El pangolín, el símbolo de los males de la pandemia

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Este mamífero es la especie más traficada del planeta. Los científicos presumen que el nuevo coronavirus surgió en el murciélago, fue huésped del pangolín y ahí dio el salto a los humanos. Desde hace unos días, el país asiático, removió este animal de la lista de ingredientes de medicina tradicional, la principal causa de su tráfico.

En marzo de 2017 un banquete de las autoridades de la provincia de Guangxi, en China, se hizo noticia. La indignación colectiva, en especial de grupos ambientalistas de ese país, se encendió con la publicación de cuatro fotos del evento en las que se veía el plato principal de la velada: carne de pangolín. “Los secretarios Li y Huang, nos invitaron a su oficina y cocinaron pangolín. Es la primera vez que lo comía. La textura y el sabor son buenos, ¡me encantó!", fue el mensaje que uno de los invitados publicó en su cuenta de Twitter. Aunque se abrió una investigación judicial, pues según las leyes del país asiático comer carne de un animal protegido puede dar hasta 10 años de cárcel, el gobierno local siempre negó los hechos.

El pangolín es un animal preciado en los mercados de África y Asia, las regiones donde esta especie crece. Su carne se convirtió en uno de los platos más distinguidos de la élite en China, un kilo puede llegar a costar hasta $250 dólares. Pero este mamífero, el único con escamas en el planeta, también es un ingrediente clave en las preparaciones milenarias de la medicina tradicional asiática. Las supuestas propiedades de este animal, según esta cultura, puede llegar a curar el asma, el reumatismo y la artritis. Sus escamas son utilizadas como remedio para la impotencia sexual y puede estimular la lactancia en las madres. Algunos aseguran que con el pangolín se puede llegar a curar hasta el acné.

En los últimos meses, el mundo enteró volcó su atención a esta especie por ser sospechosa de haber transmitido el virus SARS-Cov-2 a los seres humanos y, desencadenar una pandemia que hasta la fecha ya dejó más de siete millones de personas infectadas en el mundo. Aunque su responsabilidad no se ha demostrado del todo, un estudio publicado en Nature señaló que, al reexaminar las muestras de pangolín tomadas en China, en marzo de 2019, se arrojaron genomas de coronavirus del animal que coincidían un 85.5% con la secuencia del SARS-Cov-2. Sin embargo, el estudio recalcó que, aunque los resultados muestran altas similitudes con el virus, aún no se puede asegurar su responsabilidad.

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Algunas hipótesis apuntan a que el principal animal portador del SARS-Cov-2 es un murciélago que transmitió el virus a otro animal intermedio: el pangolín. Para Luis Germán Naranjo, director de gobernanza y conservación de WWF Colombia, esta idea no es tan descabellada, “el poner en contacto poblaciones silvestre bien sea con los humanos o con otras especies silvestres o domesticas hacen que esta transmisión sea posible para dar paso a las infecciones zoonóticas”. Como respuesta a la contingencia sanitaria, China empezó a reforzar sus políticas de protección a los animales silvestres y atacó, temporalmente, el lugar donde surgieron los primeros contagios reportados: el mercado de animales. Desde enero, el gobierno anunció una prohibición temporal sobre el transporte y el comercio de especies salvajes en estos lugares. Un mes después, el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional se comprometió a prohibirlo totalmente.

La decisión más reciente, conocida la semana pasada, fue la eliminación del pangolín de la lista de medicamentos tradicionales del país asiático. Un hecho histórico, pues la demanda más alta del mamífero es por fines curativos. “La mayor parte de la demanda de pangolín proviene de la medicina y el consumo tradicionales chinos. Eso es lo que está impulsando este comercio ilegal a gran escala”, advirtió a los medios de comunicación, David Olson, director de Conservación de WWF Hong Kong. Aunque la medida fue bien recibida, en el fondo, muchos aseguran que no será suficiente. "Prohibir es fácil y lo convierte en un gran titular, pero erradicar los hábitos notorios y supersticiosos de comer animales exóticos para la salud o por estatus, y la práctica de criar animales para uso medicinal, profundamente arraigada en la cultura y la historia china durante miles de años, será mucho más difícil", opinó Wang Xiangwei, analista del diario South China Morning Post (SCMP) a BBC Mundo.

Aunque la medida representó un salto en las políticas de protección animal, algunos expertos advierten que al tratarse de un tema principalmente cultural la transición será progresiva, “hasta tanto no haya un cambio cultural profundo que implique la eliminación de esta creencia o está dependencia a esas medidas es difícil que cualquier medida tenga efecto”, agregó Naranjo. En entrevista con BBC Mundo, Terry Townshend, un consultor de conservación de vida silvestre en China, aseguró que es un problema estructural de las creencias de estas comunidades, “aunque los beneficios medicinales de muchos productos de vida silvestre no han sido probados científicamente, la creencia en el sistema es fuerte”.

Incluso, Townshend contó a la BBC que conocía el caso de una familia muy bien educada con dos hijos profesionales: uno con problemas de fertilidad y el otro experto en temas de conservación de vida silvestre, "a pesar de ser muy conscientes de la falta de evidencia científica, el hermano con problemas de fertilidad ha usado escamas de pangolín como último recurso, ya que habían intentado todo lo demás", agregó. Sin embargo, en una encuesta realizada recientemente en China, de más de 101.000 encuestados, el 97% dijo que se oponía al consumo de productos de vida silvestre y apoyó la prohibición por parte del gobierno.

Para Luis Germán Naranjo, una decisión similar ya se había tomado en el pasado con los rinocerontes y el uso de su cuerno como afrodisiaco, “es un remedio milenario y han hecho todos los esfuerzos por controlar la cacería de rinocerontes y tratar de eliminar este mercado negro y ha sido absolutamente imposible. Aún sigue habiendo casos y hay toda una cadena comercial detrás de esto”, agregó. Lo cierto es que el nuevo coronavirus es solo un ejemplo de las grandes epidemias causadas por relaciones equivocadas de los seres humanos con sus entornos.

En el siglo XIV, la peste bubónica arrasó con aproximadamente la mitad de la población de Europa en solo cuatro años y el origen de la epidemia fue una enfermedad transmitida por las pulgas que portaban las ratas, animales que se pusieron en contacto con otros espacios por el traslado de mercancías en rutas de comercio. El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) es otro de estos ejemplos, pues su expansión se asocia con el consumo de carne de chimpancé, carne de monte que se empezó a comercializar en mercados de algunos países de África.

El animal más traficado del mundo

Cuando el pangolín se siente amenazado lo único que puede hacer es volverse bola y exponer sus gruesas escamas. Como es lento y, más allá de su escudo natural, no tiene más herramientas de defensa, desde hace décadas se convirtió en un objetivo perfecto para la caza furtiva. Hay en total ocho especies existentes de pangolín, todas amenazadas. Pero, solo dos han sido catalogadas en la categoría “en peligro crítico”: el pangolín malayo (Manis javanica) y el pangolín chino (Manis pentadactyla).

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Solo en 2019, se llegaron a incautar envíos masivos de más de 130 toneladas de este animal. Cifra que representa unos 400.000 pangolines de África. En los últimos cinco años, más de 14.000 pangolines enteros fueron incautados en los cruces fronterizos en Asia, 95% de ellos en envíos de 21 animales o más. Aunque el intercambio de pangolines asiáticos se prohibió en el 2000 y el de las especies africanas en 2017, los países han seguido permitiendo las ventas locales de productos con estos animales.

El pangolín es una muestra de lo que tiene que cambiar en el mundo. Una muestra más de que todas las acciones tienen consecuencias y en un presente globalizado como el que vivimos, esas secuelas nunca son ajenas. “La pandemia nos ha enseñado que para cualquier ciudadano del corriente cosas que parecían remotas como una posible infección proveniente de una especie silvestre, la podemos tener a la vuelta de la esquina porque estamos en un mundo globalizado. Todo lo que hacemos tiene un costo”.

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