Más que rezar hay que actuar

Los obispos católicos de todo el mundo piden que se ponga fin al uso de combustibles fósiles y que se sumen esfuerzos para asegurar un tratado climático global.

Los obispos se unieron a las iniciativas políticas presentadas en la cumbre climática de Lima para impulsar un nuevo acuerdo global. / Cortesía Conferencia Episcopal Peruana

El cambio climático no es el castigo de un dios enfurecido. En la Biblia, Noé supo que la lluvia devastadora le devolvería el equilibrio al planeta. Pero hoy los papeles se cambiaron y mundos que parecían tan distantes como el de la ciencia, el de la economía y el de la religión, se unieron por el clima durante la Cop 20 que se lleva a cabo en Lima.

Por primera vez obispos católicos de todos los continentes anunciaron que impulsarán la firma de un nuevo acuerdo climático global que se sellará en París en el 2015 y reemplazará al protocolo de Kioto.

El anuncio tiene precedentes globales. En el mundo, 1.2 billones de personas son católicas y la incidencia en las decisiones públicas que tiene la iglesia no es un tema menor. En cambio climático, por ejemplo, algunos obispos ya habían alertado sobre la desaceleración en el uso de las energías fósiles y respaldaban la idea de proteger a los más vulnerables. Esta vez reiteraron su mensaje en el paso urgente que las naciones deberán dar hacia las energías renovables e hicieron énfasis en su financiación para este cambio en la matriz energética mundial.

En el comunicado enviado, los obispos dicen que “la opción evangélica sigue a los pobres, trabajamos en estrecha colaboración con la mayoría de las comunidades vulnerables y los excluidos y sabemos que ellos están estrechamente en sintonía con el problema del cambio climático. Nuestro mensaje a los líderes políticos y los hombres de buena voluntad está enraizada en la experiencia y el sufrimiento de estas comunidades pobres.

Monseñor Salvador Piñeiro García-Calderón, arzobispo de Ayacucho y presidente de la Conferencia Peruana de Obispos, aseguró que “todos los obispos de África, Asia, América Latina y Europa se han aliado en un intenso diálogo en el problema del cambio climático porque podemos ver que las personas más pobres son las más impactadas, a pesar de que contribuyen muy poco en las causas de este fenómeno. Ellos son los que respetan el planeta, la tierra, el agua y los bosques. Como iglesia sentimos la obligación de proteger la creación y desafiar el mal uso de la naturaleza”.

Es, entonces, un desafío que demanda una acción de todos los niveles de la sociedad. En su discurso los religiosos resaltaron la importancia de que Lima sea un paso fundamental para París. “La profundización del discurso en la COP 20 en Lima debe asegurar que las decisiones concretas que se tomen en COP 21 superen el desafío del cambio climático para ponernos en nuevas vías sostenibles”.

Los obispos también advirtieron que las naciones deberán fijarse la meta de reducir sus emisiones, para que la Tierra no supere el calentamiento de 1.5 grados centígrados. Mientras muchos negociadores hablan de un umbral que no se exceda los 2 grados centígrados, la Iglesia es todavía más ambiciosa en sus afirmaciones.

Resaltaron que si se resuelve el reto climático con un nuevo tratado, será clave pensar las bases de un nuevo acuerdo económico.

Lo que quedó claro es que la opción para el cambio climático no será sólo rezar, sino actuar. Los gobiernos tendrán que arrodillarse hacia las demandas de muchos sectores si no queremos terminar en un arca, como la de Noé, que nos proteja de las catástrofes naturales. Lo han dicho los negociadores en las plenarias durante la COP: “estamos en un punto de no retorno”. Por eso, el comentario inocente sobre el clima es ahora un asunto que reúne a políticos, activistas y, hoy, a católicos, del mundo entero.

 

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