Estudio publicado en Journal of Applied Ecology

Recuperación de la selva amazónica tras extraer oro es de las más bajas, incluso años después

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Después de cuatro años, minas abandonadas de Guayana siguen sin recuperarse según un reciente estudio de la Universidad de Leeds que cuantificó, por primera vez, la regeneración tras la minería sobre estos bosques.

En el Escudo Guayanés, una franja amazónica que se extiende sobre Guyana, Surinam, la Guayana Francesa, Venezuela, algunos pedazos de Colombia y el norte de Brasil, se concentra el 90 % de la deforestación total de la selva más grande del planeta. Ese bosque, que puede llegar a contener casi 20 mil millones de tonelada de carbono, ha sido arrasado principalmente para la extracción de oro. Un nuevo estudio sostiene que la tasa de recuperación de esos ecosistemas, incluso después de tres o cuatro años de intervención, “está entre los más bajos jamás registrados para bosques tropicales”.

Esta investigación, publicada en la revista Journal of Applied Ecology, es la primera que cuantifica las consecuencias de la minería en terreno y estima las pérdidas de carbono para la tierra de sumidero. Para ello, científicos de la Universidad de Leeds, en cabeza de la doctora Michelle Kalamandeen, instalaron parcelas en minas abandonadas ubicadas en dos regiones mineras de Guyana. Por más de un año analizaron muestras de suelo, la biomasa de los árboles y su material vegetal vivo.

Tras determinar la recuperación y los cambios químicos que causó la minería, los autores concluyeron que la tasa de recuperación está entre la más baja jamás registrada para bosques tropicales, así hayan pasado hasta 3 o 4 años de la extracción. Además, “nuestros resultados muestran claramente que el proceso de extracción ha eliminado el nitrógeno del suelo, un componente crítico para la recuperación forestal, y en muchos casos ha contribuido directamente a la presencia de mercurio en los bosques y ríos vecinos. Los sitios mineros activos tenían en promedio 250 veces más concentraciones de mercurio que los sitios abandonados”, explicó Kalamandeen al portal Eureka.

En cuanto al carbono emitido por estos árboles, las estimaciones son desoladoras. Según los cálculos de los expertos, la minería de oro provoca la pérdida de más de 2 millones de toneladas de carbono forestal cada año en la selva amazónica. El problema es que no hay recuperación a través de la regeneración natural. Sin mencionar otros efectos ambientales como la contaminación de fuentes de agua, suelo, alimentos de los que dependen las comunidades indígenas.

Entre los resultados, hubo un hallazgo esperanzador. De acuerdo con los autores, los sitios de sobrecarga, es decir, la tierra que recibe la capa superior del suelo retirado para la extracción, se recuperan con más facilidad. “Se registraron tasas de recuperación similares a otros bosques tropicales secundarios de América Central y del Sur abandonados después de la agricultura o el pastoreo”, citó la misma web. No obstante, esta es solo una herramienta para sanar la Amazonia, donde hay más de 1.3 millones de kilómetros cuadrados bajo prospección para actividades mineras.

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