La deforestación no es lo único que está acabando con la Amazonia

La degradación: una caída en la salud de estos ecosistemas, la cual limita sus servicios ecosistémicos como proteger los suelos, regular el agua, capturar carbono, entre otros, es una de las principales causas de la pérdida de la selva más grande del mundo. Así lo estableció un estudio difundido por Gaia Amazonas.

El 47 % de las emisiones de carbono liberadas en la Amazonia, considerada la selva más grande del mundo, provienen de la degradación de sus bosques. AFP

En general, la mayor preocupación al hablar del bosque más grande del mundo es su pérdida. Sus hectáreas arrasadas con maquinaria y motosierra, convirtiéndose en peladeros en los que la hierba intenta nacer diariamente fracasando en ello bajo el pisotón de las vacas o la extensión de cultivos. Sí, si bien es un gran problema, según el más reciente estudio de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), no es el único. La degradación de este ecosistema se está escapando de los titulares a pesar de ser responsable de hasta el 47 % de las emisiones de carbono liberadas en esta región verde del planeta. (Lea: Nuevo estudio hace el balance de las reservas de carbono en la Amazonia) 

Se trata de la "reducción de la salud de los bosques, es decir, que disminuyen su capacidad de proveer importantes servicios ecosistémicos como proteger los suelos de la erosión, regular el régimen hídrico, capturar y almacenar carbono, producir oxígeno, proporcionar agua dulce y hábitat, y ayudar a reducir el riesgo de incendios". Así lo define la fundación Gaia, que ha difundido la investigación, también apoyada por el centro de investigación Woods Hole Research (WHRC), y la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). 

El problema es que al hacer bien las cuentas, la degradación termina generando más emisiones que la misma tala. Este asunto fue el responsable de entre el 63 % y el 85 % de los contaminantes emitidos a la atmósfera en siete de los nueve países de la cuenca. "Esto quiere decir que si ignoramos las cifras de Bolivia y Brasil, en promedio, entre todos los países la degradación sería responsable del 75% de las emisiones", sostienen los autores. 

Pero, ¿qué está generando la degradación acelerada de los suelos? La respuesta es un cúmulo de razones que van desde la misma tala, la extracción ilegal de productos del bosque, la frontera agropecuaria y la demanda de expandirla sobre la selva y el pastoreo. Es lógico que ese cóctel de factores descompongan y alteren el funcionamiento natural de los suelos. Además, el cambio climático no se queda atrás como propulsor de la degradación teniendo en cuenta que las altas temperaturas y los cambios meteorológicos que trae consigo aumentan los incendios forestales, las enfermedades y la infestación por plagas. 

El asunto empeora al saber que la degradación impacta con más fuerza en los Territorios Indígenas y las Áreas Naturales Protegidas. Un reflejo de ello es que, según el estudio, "75% de las emisiones fueron por degradación, mientras fuera de estos territorios, las emisiones fueron asociadas en un 66% a la deforestación". 

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* Redacción Medioambiente

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