Las mejores prácticas ambientales

A través de trabajos comunitarios, educación ambiental y capacitación técnica, estas empresas, gremios y colegios han demostrado que es posible comprometerse con el medio ambiente.

El atlas de biodiversidad escrito en Pitalito

La Alcaldía de Pitalito (Huila) descifró una estrategia infalible para gestionar los recursos ambientales: que el conocimiento no viniera de personas externas a la comunidad, sino que lo tuvieran quienes viven en las veredas. Por esto, como parte del Plan de Desarrollo 2012-2015, convocó a 114 bachilleres para que fueran capacitados como tecnólogos en temas relacionados con el ambiente.

Durante 18 meses, personas de 136 veredas cursaron tecnologías en recursos naturales, control ambiental y producción agrícola y ecológica, para ser parte de Líderes Ambientales, una iniciativa que buscaba poner el conocimiento ambiental en manos de sus pobladores.

Sin embargo, según explica Dianny Marcela Albornoz, jefa de la Oficina de Ambiente y Gestión de Riesgo de la Alcaldía de Pitalito, lo más ventajoso del programa llegó una vez los Líderes Ambientales terminaron sus capacitaciones, pues pudieron aplicar su conocimiento en cada una de las veredas. “En conjunto se hicieron varios proyectos bajo esta iniciativa: los Líderes asesoraron la siembra de 200.000 guaduas, guiaron el proceso de separación de residuos sólidos desde la fuente y acompañaron a los cultivadores de café para que sus siembras tengan menos impacto sobre el medioambiente”, explica Albornoz. Además crearon un mapa ambiental de la biodiversidad del municipio, a escala local, para reconocer toda la biodiversidad en fauna, flora y ecosistemas que hay en la región.

De los 114 Líderes Ambientales formados en la primera etapa, cien recibieron una beca por el 50% para continuar sus estudios en la carrera de ingeniería ambiental que ofrece la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.

Andesco, un gremio con ADN verde

Las prácticas que realiza la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco) están marcadas por la pauta ambiental. La sostenibilidad es uno de los principales compromisos que marcan su ruta y se han encargado de promover, entre las 110 empresas afiliadas, acciones responsables por el medioambiente.

Por esto, en vez de suscribir un acuerdo ético, como el que tienen la mayoría de asociaciones, el suyo es un pacto por la sostenibilidad. “Hace dos años firmamos un documento que demanda el cuidado activo del agua y la protección de páramos y bosques, y nos comprometimos a trabajar con residuos sólidos y promover el reciclaje”, explica Mauricio López González, vicepresidente de Andesco.

Su cuota para generar empresas responsables está reflejada en su agenda: en el congreso anual que realizan, además de ser uno de los primeros con emisión de carbono cero, siempre discuten temas de sostenibilidad, hacen un seminario sobre servicios ambientales e impulsan, entre las empresas, mecanismos para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

“La impronta que tenemos en Andesco es ver el medioambiente como un estilo de vida. Es un ADN que viene desde nuestro presidente, Gustavo Galvis Hernández”, concluye López.

Aves y oso andino: en la ruta del colegio Rochester

Desde hace cinco años los estudiantes del colegio Rochester suben con frecuencia al páramo de Chingaza, pues gran parte de su currículo académico está atravesado por temas de conservación biológica y sostenibilidad. Sin embargo, hace un año, en uno de estos recorridos se encontraron con la Fundación Manantial de La Laja, que venía trabajando con proyectos ecosistémicos en su Reserva Natural de la Sociedad Civil, que hace parte de la zona de amortiguación de Chingaza: un territorio de 400 hectáreas donde se han identificado poblaciones de oso andino y venado.

Por esto, en alianza con la fundación, el Rochester decidió desarrollar un proyecto con el oso andino, para el cual han instalado cuatro cámaras trampa —dos del colegio y dos de la fundación— con el fin de hacerle seguimiento a una especie cercana a la extinción en la zona. “Usamos esta especie, no sólo para que los estudiantes la conserven, sino para que entiendan la importancia de estos ecosistemas en el mantenimiento del agua y otras especies que habitan en él”, explica Jorge Quintero, director ambiental del Rochester.

Además, como parte de una clase llamada biología de la conservación, los estudiantes hicieron un registro fotográfico de las aves que habitan en la sede del colegio, en el municipio de Chía. Un ejercicio que dio como resultado la Guía de aves del Rochester, donde se caracterizan 38 especies. “Antes de construir el colegio, en el Plan de Manejo Ambiental sólo se reportaron 15 especies. Esto quiere decir que nuestra infraestructura ha permitido que se cree un corredor biológico para que, incluso, aparezcan especies migratorias”, señala Quintero.

El colegio Rochester está categorizado como LEED Gold en Latinoamérica. Una certificación que da el Consejo de Construcción Verde de Estados Unidos a los edificios sostenibles y que, para el caso de los colegios, implica que las sedes se conviertan en “aulas vivas” donde los alumnos pueden aprender procesos biológicos, ambientales y de sostenibilidad.

Mapear los servicios ambientales en el Casanare

Una de las prioridades de la Reserva Natural La Palmita, Centro de Investigación, una organización no gubernamental localizada en el municipio de Trinidad (Casanare), ha sido empoderar a los pobladores desde su saber local. Por eso crearon un programa de Fortalecimiento Ambiental Comunitario, que primero se focalizó en este municipio y luego, con ayuda de la Gobernación de Casanare y el Instituto Humboldt, se extendió al departamento de Arauca.

Según explica Carolina Mora, directora del programa, el trabajo empezó en 2014 y tuvo dos etapas. La primera fue un trabajo de sensibilización ambiental con 250 personas y la segunda fue la formación de expertos locales de 66 veredas.

“Para lograr este proyecto hicimos talleres mensuales en 16 núcleos de trabajo repartidos alrededor del territorio. La idea era rescatar qué es el bienestar para los pobladores y cómo lo asocian a los recursos naturales”, aclara Mora.

De hecho, una de las etapas más importantes fue la metodología de mapeo tridimensional, una fase del taller liderada por la reserva en la cual se hicieron maquetas del territorio para que los participantes identificaran sus ríos o bosques y señalaran los principales lugares donde se cazaba, pescaba o extraía madera.

Además, como parte del programa de formación de expertos locales, 160 personas fueron capacitadas para ser investigadores del centro de investigación de la reserva. Se les enseñó cómo manejar cámaras trampa, a preparar los animales para las colecciones biológicas y, próximamente, algunos irán al Sena para formarse como guías turísticos.

La cruzada de la Veeduría Ambiental de Chinchiná

Cada ocho días, durante media hora, la Veeduría Ambiental de Chinchiná (Caldas) se toma una emisora local para hablar del medioambiente. Y allí, desde su trinchera, se ha encargado de dar una batalla para convocar a la comunidad y promover los proyectos que buscan sensibilizar y educar al respecto.

Uno de ellos es el Programa de Manejo Integral de Residuos Sólidos y Orgánicos en el que llevan trabajando un año. Esta iniciativa logró reunir el esfuerzo de los hogares para que separen la basura desde la fuente y formalizar el trabajo de los recuperadores ambientales —recicladores— a quienes se capacitó a nivel técnico.

“A través del programa de radio y en el parque municipal empezamos a enseñarle a la comunidad cómo separar lo orgánico de lo sólido”, explica Javier Alexánder López, veedor ambiental de Chinchiná. “Además, hemos involucrado a los recuperadores ambientales para que no los estigmaticen, porque con todo esto queremos reconstruir el tejido social”, agrega.

Aparte del manejo de residuos, la Veeduría Ambiental de Chinchiná viene trabajando en la recuperación de puntos críticos de la zona, el manejo del recurso hídrico, el avistamiento de aves en la reserva forestal Cameguadua y una campaña contra el maltrato animal, llamada “Amigo fiel”.

¡Por el rescate del río Bogotá!

Rescatar el río Bogotá es una de las misiones más grandes que se ha impuesto la ciudad. Por esto, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca se unió al grupo de entidades dispuestas a salvar este afluente y sus alrededores. Con su proyecto de adecuación hidráulica y recuperación ambiental del río, la CAR asumió dos responsabilidades: mejorar 68 kilómetros del río y sus alrededores para evitar inundaciones y optimizar la planta de tratamiento de aguas del Salitre para mejorar la calidad del agua.

Según explica Aníbal Acosta, director del proyecto Fondo para las Inversiones Ambientales de la Cuenca del Río Bogotá (FIAB), la primera parte ya está adelantada. Desde 2013 la CAR Cundinamarca ha ampliado la capacidad y el cauce del río, además de construir un parque lineal que va desde las compuertas de Alicachín hasta la desembocadura de Juan Amarillo en la calle 80. Es decir, 52,5 kilómetros de los 68 kilómetros propuestos ya han sido intervenidos.

Además, para cumplir con el segundo componente —mejorar la calidad del agua del río Bogotá— la CAR empezará a ampliar y optimizar la planta de tratamiento del Salitre, que recibe las aguas residuales del centro y el norte de la ciudad, es decir, las de tres millones de habitantes. “Hemos proyectado terminar este proyecto para 2019, con un presupuesto de US$480 millones. La capacidad de la planta pasará de 4 m³ por segundo a 7 m³ por segundo. Además de un tratamiento primario, donde sólo se retiran las basuras y los sólidos de suspensión, la planta pasará a uno secundario, que implica que el agua entre negra y salga limpia”, explica Acosta.

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Redacción Medio Ambiente

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