Moda lenta, la idea de los "millennials" contra las grandes marcas

La industria de la moda es la segunda más contaminante, después de la petrolera. Emprendimientos colombianos le apuestan a la producción y al consumo responsable.

Una moda amigable con el medio ambiente, responsable con sus productores y útil para sus consumidores, esto propone la "Slow fashion"Pixabay

Y usted, ¿qué lleva puesto? ¿Conoce realmente lo que hay detrás de sus prendas? Las dinámicas comerciales, el bombardeo publicitario y la creciente cultura del consumo ha permitido el nacimiento de la mencionada “Fast fashion” o moda rápida. Este fenómeno no solo prioriza la producción en serie y el bajo costo de la ropa, sino que también implica una moda desechable e irresponsable con el medio ambiente y con los derechos de su mano de obra.

El paradigma de la “Fast fashion” se reduce en comprar, usar y tirar, pues las colecciones están pensadas para volverse obsoletas en cuatro meses y sus textiles no son de la mejor calidad.

El precio de cumplir con este objetivo es grande. Según un informe de la Fundación Ellen MacCartney, la industria de la moda emite 21 veces más CO2 que la del transporte, contamina miles de ríos y cada segundo se quema el equivalente a un camión de basura lleno de ropa desechada, con prendas que, probablemente, no fueron usadas más de diez veces.

De no cambiar, esta industria sería la culpable del 26% del total de emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo para el 2050, de acuerdo con el informe El Pulso de la Moda. Por esta razón, ha surgido el término “Slow fashion”, moda lenta, como un grito de respuesta que busca tanto una industria más responsable, como también un consumo más consciente.

Esto último es el pilar de un verdadero cambio, pues es el consumidor quien, finalmente, genera un impacto con su decisión de compra. Portales como Ethical Fashion Show de Berlín, el índice de transparencia de Fashion Revolution, el directorio Moda Impacto Positivo y la aplicación Ethical Time son herramientas útiles para que compradores puedan buscar información y rastrear marcas con valores sostenibles. 

En Colombia existen cada vez más emprendimientos que le apuestan a una moda responsable, con estrategias que van desde la reutilización o el alquiler de las prendas y la fabricación de estas con textiles orgánicos hasta el encadenamiento y la generación de empleos inclusivos. Lea más: La bogotana que apuesta por la moda sostenible

Uno de ellos es LaPerezossa, una multimarca virtual que integra la industria textil colombiana, la asesoría de imagen y las herramientas de era digital, “algo así como un Pinterest con opción de compra”, afirma Natalia Ossa, una de las socias. Desde hace aproximadamente un año y medio, junto con Daniela Pérez y el resto de su equipo, LaPerezossa ha promovido pequeñas y medianas empresas colombianas que dialogan y se encuentran a través de las combinaciones de “outfits” que la plataforma ofrece.

Los diseños colombianos se encuentran a la vanguardia, utilizan tendencias mundiales y, en algunos casos, las mezclan con productos autóctonos que tienen como resultado prendas y accesorios únicos”, comenta Daniela.

Para ambas, “el cambio para minimizar la 'Fast fashion' empieza por concientizar a los compradores acerca de este tipo de industrias, en especial acerca de las condiciones laborales de las personas que se encargan de la producción, incentivando la compra de productos de mayor calidad, que se creen con buenas condiciones laborales y apoyando la industria colombiana”.

Como lo afirma Natalia, los consumidores deben hacer un balance entre “comprar a precios más económicos, con una baja calidad, y comprar a un precio un poco más alto, con prendas de mejor calidad fabricadas con ética y materiales locales”.

La compra de ropa de segunda mano es también una alternativa para proteger al medio ambiente y renovar el ciclo de vida de la moda. Visteloqueviste es una vitrina virtual en la que las personas exhiben ropa que ya no utilizan y compradores pueden encontrar tesoros “vintage” para su estilo. Le puede interesar: El verde es el nuevo negro, o cómo la industria de la moda podría ser sostenible

Visteloqueviste comenzó cuando Laura Ramírez entendió que lo que hacía con su tía podía ser útil para muchas otras personas, además de económico y ecológico. Entre ellas se prestaban prendas de sus armarios y las intercambiaban. “¿Sabes qué? Llévate esta blusa y este collar, ya no me los pongo tanto”, era una frase recurrente entre ellas, recuerda Laura. Básicamente, esa es la apuesta de su emprendimiento. 

Por esta razón, juntas crearon un portal en el que vender y comprar ropa usada es fácil y práctico. Con solo tres meses de funcionamiento, hoy cuentan con una amplia oferta de prendas que van desde vestidos y chaquetas que parecen salidas de una película ochentera, hasta ropa de bebé casi nueva que los pequeños dejan de utilizar rápidamente debido a su crecimiento. Por supuesto, cada producto de su catálogo está en perfectas condiciones de calidad y limpieza.

Lo usado no es pasado de moda. La moda tiene ciclos y por eso lo 'vintage' tiene un valor especial. Ahora todos los closets son iguales, la gente tiene la misma ropa de las grandes multinacionales, las mismas camisas y estampados. Hay que atreverse a ser diferente”, es la invitación de Laura.

Según Ramírez, tanto vender como comprar ropa usada es un buen negocio. “Usamos el 20% de nuestro closet con frecuencia y el 90% de nuestra ropa podría ser reutilizada. Además, con cada compra de una prenda de algodón de segunda mano se ahorran 2900 litros de agua y emisiones de CO2”.

BioVestuario se suma a estas propuestas desde los procesos de producción de sus diseños, reutilizando residuos aprovechables y materiales naturales "obtenidos a través de socios responsables, además rescatamos prendas en buen estado para ser transformadas en nuevas piezas", afirma su biomanifiesto publicado en su portal web. 

Nacido como un proyecto de los estudiantes paisas María Camila Flórez, Santiago López y Sophía Burgos, BioVestuario busca ofrecer ediciones limitadas de vestuario atemporal con un mínimo impacto socioambiental. "Entendemos el compromiso social que tenemos con la industria local, por eso somos creyentes de que todos los involucrados que trabajan duramente en la elaboración de nuestras prendas reciban una remuneración justa, con condiciones de trabajo dignas, con la libertad para expresarse y la oportunidad de progresar y vivir dignamente", cuenta López.

"A partir del momento en el que se plasma el diseño en el papel pensamos en que sea sostenible desde la obtención de la fibra, el proceso de confección y acabados, pero también que sea fiel al concepto de 'Slow fashion' o moda ética, que sea amigable con el medio ambiente y justo con las personas involucradas, desde el campesino que planta la semilla para obtener la fibra hasta que se convierte en un textil", confirma el estudiante. 

Como estas, actualmente están naciendo iniciativas jóvenes y funcionales que, desde diferentes perspectivas, aportan al cambio de modelo que implica la "Slow fashion": producciones y consumos con un mejor impacto social, ético, ambiental e incluso de calidad. La moda lenta está creciendo de forma no tan lenta como una alternativa sostenible y responsable contra una industria contaminante que insiste en ofrecer productos desechables y poco ecológicos. Y usted, ¿qué quiere llevar puesto?