocimientos, convertidos en ideas ambientales,  sean efectivas en la vida práctica.