En el marco del sexto festival Colombiodiversidad

La lista de reproducción del bosque andino

La bioacústica y la ecología del paisaje sonoro demuestran que el sonido es más que aire vibrando. Seguras de ello, dos colombianas han invertido su vida a la voz de la naturaleza. Su primer trabajo “Viaje sonoro” será presentado este fin de semana en el domo del Planetario, en Bogotá.

A la izquierda; la bióloga experta en bioacústica, Sol Camacho Schlenker. A la derecha; la ecóloga Camila Parra Guevara. Ambas son las creadoras de "Viaje sonoro en la noche", una experiencia a través de los sonidos de la naturaleza. Se presentarán este sábado y domingo, a las 4 p.m. en el domo del Planetario, en Bogotá. Óscar Pérez - El Espectador

El corazón imita lo que escucha. Bien lo saben Camila y Sol desde que, desbocadas por su pasión, cada una en un lugar del mundo, se decidieron por los sonidos. Por las voces del río, el viento golpeteando las hojas, las sílabas de los mamíferos, el ruido humano, el susurro de la naturaleza. Ambas son las creadoras de “Viaje sonoro en la noche”, una experiencia amasada desde la ciencia, a través de la bioacústica y la ecología del paisaje sonoro. Esta es la historia de dos colombianas, una de ellas con un pie permanente en Francia, que han hecho del sentido de la escucha un medio para estudiar el estado de los ecosistemas y el comportamiento social de los animales. 

Las autoras: 

Ya veré qué hago con eso. Ese era el mantra de Sol Camacho Schlenker desde hace más de cinco años, cuando empezó a registrar con su grabadora, la más pequeña utilizada en bioacústica, cuanta cosa encontraba. No tenía establecido ningún parámetro. Grababa desde personas comiendo hasta los sonidos que se despertaban a ras del suelo mientras iba sin rumbo caminando por París o cualquier otra ciudad, como Bogotá.  

Luce satisfecha ahora que sus audios encontraron un fin, “un mosaico de sonidos”. El camino hasta aquí está hecho de años académicos, investigaciones científicas y una fijación desde niña por entender lenguajes incomprensibles para ella. Recuerda que, teniendo apenas unos cinco años, después de haberse mudado a Francia con su madre, escuchaba a los niños en la escuela y no entendía nada.

“Todavía hago lo mismo, adentro del bosque, me pregunto qué diablos están diciendo los pájaros. Que aquel gritó no sé qué y que aquel otro se cayó, así que eso quiere decir tal cosa”. A eso se dedica Camacho desde que recibió el título de bióloga en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Su tesis de pregrado fue sobre bioacústica. Esta ciencia, explica ella, estudia “las relaciones comportamentales entre los individuos. Desde saber cómo interactúan entre ellos dentro de una población hasta entender sus estrategias como especie para evolucionar en un medio particular”. Por eso empezó estudiando a un grupo de pacaranas, unos grandes roedores a quien sabe imitar a la perfección.

Luego se mudó de nuevo a Europa, donde hizo su maestría en neurociencia, investigando sobre un primo del cucarachero, ese pájaro que vuela por Bogotá y que hace millones de años logró migrar al otro continente, evolucionando allá. Empezó a grabar con afición lo que encontrara y... Este es el momento de la historia en que entra Camila. 

Camila Parra Guevara inscribió ecología en la Universidad Javeriana al graduarse del colegio. Esa carrera encerraba sus amplios gustos, encaminándola cada vez más hacia el sonido. A pesar de que en Colombia la investigación en ecología del paisaje sonoro aún está cruda, esa fue su elección. Segura, sabiendo que esto era lo suyo, se atrevió por esta disciplina que, como ella misma lo explica, "consiste en ir a un lugar cualquiera, puede ser un bosque, un cultivo, la selva, un río y grabar los sonidos. Tanto los que pertenecen a la biofonía, que son los animales, los sonidos de geofonía en donde está la lluvia o el viento y la antrofonía, en donde caben los que producen los humanos en un paisaje".

Ese amplio material da una idea de la salud de los ecosistemas, de su conservación. Esta rama de la ecología, además, permite ir por sonidos más específicos. Pero Parra quiso responderse otra pregunta que la rodeaba. ¿Serán los sistemas agroforestales de café, en los que se siembra debajo del bosque, realmente efectivos para la conservación de la biodiversidad? Por eso su tesis se enfocó en aclarar la cuestión. 

Tomó su grabadora, distinta a la de bioacústica, esta es más grande, parecida a una caja con dos micrófonos ominidireccionales, y se puso a grabar el paisaje de dos cultivos de este tipo, algunos bosques de Salento y otro sistema de cultivo común. La respuesta, gracias a sus horas de grabaciones, le indicaron que había más pájaros cantando, más susuros de animales y soplos del viento contra las ramas en los agroforestales, como ella había imaginado. 

Luego de esa experiencia conoció a Sol, porque un amigo en común las presentó. Hace un año se vieron por primera vez, compartieron contactos y estuvieron pasándose información mientras una estaba aquí en Colombia y la otra en Francia. Ese tiempo estuvo colmado por grabaciones, exposiciones de arte donde el sonido jugaba un papel importante e ideas que iban arrumando en sus mentes. Cuando volvieron a verse, no tardó mucho tiempo para que sus reflexiones las llevaran a un viaje sonoro. 

Sol y Camila se conocen hace poco más de un año. Un amigo en común, economista y casual enlazador de intereses, las presentó. Poco después, durante un larga conversada, se les ocurrió un "Viaje sonoro de noche" que se presentará mañana sábado 25 y 26 de mayo. Crédito: Óscar Pérez - El Espectador. 

Este sábado 24 de mayo y el domingo, a las 4 p.m., verá la luz el hijo de ambas. Un collage de sonidos que han grabado juntas y separadas y que componen el retraro de lo que suena en un bosque andino. El evento, que se llevará a cabo en el domo del Planetario, no tiene ningún costo. La gracia de que puedan presentarse se debe al festival Colombiodiversidad, organizado por manos francesas y colombianas, casualmente escucharon la idea de ambas científicas. Su sueño de que "la gente pierda un poco el miedo a sentarse y escuchar", como lo dice Camacho. 

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Camila Taborda @Camilaztabor

Medio Ambiente

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