“Los huracanes no son nuevos para la ciencia, ni para Colombia. Debimos aprender la lección”

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Elizabeth Taylor ex directora de la Corporación Coralina de San Andrés y Providencia habló con El Espectador de las fallas y retos luego del paso del huracán Iota y recalcó la importancia de que se dejen de proponer “tantos documentos” y más bien se hagan acciones.

Para Elizabeth Taylor, exdirectora de la corporación regional de San Andrés y Providencia, Coralina, las consecuencias del paso del huracán Iota no son un tema nuevo. Durante décadas, el país ha sido testigo, y algunas veces víctima, de cientos de tormentas tropicales a lo largo del Caribe y la conclusión en las pequeñas islas del Caribe siempre ha sido la misma: destrucción. (Acá: “Se ha avanzado poco en adaptación al cambio climático en el Archipiélago”)

Taylor, en su paso por Coralina llegó a implementar planes de riesgo, pilotos de refugio para huracanes y hasta una política de población para San Andrés. Sin embargo, hoy desde una posición independiente como consultora ambiental, habla de una lección clara que al parecer a Colombia le ha costado aplicar: “Hay que dejar de hacer tantos documentos y moverse a acciones transformativas. Hay que crear escenarios de vida para las poblaciones vulnerables, como la raizal, en las que el desarrollo sostenible tenga sentido y más en esta época de cambio climático”.

Usted es raizal. ¿Su familia estuvo en la isla cuando pasó el huracán? ¿Qué sabe de la situación?

Nos enteramos por los medios de comunicación y también tuvimos la oportunidad de hablar con un familiar que estaba allá durante el evento. Realmente es muy triste lo que ha pasado en la isla de Providencia, sobre todo, ha habido desastres en San Andrés, pero nada comparado con haber sido golpeado de manera directa por un huracán categoría cinco. Esto no es algo nuevo para la ciencia ni para Colombia, porque ya ha habido muchas situaciones de estas en la región del Caribe a lo largo de los años que nos deberían enseñar una lección. Se han visto las consecuencias de otros huracanes, como el María en Puerto Rico, de esta magnitud con el componente de que ahora están exacerbados por el cambio climático. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático ya llamó la atención sobre este tipo de fenómenos y cómo el clima modifica este tipo de eventos en términos de ocurrencia, intensidad y periodicidad. Vamos a ver más huracanes de este tipo en los próximos años, debido al calentamiento global y de los océanos. Esto no es algo nuevo para la ciencia ni para Colombia, porque ya ha habido muchas situaciones de estas en los últimos años que nos deberían enseñar una lección de lo que ocurre en islas pequeñas. (Lea: “Lo que sucedió el fin de semana era un desastre anunciado”)

¿Recuerda un evento similar, con daños como los que se reportaron, en los años recientes de San Andrés y Providencia?

En 2005 —que fue un año muy parecido al 2020, porque se presentaron más de 27 tormentas en el Caribe— pasó una tormenta tropical muy cercana a Providencia que en pocas horas se convirtió en un huracán categoría uno y devastó más del 80 % de la isla. Es cierto que es la primera vez que un huracán categoría cinco golpea las islas, pero no es la primera vez que ocurre un huracán así en el Caribe. Creo que nosotros como país estamos cerrados a las realidades que ocurren en la región y no aprendemos de las lecciones de otros sitios en el Caribe. La inversión en ese momento fue muy lenta y muchas de las casas que se cayeron eran de interés social, y no es que yo tenga algo en contra de los proyectos de interés social, es que la infraestructura para el archipiélago y Providencia tiene que ser una infraestructura apta para adaptarse al cambio climático.

El aprendizaje de la gente después de Beta inicialmente fue que nosotros hacíamos nuestros baños, nuestros techos altos, pero los baños no tenían placa encima y luego del huracán ese fue un aprendizaje, razón por la cuál casi toda la gente sobrevivió porque la gente aprendió y por lo menos aseguraron tener un baño con placa dentro de sus casas y ese fue el refugio de la mayor parte de la gente durante Iota.

Teniendo en cuenta esos antecedentes en el Caribe, ¿cuándo se empezaron a hacer proyectos de gestión de riesgo y adaptación al cambio climático?

Después del 2005, con la llegada del huracán Beta vinieron muchos documentos institucionales. En 2007 hubo un proyecto piloto nacional de adaptación al cambio climático del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por su sigla en inglés). Yo era la directora de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Coralina, y en ese momento implementamos algunas medidas de adaptación, pero como en esos proyectos no entregan muchos recursos para inversión, en ese momento fueron medidas pequeñas de adaptación. De allí se formuló la política de población para San Andrés y se establecieron sistemas donde se manejaban las aguas residuales y la recirculación en la isla. También se hicieron dos prototipos de refugio antihuracán en Providencia, pero esa política de población nunca tuvo eco a nivel institucional a pesar de que se envió al Ministerio de Interior. En 2014 se formuló el Plan de Adaptación al Cambio Climático de San Andrés. Lo que pasó la semana pasada en las islas nos tiene que dejar una lección. En el sistema de emergencia de los cayos de Florida, en Estados Unidos, cuando hay un huracán categoría 3, 4 o 5 la orden es evacuar los cayos, porque no hay forma de tener a la población sana de eso. Hay que hacer una reflexión mundial de dejar de hacer tantos documentos y moverse a acciones transformativas. Hay que crear escenarios de vida para las poblaciones vulnerables, como la raizal, en las que el desarrollo sostenible tenga sentido y más en esta época de cambio climático.

Si se empezaron a plantear los proyectos, ¿qué pasó con los documentos? ¿Alguna vez se llegó a alguna acción concreta?

Hay un defecto muy grande en nuestro país frente al tema de la política pública. Tenemos todas las políticas públicas, pero cada líder quiere tener su política pública personalizada y no trascienden de administraciones. El que llega destruye lo anterior y no hay una continuad en la implementación y por eso es que el país está abocado permanentemente a los desastres, porque no hay una implementación permanentemente y de facto a las políticas públicas que se generan.

¿Cuáles son los impactos ambientales en los ecosistemas de las islas con el paso de un huracán?

Si lo miramos a nivel terrestre, el mayor daño es haber perdido 100 % de la cobertura vegetal. Todos los árboles, incluyendo los manglares, perdieron su cobertura. Es como si un fuego hubiera pasado sobre la isla. Lo grave de esto es que ahora que termina la temporada de huracanes, entramos a la temporada de sequía y especies como el cangrejo ven su hábitat, que es el bosque, totalmente afectado y, por lo tanto, su desarrollo seguramente en los próximos años se verá disminuido. Seguramente también perdimos casi todas las especies de aves y van a tardar en volver mientras naturalmente las poblaciones se recuperen. Lo otro es el sistema arrecifal y sobre todo en San Andrés, que también recibió mucho del fenómeno oceánico que hace que los corales se fragmenten. Hemos estado en un proceso de restaurar corales en las islas por la contaminación, que causó que muchos hoteles durante años vertieran aguas residuales allí. Pero ahora podríamos comparar la situación con los años 90 otra vez, porque se han vuelto a levantar hoteles en la isla, a pesar de que hace muchos años una política gubernamental promovía las posadas nativas como una opción para el turno. Hoy en día los paquetes turísticos no dejan opción a la comunidad.

¿Cuánto tiempo podría durar esa recuperación del ecosistema?

Con el huracán Beta pasaron varios años mientras la gente pudo otra vez volver a recuperar lo que tenía. Yo espero que en este momento se dé más rápido, aunque es complicado porque en ese tiempo las personas no tenían las casas totalmente destruidas, ahora hacerlas habitables va a tomar un mayor tiempo. Cuando ocurrió María en Puerto Rico muchas personas perdieron todo y mientras se recuperaban tuvieron que ir a otro estado de los Estados Unidos, porque no tenían dónde vivir. Lo cierto es que yo sé que mis paisanos no se van a mover de esta roca y la comunidad de Providencia es resistente, guerrera y resiliente. De esta nos vamos a levantar más fuerte. Ha sido difícil, hemos llorado, porque no es para menos.

La comunicación de las islas fue uno de los grandes fallos con el paso del huracán. ¿El tema de conectividad es algo histórico?

Cómo es posible que dentro del sistema de riesgos no estaban estipulados teléfonos satelitales o si los había no los usaron para dar un poco de tranquilidad de que la gente estaba viva. Cuando fui directora de Coralina, mi gestión fue controversial porque cuestionaba proyectos que no tenían que ver con el sistema insular. En algún punto se propuso el tema de cable submarino, un proyecto que era la panacea y es increíble que ahora en medio de una pandemia sea casi imposible tener una reunión virtual dentro de la isla, porque la comunicación no lo permite, ¿Qué pasó con el cable? Puede ser que las telecomunicaciones funcionen con torres repetidoras y seguro un huracán de estos las iba a derribar, pero cómo es posible que en un plan de emergencia al menos una persona de cada sector no tenga un teléfono satelital. Lo único claro es que no se puede hacer un planeamiento de la isla sin tener en consideración la variable de cambio climático. No podemos desconocer esa realidad, que nos debe obligar a mayores inversiones estatales.

Como experta en temas ambientales, pero sobre todo como raizal, ¿qué sugerencias daría para reforzar los planes de riesgo y prevención de la isla?

Hacer unos planes departamentales de construcción con códigos donde sea vinculante y obligatorio incorporar la variable de cambio climático. Fortalecer capacidades de ecosistemas, porque en una isla oceánica es la protección natural más importante; por eso es que hemos sobrevivido por miles y millones de años. Esa protección natural se ha ido deteriorando y fortalecerla significa restaurar los corales, los manglares y hacer un manejo inteligente del agua. ¿Cómo es posible que en la isla de San Andrés los hoteles se encuentren sobre uno de los humedales más grandes y los acabaron? Cuando muestran las imágenes de la isla inundada es porque el agua no tiene dónde correr. Hay que hacer un sistema que recupere las zonas costeras. Un sistema de gestión de riesgos no puede seguir quitando grandes restaurantes que están sobre la playa y montando otros negocios. Las carreteras se construyeron sobre la costa y hoy lloramos porque el mar se las llevó, pero es que estas construcciones no tuvieron que haber estado ahí desde un principio, el agua tiene memoria.

Por último, creo que hay que tener en cuenta el conocimiento ancestral para poder tomar mejores decisiones frente al cambio climático. Hay que tener en cuenta el conocimiento endógeno, porque hay mucha capacidad instalada en el archipiélago. Hay que llamar a la mesa a los genios de nuestras islas para tener un mejor planeamiento. No veo que sigan planeando el archipiélago desde Bogotá.

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