Una pelea de titanes

Los Rockefeller versus ExxonMobil

El patriarca de los Rockefeller amasó su fortuna con la explotación de petróleo. Irónicamente, sus descendientes ahora encaran a la más poderosa empresa de hidrocarburos, de la que son accionistas, para que replantee su negocio ante el cambio climático.

Manifestación en contra Exxon Mobil, una compañía que desciende de Standard Oil fundada por John D. Rockefeller. / EFE

– ¿No se convirtió la compañía Standard Oil en Exxon? –preguntó la jueza Valerie Caproni del Distrito Sur de Nueva York–, eso es irónico, ¿no crees?

– Es inquietante, jueza –la corrigió Justin Anderson, uno de los abogados de Exxon.

– No. Es irónico –ripostó la
jueza.

– Podría ser ambas cosas –dijo Anderson, irónico e inquietante al mismo tiempo.

– Fascinante, murmuró Caproni: ¿Qué pasó con esos Rockefeller?

– Su señoría, lo que sucedió con los Rockefeller…

La jueza Caproni no dejó continuar al abogado y lo interrumpió:

– A los Rockefeller les importan que sus próximas generaciones puedan respirar.

La audiencia de noviembre de 2017, presidida por la jueza Caproni, fue el último capítulo de una disputa que se remonta al 2003, entre una de las familias más ricas e influyentes del mundo, los Rockefeller, y la compañía ExxonMobil, la más poderosa del sector de hidrocarburos. Ese año, según el relato del periodista Reeves Wiedeman en The New York Magazine, Neva Rockefeller Goodwin, una economista de la Universidad de Tufts y tataranieta del patriarca de los Rockefeller, lideró una iniciativa dentro de la junta de accionistas de la Exxon Mobil para que la compañía presentara un informe sobre los impactos del cambio climático en el negocio.

El reclamo “activista” fue visto con malos ojos por los directivos de la compañía y la petición no prosperó. En 2006, varios miembros del clan Rockefeller, entre los más de 270 miembros que incluye a políticos destacados, artistas, académicos, escritores y empresarios, decidieron que era hora de enfrentar a la empresa en público.

“ExxonMobil necesita volver a conectarse con la visión emprendedora y visionaria de mi bisabuelo”, dijo Goodwin en una rueda de prensa, al tiempo que invitaba a Exxon a emprender una transformación del negocio hacia las energías limpias.

“Si no les gusta la compañía, vendan sus acciones”, fue la agria y poco diplomática respuesta de Rex Tillerson, CEO de Exxon en aquel momento y hoy ficha clave en el gobierno de Donald Trump como secretario de Estado. De paso les recordó que los Rockefeller eran dueños de tan sólo el 0,006 por ciento de las acciones.

A través de una de las fundaciones filantrópicas de los Rockefeller, la familia donó US$500.000 a la Universidad de Columbia para que un grupo de periodistas investigara qué tanto sabía la compañía sobre el cambio climático. Una tarea que por su cuenta también había asumido el portal InsideClimate News.

Las pesquisas de los reporteros sacaron a la luz pública una serie de documentos, preparados por científicos de la propia compañía en los años setenta, en los que advertían los riesgos del uso intensivo de combustibles fósiles y el cambio climático. “Sin grandes reducciones en la quema de combustibles fósiles podría ocurrir una serie de eventos potencialmente catastróficos, como la eventual inundación de gran parte de la costa este de EE. UU., incluidos el estado de Florida y Washington DC”, se leía en uno de ellos.

La publicación de los reportajes en los más importantes diarios de Estados Unidos fue tomado por Exxon como la declaración de guerra. Mientras fiscales en estados como Nueva York, Massachussetts y California comenzaron a investigar a la compañía por su comportamiento deshonesto, su responsabilidad ante la crisis ambiental y sus intentos de sabotear la ciencia alrededor del cambio climático, los abogados de la compañía cargaron sus armas y demandaron a los Rockefeller bajo el argumento de estar tejiendo una “conspiración” en su contra.

En 2016, la familia Rockefeller anunció que alejaría su dinero de los combustibles fósiles y de Exxon. “Durante más de un cuarto de siglo, la compañía intentó engañar a los políticos y al público acerca de las realidades del cambio climático, protegiendo sus ganancias a costa de un inmenso daño a la vida en este planeta”, escribieron David Kaiser y Lee Wasserman, representantes de la familia, en un extenso texto sobre la situación que enfrentaban.

Parece que los Rockefeller abrieron una puerta difícil de cerrar. Esta semana el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció que demandaría a ExxonMobil, ConocoPhilips, Chevron, Royal Dutch Shell y BP por ser las principales responsables del cambio climático.

“Las compañías de los combustibles fósiles sabían del impacto en el clima y engañaron al público de una manera intencionada para proteger sus beneficios. Deben pagar”, dijo Blasio. Anunció también que los fondos de pensiones de la ciudad retirarán US$5 mil millones que estaban invertidos en la industria de combustibles fósiles y que hacen parte de la cartera que asegura las pensiones de maestros, policías, bomberos y personal administrativo de las escuelas.