Japón contra las ballenas, de nuevo

A pesar de un fallo internacional que prohíbe la caza de estos animales en la Antártida, el país parece estar lejos de detener esta actividad del todo.

Marineros japoneses inspeccionan un arpón a su salida del puerto de Ayukawa para la temporada de caza en aguas del Pacífico Norte. / AFP

Japón enfila baterías de nuevo contra las ballenas minke luego de un fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que este año tumbó el programa ballenero japonés al desestimar su supuesta naturaleza científica.

Los barcos japoneses se hicieron a las aguas del Pacífico Norte en abril de este año y regresaron a puerto después de cazar 30 ballenas (16 machos y 14 hembras); el fallo de la CIJ prohibió esta actividad en los mares del sur, en la Antártida, por lo que esta nueva cacería cumple con lo estipulado por la Corte.

La temporada de caza fuera de aguas de la Antártida ocurre típicamente entre la primavera y el otoño y también es clasificada por Japón como una actividad científica.

Japón es uno de los países que se adhirieron a la Comisión Ballenera Internacional, establecida en 1986, que prohíbe internacionalmente la cacería comercial de ballenas, aunque deja espacio para esta actividad siempre y cuando se realice con fines científicos.

Durante la lectura del fallo de la CIJ, en marzo de este año, el presidente del jurado, el juez eslovaco Peter Tomka, dijo que "la evidencia no permite establecer que el diseño y la implementación del programa tienen una relación razonable para alcanzar los fines que se propone (…) la Corte concluye que los permisos especiales emitidos por Japón para la caza, el transporte y el tratamiento de ballenas no están relacionados con la investigación científica".

Tomka hace referencia a Jarpa II, el programa ballenero japonés bajo el cual el país enmascaró los fines comerciales de esta actividad amparándose en un supuesto interés científico para estudiar y analizar los comportamientos de la población de ballenas, en especial las minke.

Bajo el paraguas de Jarpa II, los barcos japoneses cazaron 3.600 de estos animales entre 2005 y 2013. Durante este período, la industria ballenera produjo apenas dos artículos científicos: 1.800 especímenes para cada publicación, en otras palabras.

La demanda contra el programa ballenero japonés fue interpuesta por Australia en 2010, puesto que la caza de ballenas se realiza en aguas que, ante los ojos de los australianos, así como de Nueva Zelanda, son santuarios para estos animales.

A pesar de los subsidios del gobierno japonés, la industria ballenera de este país ha sufrido un pronunciado declive, puesto que la demanda de carne de ballena ha disminuido drásticamente entre el público. Sólo en 2012, casi 5.000 toneladas de este producto permanecían en cuartos fríos debido al bajo interés de la gente en consumirlo.

La semana pasada, Shinzo Abe, primer ministro japonés, aseguró ante el parlamento que "quiero apuntarle a una resurrección de la caza comercial de ballenas a través de la obtención de datos científicos indispensables para el manejo de los recursos balleneros. Para esto incrementaré los esfuerzos para lograr un mejor entendimiento entre la comunidad internacional".

Una de las razones que aduce Japón para continuar la caza de ballenas son las raíces culturales que tiene esta actividad entre los japoneses, aunque la cacería de estos animales, a gran escala, apenas comenzó el siglo pasado.

El fallo de la CIJ dejó abierta la puerta para que los japoneses reformulen su programa, en orden de hacerlo una verdadera iniciativa científica, para así poder cazar de nuevo en los mares del sur. El ministro de agricultura japonés, Yoshimasa Hayashi, aseguró que país presentaría un nuevo proyecto de investigación a la Comisión Ballenera Internacional este año para poder emprender otra vez, en 2015, su cacería en aguas de la Antártida.
 

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