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Mujeres amazonas: las guardianas de la biodiversidad

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Desde hace más de un año las indígenas de los resguardos Curare Los Ingleses y Manacaro en el bajo río Caquetá, realizan un censo semanal de las especies que pertenecen al territorio. Una labor históricamente destinada a los hombres.

El recorrido que la comunidad indígena de Manacaro realiza tres veces a la semana por el bajo río Caquetá, en el departamento del Amazonas, inicia a las ocho de la mañana. Son 12 kilómetros los que deben navegar en bote llevando siempre dos elementos principales: un lápiz y un papel. Todas las dantas, guacamayas, monos, tortugas y caimanes que se dejen ver dentro o fuera del agua son registradas en un cuadro que describe el tipo de especie, las coordenadas y la cantidad de individuos hallados. Esta tarea de salir a proteger e identificar los animales que habitan en la selva, realizada tradicionalmente por los hombres, encontró hace poco más de un año nuevas aliadas: las mujeres, quienes además de cumplir su rol histórico, ahora también son guardianas de la biodiversidad amazónica.

El objetivo principal de los vigías es observar. Una labor de la que dependen la protección y la supervivencia no solo de las especies de animales que habitan la selva, sino también de los indígenas en aislamiento que, desde la época de la esclavitud cauchera, a finales del siglo XIX, decidieron romper toda relación con la sociedad, incluidos sus vecinos. Cualquier canoa, huella humana, cazador o pescador que no pertenezca a la comunidad es notificada. Un trabajo que según los abuelos “es muy pesado, requiere de mucha fuerza y debe ser realizado por los hombres”, explica Lina Castro, especialista en educación ambiental de la organización Amazon Conservation Team (ACT).

Pero esto ha cambiado progresivamente, y sin planearlo, gracias al acompañamiento de la ACT en el proceso de reformar el Plan de Manejo Ambiental que inició en 2012 en el resguardo Curare Los Ingleses. La organización llegó con una idea clara de incluir a las mujeres en las reuniones y sacarlas del ambiente privado del cultivo, la cocina y la familia que han ocupado tradicionalmente. “Queríamos sacar las discusiones del mambedero donde tradicionalmente están solo los hombres. La articulación se dio de manera muy orgánica. Ellas se empezaron a involucrar en actividades como los recorridos”, agrega Daniel Aristizábal, coordinador del Programa de Pueblos Aislados y Baja Amazonia de la ACT.

Para 2014, en las metodologías de los talleres, capacitaciones y encuentros políticos, las mujeres ya podían expresar su opinión e incluso se atrevieron a asumir un rol cada vez más protagónico dentro de la prevención territorial. Tanto así, que incrementaron su participación en los turnos y recorridos de uno de los puestos de vigilancia más importantes por su riqueza en biodiversidad y su importancia espiritual: Puerto Caimán, un punto central que marca el límite de los pueblos en aislamiento, por lo cual es estratégico para evitar el ingreso de amenazas como madereros, pesca comercial, misioneros y personas ajenas al territorio.

Quienes se ofrezcan a ser vigías en Puerto Caimán deben irse a vivir un todo un mes a una cabaña en lo profundo del bosque, en donde tienen que cultivar, pescar y mantener rodeado el puesto de control. “Las mujeres que van por lo general dejan a alguien encargado de sus hijos y su casa. Ellas deben decidir entre las tareas tradicionales de la mujer y el irse un mes a aprender de las especies y hacer otra labor que consideran importante”, señala Camila González, del equipo de Baja Amazonia de la ACT.

El ecosistema de Puerto Caimán es uno de los más importantes para la reproducción de animales. Es un territorio salado donde dantas, puercos y venados visitan para ingerir minerales que en otros lugares de la selva no se encuentran. En el lago de esta zona se pueden ver fácilmente delfines rosados y es criadero de especies como el caimán negro, los peces arawana y pirarucú, el pez de escamas más grande de agua dulce del mundo. También es el hábitat de la nutria gigante y de la tortuga charapa en peligro crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de Colombia.

Al igual que en Curare, la participación de las mujeres en los recorridos de la comunidad vecina Manacaro también aumentó. Es así como las indígenas asumieron el 99 % de los recorridos entre 2017 y junio de 2020. Según Amazon Conservation Team, de los 408 recorridos de los últimos cuatro años, 404 han sido liderados por mujeres. El proceso entre los dos resguardos se inició estableciendo acuerdos de manejo y uso de los recursos naturales. Por eso los recorridos se hacen en un área total de 35 kilómetros de territorio. Curare vigila 23 kilómetros desde Puerto Caimán hasta la quebrada del Vildosa, y Manacaro patrulla 12 kilómetros desde esta quebrada hasta la bocana del río Bernard. Mensualmente las comunidades se reúnen, socializan lo observado y analizan en conjunto lo registrado para la toma de decisiones.

Un liderazgo natural

Con el tiempo, y gracias a las capacitaciones que las mujeres han recibido en técnicas de monitoreo y vigilancia como de cartografía y manejo de GPS, las bitácoras de los recorridos semanales se convirtieron en un análisis del comportamiento de las especies en el territorio. “Las mujeres intuitivamente empezaron a registrar cuántos animales habían visto y en qué coordenadas para comparar eso con los resultados del mes anterior. Fue propuesta de ellas, nosotros solo las apoyamos desde lo técnico”, añade Camila González.

Todos los registros de los recorridos de los resguardos de Curare y Manacaro se envían mensualmente a Amazon Conservation Team y Parques Nacionales. Ellos digitalizan los resultados y hacen el análisis de la frecuencia de las especies o las posibles amenazas que podrían afectarlas. “Para nosotros fue muy gratificante ver que desde que les enseñamos a hacer gráficos ahora el informe llega con esa información, y esto es importante porque ya no tienen que esperar el año para saber lo que está pasando en el territorio, sino que al hacer análisis mensuales pueden empezar a identificar qué está pasando con la biodiversidad”, agrega Lina Castro.

La apropiación del tema ha sido tal, que ahora son las mismas mujeres quienes piden a la organización defensora del Amazonas que les enseñe cosas que necesitan para cumplir mejor con sus recorridos. “Un día nos pidieron que hiciéramos un taller para aprender a manejar el peque (el motor) por si se quedaban varadas en medio del río. Algo que normalmente solo saben usar los hombres, que son los encargados tradicionales de la movilidad. Son cosas que solo ellas, que están en el territorio, ven la necesidad de aprender”, dice González.

Hoy, cuatro años después de la llegada de la ACT al acompañamiento del Plan de Manejo Ambiental, las mujeres han desarrollado mucha más confianza en sus instintos frente a aspectos en los que tradicionalmente no estaban involucradas. Tanto así, que a mediados de 2020 se motivaron a presentarse a una convocatoria de Mujeres Cuidadoras de la Amazonia, del programa de Visión Amazonia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. “La respuesta fue casi inmediata. Ellas ya no son tan tímidas. Les dimos el valor para entender que ellas podían escribir, ser responsables de dinero y perdieron el miedo para postularse a otros proyectos”, concluye Lina Castro.

Desde la concepción indígena, la mujer siempre ha sido fundamental para mantener un equilibrio dentro de la comunidad. Su papel de cuidadora, dadora de vida y responsable de la soberanía alimentaria, a través del manejo en los cultivos y la conservación de las semillas tradicionales, es indispensable para el gobierno indígena. Ahora, su participación voluntaria en procesos de protección del territorio e interacciones con agentes externos, como la ACT, ha sorprendido por su actitud propositiva. Hoy las amazonas están orgullosas de descubrir un rol más dentro de la selva que las vio nacer.

*Infoamazonia es una alianza periodística entre Amazon Conservation Team y El Espectador.

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