Los hombres que aprendieron a bucear para buscar a sus familiares desaparecidos tras el tsunami de Japón

Cinco años después del desastre natural que mató a miles de personas, un padre y un esposo aprendieron a bucear para buscar el único lugar donde les hace falta: el mar.

El tsunami de Japón que cobró la vida de más de 15 mil personas sucedió en el 2011. / Wikimedia

El japonés de 56 años Yasuo Takamatsu perdió a su esposa, Yuko, en el tsunami de Japón de 2011 que cobró la vida de más de 15 mil personas. Luego de la pérdida, Takamatsu buscó en todos los lugares posibles. Buscó en la tierra, en los lugares de la costa donde había desaparecido, en las playas de Onagawa, en las montañas y en los bosques. Pero pasados dos años y medio después del desastre natural seguía sin encontrarla, entonces la única opción que le quedaba era explorar en el mar.

Takamatsu contactó a la tienda local de buceo para preguntar si daban clases. El instructor, Masayoshi Takahashi, llevaba, por ese entonces, voluntarios a limpiar escombros en la costa y ya se habían topado con cuerpos atrapados dentro de carros o flotando en el mar.

Takamatsu le confesó su plan al instructor: “La razón por la que estoy interesado en aprender a bucear a los 56 años es porque trato de encontrar a mi mujer en el mar”, dijo al New York Times. Hicieron búsquedas de todo tipo: en círculos, en semicírculos, en línea recta o a través de una corriente, pero no fue posible hallar ninguna pista de su paradero.

Un día, Takamatsu conoció a Masaaki Narita, de 57 años, encargado de una planta de procesamiento de pescado y quien también había perdido a su su hija Emi, de 26 años, en el tsunami.

Emi trabajaba con Yuko en el mismo banco cuando ocurrió el tsunami y para intentar salvarse se habían refugiado en el techo de la edificación. No obstante, tuvieron mala suerte y una ola se las llevó por delante.

Takamatsu sintió la pérdida de Narita y se ofreció a buscar también a Emi en el mar. Sin embargo, Narita decidió que él mismo bucearía para buscar a su hija. Así, en febrero de 2014, Takamatsu le presentó a su instructor de buceo al que sería su nuevo compañero de búsqueda.

Para enero de 2016, Takamatsu ya había estado en 110 inmersiones, con una duración de entre 40 y 50 minutos cada una. No sólo se dedicaba a buscar su cuerpo, sino rastros de sus cosas: una billetera, ropa, joyas o cualquier cosa con la que pudiera identificar a su esposa después de cinco años en el océano.

“Yo esperaba que fuera difícil”, dijo Takamatsu al NYT, “pero es lo único que puedo hacer. No tengo más remedio que seguir buscándola. Me siento más cerca de ella en el océano”, remató.

Temas relacionados