Desde enero se han incautado 626 ejemplares

Los perros que huelen el tráfico ilegal de especies animales

En el año 2012 se creó el primer escuadrón canino de la Policía Nacional para combatir el comercio ilegal de animales silvestres. Gracias a sus labores se han recuperado 136 ejemplares vivos y capturado a 17 traficantes nacionales en lo que va del 2017.

El pastor alemán Tato y Wilmer Sánchez hicieron parte del primer escuadrón canino contra el tráfico ilegal de especies. Javier Salguero - El Espectador

Hace cinco años, la Policía Nacional se jugó su última carta para combatir el tráfico ilegal de especies: cuatro cachorros llamados Terry, Danger, Dino y Tato. Los primeros perros que la Policía entrenó para detectar animales silvestres con la nariz. Desde que tenían dos meses les enseñaron a reconocer el olor de las plumas, de la piel de las serpientes, del pelo de los monos, y a sentarse cada vez que lo identifican al olfatear una caja o una maleta en alguna terminal del país.

Este experimento, llevado a cabo en el año 2012, dio resultados. Tras meses de prueba, los cuatro caninos y sus compañeros policías salvaron 27 animales vivos en la terminal de transporte de Bogotá y en el aeropuerto internacional El Dorado. Detectaron cangrejos, canarios, tortugas morrocoy, loros, cotorras, sinsontes y pericos que sacaban de la capital escondidos dentro de un equipaje.

Sus narices fueron tan efectivas, que la Secretaría Distrital de Ambiente y la Policía Nacional extendieron la prueba a otros lugares del país identificados como núcleos de tráfico silvestre. Los cuatro equipos estuvieron en Leticia, en el Amazonas y en la plaza de mercado de Girardot, en Cundinamarca.

El éxito del primer escuadrón canino llegó a oídos del Ministerio de Ambiente, que desde principio de siglo luchan con estrategias nacionales por combatir este delito ambiental.

 

Traficar animales silvestres es el cuarto negocio ilegal más lucrativo del mundo, después de las drogas, la falsificación y el tráfico de personas. Para medirlo, las autoridades echan mano del número de incautaciones que se realizan dentro de los países y a nivel global.

En Colombia, por ejemplo, se decomisaron 211.571 animales vivos del año 2005 a 2009. Esas incautaciones fueron hechas por 33 Corporaciones Autónomas Regionales que hicieron la salvedad de que la cifra pudo haber aumentado a 224 mil de contar con más refuerzos.

A nivel internacional, las cifras de incautación de la base de datos World Wise revelaban que en los últimos 17 años se han registrado más de 164.000 animales silvestres en 120 países. En todos, la cantidad de especies confiscadas por país era similar. Ese dato fue la prueba para que la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc) denunciara en su primer informe sobre delitos ambientales que todos los países del mundo están involucrados con el tráfico ilegal. Son fuente o tránsito o destino de contrabando. Incluso, se calcula que el tráfico internacional mueve alrededor de US$10 billones anuales por todo el mundo.

Una sospecha exitosa

Una fotografía del año 1913, colgada en la Escuela de Guías y Adiestramiento Canino Agente “Álvaro Rojas Ahumada”, en Facatativá, Cundinamarca, muestra a un grupo de policías trabajando en compañía de una manada de pastores alemanes.

Desde aquel entonces los perros fueron utilizados como una ayuda para combatir los delitos que agobiaban al país. Los entrenaron desde los años cincuenta para rastrear delitos de bandolerismo. Luego, en la época marimbera, les enseñaron a detectar sustancias narcóticas, seguido por las minas antipersonales, las divisas, los hidrocarburos, los explosivos e identificación de cuerpos. Hasta llegar al día de hoy, capaces de detectar fauna silvestre.

El atractivo que tienen los caninos es su extraordinario sentido del olfato. Investigadores científicos han demostrado que los perros alcanzan a oler hasta varios tipos de cáncer y bacterias en el aire. La explicación, descrita por un estudio de la revista Sapuvet de Salud Pública, es que un perro tiene más de 220 millones de células olfatorias, mientras que un humano tiene unos cinco millones.

Esa ventaja les permite incluso aislar moléculas de olor e “identificar sustancias en umbrales tan bajos como partes por trillón”, concluyó el estudio hecho por tres médicos veterinarios de Bogotá.

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Fotografías de la Escuela de Guías y Adiestramiento Canino Agente “Álvaro Rojas Ahumada”. 
 

El olor del tráfico ilegal de animales silvestres

Los escuadrones caninos son entrenados con un banco de olores. Una muestra de 18 tarros de vidrio donde reposan alas de pericos, de loros y de guacamayas. Pieles de serpientes, pelo de monos, caparazones de tortugas y algodones con la sustancia que las ranas expelen.

Todo ese material fue donado por el Centro de Recepción y Rehabilitación de Flora y Fauna Silvestre hace cinco años, un espacio a cargo de la Secretaría de Ambiente de Bogotá.

El mecanismo que utilizan los guías caninos son gazas para absorber el olor. Las sostienen por encima de las muestras a través de una malla y las dejan reposar a esa distancia por unos minutos.

Luego colocan las gazas dentro de los cajones de prueba y con ellas realizan el entrenamiento habitual para todo perro de la Policía. Potenciación de impulsos básicos, asociación al detectar olores y registro para dar la señal de que se encontró un positivo.

En este caso la señal es sentarse. Así, los animales que fueran rescatados y estuvieran vivos no sufrirían más estrés a causa de los ladridos o los saltos del canino.

Bajo esas instrucciones se puso en marcha el programa. Hoy existen 24 caninos entrenados en Colombia para detectar animales silvestres en puertos marítimos y fluviales, aeropuertos nacionales e internacionales y terminales terrestres del país. De ellos, 16 caninos trabajan actualmente junto a sus compañeros oficiales en campo.

Sus operaciones son reportadas a la Dirección de Protección y Servicios Especiales de la Policía Nacional, un grupo que ha documentado en los primeros cinco meses de 2017 un número total de 24 capturas y hasta 626 incautaciones a nivel nacional, gracias a las narices caninas y la atención de sus guías.

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Fotografías del Grupos de Protección Ambiental  y Ecológica de la Policía Nacional.