Jaguares, con mercurio en el cuerpo

La minería ilegal sobre el río San Jorge y el embalse Urrá I (en Córdoba) serían responsables de la presencia del metal en los felinos que habitan en el Parque Nacional Paramillo.

Esta imagen, captada en 2012 por la Fundación Panthera, es el primer registro de la presencia de jaguares en las plantaciones de palma de aceite en el valle del Magdalena./ Panthera Colombia
Esta imagen, captada en 2012 por la Fundación Panthera, es el primer registro de la presencia de jaguares en las plantaciones de palma de aceite en el valle del Magdalena./ Panthera Colombia

Es la primera vez que científicos logran detectar mercurio en tejidos de jaguares en Latinoamérica, y aunque según este estudio —publicado en la Revista Latinoamericana de Conservación— los niveles de metal hallados en los dientes de los felinos del Parque Nacional Natural Paramillo no alcanzan a ser nocivos, expertos en toxicología de la Universidad de Córdoba y de la Fundación Panthera (que trabaja por la preservación de esta especie) coinciden en que los primeros hallazgos son un campanazo de alerta sobre lo que las aguas alteradas, en parte por las prácticas de la minería ilegal, pueden estar causando a la fauna de la zona.

Al analizar las muestras de dientes obtenidas de dos cráneos de jaguares cazados por campesinos en 2008 y 2009, en cercanías al cerro Murrucucú (zona amortiguadora del Paramillo), el investigador Javier Alfonso Racero-Casarrubia, del Grupo de Biodiversidad de la Universidad de Córdoba, encontró bajas concentraciones de mercurio que, en este caso, están por debajo de los “límites permisibles” y no suponen amenazas. Sin embargo, dice Racero, “estudiar muestras dentales es sólo el inicio. Si pudiéramos tener acceso a muestras de sangre o a órganos como los hígados, lugares donde se alberga el metal, probablemente el índice sería mayor”. Racero también ha detectado mercurio y otros metales pesados en murciélagos y plantas del mismo parque.

Para el director de la Fundación Panthera, Esteban Payán, este es sólo el “pico del iceberg” de la discusión sobre los verdaderos índices de contaminación por mercurio en los cuerpos de animales y humanos. “El metal llega al jaguar a través de los dos bagres que, en promedio, caza al año. ¿Qué puede estar pasando en los cuerpos de los humanos que se comen ese pescado dos o tres veces por semana?”.

La presencia de mercurio en las aguas de los ríos Sinú y San Jorge, que nacen en el Parque Nacional Paramillo y son afluentes principales de Córdoba, ha sido documentada en los últimos ocho años por investigaciones de la Universidad de Córdoba, que han confirmado su existencia en peces, humanos, y ahora en otros mamíferos.

Para los investigadores, liderados por José Luis Marrugo, director del Laboratorio de Toxicología y Gestión Ambiental, existen varias hipótesis: hay serios indicios de que parte del metal provenga de la represa Urrá I (inaugurada en 2000, a 110 kilómetros de Montería y a 30 km del municipio de Tierralta), pues los niveles de mercurio se estarían incrementando mediante un proceso químico relacionado con el estancamiento de las aguas y la descomposición de materia orgánica.

Otras fuentes de emisión son la minería ilegal de oro sobre las aguas del río San Jorge, cuya presencia es fuerte, y la quema de carbón en procesos metalúrgicos e industriales de las zonas mineras del norte de Colombia. “Incluso una importante cantidad de mercurio que se emita en Cartagena o Medellín puede terminar eventualmente, por procesos de evaporación y transporte atmosférico, en esta zona”, explica el profesor Marrugo. “El mercurio es un contaminante que viaja grandes distancias y, como el parque es una zona de alta lluviosidad, se precipita y se incorpora en aguas, suelos y plantas, transfiriéndose a los organismos vivos, en especial a la fauna”.

Marrugo asegura que la presencia del metal podría amenazar a futuro la reproducción de las especies, pues “investigaciones internacionales han documentado que el mercurio disminuye la capacidad reproductiva de los animales”.

Según informes publicados por el diario El Heraldo, de Barranquilla, las comunidades de Córdoba más afectadas por aguas contaminadas con mercurio debido a la minería (por cada gramo de oro que se extrae se vierten dos gramos de mercurio) serían Puerto Libertador, San José de Uré, Ayapel y Montelíbano.

Aunque no se conocen a profundidad los efectos que puede traer el mercurio para la salud de los humanos y animales de esta zona, los investigadores en toxicología de la Universidad de Córdoba han comprobado que las personas que consumen pescado del embalse Urrá I tienen altos niveles del metal en el pelo. “Quizá esos índices aún no tienen efectos evidentes en la salud, pero cualquier persona que coma pescado con altos niveles de mercurio puede estar en riesgo”.

En un informe publicado por El Espectador sobre el impacto del mercurio en los pobladores de Bolívar que se abastecen del río Cauca, el director del doctorado en toxicología ambiental de la Universidad de Cartagena, Jesús Olivero-Verbel, encontró que el metal, ingerido por los lugareños a través del pescado, ha provocado en algunos de ellos temblores en las manos, pérdida de la memoria y disminución de su coeficiente intelectual: “No distinguen colores, su campo visual se reduce, suelen desarrollar alergias y, a veces, experimentan problemas neurológicos severos”. Pero uno de los datos más alarmantes es que “los bebés de las mujeres embarazadas que se exponen al mercurio siempre estarán expuestos a sufrir malformaciones”, concluyó el estudio, en el que participaron 1.300 personas.

[email protected]

@angelicamcuevas