Por: Julio Carrizosa Umaña

La Urbanización de la Sabana de Bogotá

EL DC presentará próximamente al Concejo el POT en donde se convierten en suelos de expansión urbana todos los terrenos rurales que hoy tiene Bogotá al norte de la ciudad. Se trata de casi 3.000 hectáreas de suelos planos y fértiles categorizados por el Instituto Agustín Codazzi como de clase II y III y, por lo tanto, óptimos para la producción agropecuaria. En el proyecto del POT también se convierten en urbanos los suelos cercanos a la reserva forestal de los cerros orientales.

Desafortunadamente, la CAR, entidad encargada de la protección de la sabana, ha dado su aprobación a estas propuestas. Estas dos decisiones muy probablemente serán imitadas por los alcaldes y por la mayoría de los concejos municipales en la sabana de Bogotá.

En pocos años serán urbanizadas la mayoría de las 90.000 hectáreas que todavía almacenan y distribuyen agua lluvia, en donde prosperan miles de especies, se genera recreación y se producen alimentos y flores para la exportación junto a la ciudad capital. Se ha llegado a esta situación debido a que el alcalde y varios empresarios están interesados en construir “ciudades modelo” en la sabana, ciudades que constaten sus habilidades como diseñadores y promotores.

Esos deseos podrían ser aceptables siempre y cuando no destruyeran el patrimonio ecológico de los colombianos, como es el caso de la urbanización de la sabana. Para apoyar estas graves modificaciones de la política ambiental y agropecuaria, el Distrito insiste en que es necesario hacer viviendas para casi dos millones de habitantes más de los que tiene hoy Bogotá y alega que con ellas se bajarían los costos de la construcción en la ciudad.

Al decir esto no solamente niega los resultados recientes del DANE, sino que contradice los datos de la estructura actual del sector de la construcción de vivienda. Tampoco reconoce el potencial de construcción de vivienda en otras regiones. Solamente recuerda una frase de un célebre economista norteamericano a quien le gustaba justificar la expansión hacia los suburbios de las ciudades gringas.

Lo más grave de la situación es que la Alcaldía puede sacar el POT por decreto si se cumplen circunstancias especiales, y la CAR parece haber abandonado su función protectora de los suelos agropecuarios. Así las cosas, si el Gobierno Nacional no interviene es muy probable que la sabana ecológica, agraria y recreacional desaparezca en los próximos años.

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